Bad Boys For Life | Cabalgamos juntos, sobrevivimos juntos

Difícil no hablar de Michael Bay cuando se hablar de Dos policías rebeldes. En 1995, el director californiano dio el primer paso de su explosiva carrera cinematográfica al dirigir esta película sobre dos detectives que no se ciñen a lo exigido por las normas. A pesar de que el guion no era del gusto de Bay, Dos policías rebeldes constituye la primera piedra del Templo del Bayhem, donde se apoya la carrera del cineasta y desde donde, también, se dispara hacia el estrellato la carrera de un joven y carismático Will Smith, que hasta aquel entonces seguía siendo exclusivamente el Príncipe de Bel Air.

Y si bien Dos policías rebeldes (Bad Boys, 1995) no era más que una reformulación de la trillada receta del género del buddy cop, es irrefutable que esta película dejó, gracias a la personalidad y visión de un director prometedor, una marca imborrable en el cine de acción de mediados de los 90. No es de extrañar, pues, que en 2003 se hiciera una secuela de esta cinta. Y puesta la continuación en manos de un Michael Bay decepcionado por el fracaso que resultó siendo Pearl Harbor (íd., 2001), uno tampoco puede sorprenderse al ver en la segunda parte a un Bay que ya deja asomar ese irreparable desdén por lo heroico, lo ético y lo mora. Dos policías rebeldes II (Bad Boys II, 2003) era, pues, el legado de un Bay diferente, o, mejor dicho, de un Bay que sin remordimientos abrazaba el estilo por el que lo conocemos ahora.

Siguiendo esa misma línea, cabe preguntarse cuán diferente puede ser la tercera entrega de una trilogía que nadie se esperaba y nadie había pedido cuando ya no está en manos de quien la hizo lo que es. Bad Boys For Life (íd., 2020) es la continuación, casi 20 años después, de la historia de los detectives Mike Lowrey y Marcus Burnett, que vuelven a ser interpretados por Will Smith y Martin Lawrence, respectivamente. En esta ocasión, con Adil El Arbi y Bilall Fallah compartiendo rol en la dirección de este proyecto cinematográfico, la saga de Bad Boys tiene la oportunidad de llegar a las nuevas generaciones. Lo que estoy seguro debe ser desconcertante, ya que el cine de acción ha ido cambiando sus referentes y donde estuvieran los policías rebeldes de antaño ahora se encuentran personajes como John Wick o el Dominic Toretto de la incombustible franquicia de A todo gas. ¿Qué queda por explorar en la historia de estos personajes que en los 2000 ya demostraban estar muy anclados en los 90?

La película empieza con una innecesaria persecución que nunca más vemos referenciada: nuestros protagonistas están yendo de camino al hospital, conduciendo a toda marcha, en un Porsche filmado con afán casi pornográfico. La hija de Marcus acaba de tener un hijo, y él, ahora convertido en abuelo, reevalúa lo que le queda por vivir. “Tenemos más tiempo detrás de nosotros que el que tenemos por delante”, le dice a un pasmado Mike Lowrey, que no entiende que su compañero esté insinuando que dejar una vida de violencia para retirarse a pasar más tiempo con su familia es siquiera una posibilidad para quienes se prometieron ser compañeros hasta la muerte. Y es aquí de donde parte uno de los conflictos más fascinantes de una película como esta (y que, sinceramente, llega como una grata sorpresa): no tenemos suficientes oportunidades para tener una segunda oportunidad, así que es mejor que hagamos las paces con el pasado y, como dicen los ingleses, enterrar el hacha.

No esperaba encontrar en Bad Boys For Life una reflexión (truncada, todo hay que decirlo, e incluso contradictoria) sobre cerrar capítulos de nuestro pasado para poder encontrar tranquilidad y, con algo más de suerte, felicidad. Y lo que no esperaba encontrar tampoco era a este dúo de detectives conscientes (uno más que otro, por supuesto) de que las cosas ya no pueden hacerse como se solían hacer en su día, conscientes de que, al menos que ellos mismos cambien, no encajarán con las formas y el hacer contemporáneo. Esto no solo da lugar a los mejores aspectos dramáticos de la película, sino también a los mejores aspectos cómicos de la misma. Y creo que el espectador tampoco notará en un principio estas ideas tan buenas, porque están enterradas bajo un guion mediocre que, ante todo lo nuevo que puede ofrecer, solo apuesta por el exotismo del culebrón mexicano, de la telenovela y la caricatura.

Will Smith y Martin Lawrence en Bad Boys For Life

Porque si hay una cosa que puede resumir a Bad Boys For Life con acierto, creo que es que es una buddy cop telenovelesca, para lo bueno y para lo malo. Y como casi toda telenovela, el final siempre guarda un mensaje optimista y esperanzador. Esto es lo que hace comprensible que, aparte de un cameo de unos cuantos segundos, Michael Bay no haya querido tener nada que ver con el proyecto. Qué de esperanzadora tiene la obra de alguien que se ha pasado los últimos años de su carrera tratando a sus personajes (todos corruptos de alguna forma) con total desdén. En Bad Boys For Life solo hay desdén por el mal, ni siquiera por los villanos, sino por el mal en esencia, la violencia. Y nada encaja mejor en esa categoría como una bruja desalmada que busca venganza sin dar explicaciones, encarnada a la perfección por una Kate del Castillo fenomenal.

Pero así como la bruja interpretada por la actriz mexicana es uno de los grandes aciertos de la cinta, uno no puede evitar preguntarse si no se pudo poner el mismo empeño en destacar también a personajes a los que se trata con cierta indiferencia en pos de poner el foco en una trama que tiene que avanzar a toda costa, sin importar lo endeble que fuere. Y ese lugar lo ocupa todo el equipo de AMMO, la unidad del departamento de policía que ha encontrado formas más eficientes y menos violentas de luchar contra el crimen organizado (trabajo de inteligencia, vigilancia y ataques no letales). Destacando, claramente, de entre ese equipo a la jefa de operaciones, Rita, una Paola Nuñez  de presencia abrumadora, a la que espero se pueda seguir viendo más en producciones de Hollywood.

Entretenida y poco recompensante, Bad Boys For Life es, al final, un paso muy pequeño hacia adelante por parte de sus guionistas y directores. Entretenida hoy y olvidable mañana. Porque si algo podría asegurar que la promesa de una secuela más no es suficiente. A pesar de haber disfrutado de esta cinta, signo sin tener claro qué es lo que hace a Bad Boys For Life una apuesta distinta. En las películas de Michael Bay, a menudo, el sol está siempre a punto de ocultarse. Un atardecer permanente. Y es especialmente difícil no extrañar esa atmósfera y virtuosismo visual tras ver cómo en el culmen de la trilogía Bad Boys, a manos de Adil El Arbi y Bilall Fallah, no brilla nada, incluso estando en plena luz del día.

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