Los Goya 2016: La falta de respeto

A medida que avanzaba la gala, no paraba de venirme a la cabeza la frase que desde siempre ha ido relacionada con los Goya: La fiesta del cine español. Por eso, mientras veía trucos de magia que no venían a cuento, hombres vestidos con mallas negras dando más pena que miedo y un trato insultante a intérpretes extranjeros como Tim Robbins o Juliette Binoche, me pregunté si de verdad esto era una fiesta y no un simulacro de lo que jamás, nunca, se debería hacer en una ceremonia de premios.

Quiero empezar repasando la lista de ganadores, para tener posteriormente espacio y tranquilidad para reflexionar sobre lo que pasó anoche. La gran vencedora de esta edición fue Truman, que ganó cinco de las seis categorías en las que estaba presente: Mejor Actor de Reparto (Javier Cámara), Mejor Actor Protagonista (Ricardo Darín), Mejor Guión Original (Cesc Gay y Tomás Aragay), Mejor Dirección (Cesc Gay) y, finalmente el premio gordo, Mejor Película. Se esperaba que fuera La novia la  que arrasara, llevándose únicamente el premio a Mejor Actriz de Reparto (Luisa Gavasa) y Mejor Dirección de Fotografía (Miguel Ángel Amoedo). Personalmente me quedo antes con el filme de Paula Ortiz que con el de Cesc Gay, pero no me molesta en exceso la victoria de Truman; ambas son películas más que recomendables.

Daniel Guzmán subió a por su Goya por Mejor Dirección Novel gracias a su A cambio de nada, que también se llevó el premio a Mejor Actor Revelación para Miguel Herrán; el de Mejor Actriz Revelación fue para Irene Escolar por su interpretación en Un otoño sin Berlín. Las sorpresas de la noche fueron el Goya a Mejor Guión Adaptado para Fernando León de Aranoa por Un día perfecto, y es que se esperaba que fuera un reconocimiento a La novia por adaptar Bodas de sangre; y, sobre todo, la victoria de Natalia de Molina por Techo y comida, que competía contra Juliette Binoche, Inma Cuesta y Penélope Cruz. Ni ella misma parecía creérselo. Por otro lado hubo premios técnicos a películas como El desconocido o Anacleto, agente secreto, y el premio a la Mejor Película de Animación fue para Atrapa la bandera. En el plano internacional se reconoció a El clan como Mejor Película Iberoamericana y a Mustang como Mejor Película Europea. El Goya de Honor fue para Mariano Ozores.

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No quiero detenerme más en hacer un resumen de los premiados, pues a estas alturas ya serán más que conocidos y hay otras páginas con listas útiles para esta enmienda, así que hablemos de lo que fue la gala. Primero, que Dani Rovira fuera a presentarla otra vez me hacía estar con la mosca detrás de la oreja; ¿Otra vez este tipo? ¿No tenemos otros cómicos con más capacidad para llevar el espéctaculo hacia adelante? Su labor el año pasado no me horrorizó, la verdad, pero el hecho de pensar que tenía que aguantar otro año a un señor que se cree más gracioso de lo que realmente es me echaba para atrás. Y aun así, esperando poco de la parafernalia, creo que no estaba preparado para lo que finalmente fue la gala.

Tildarla de desastrosa sería definirla con amabilidad, y no estoy aquí para eso. No después del dolor de cabeza que tenía a la una y pico de la mañana, cuando tal bochornoso espectáculo se dignó a bajar el telón. Hay dos elementos fundamentales que tienes que tener en cuenta de cara a planificar e idear una ceremonia de premios: el ritmo y la coherencia. Estos Goya no es que fracasaran en ambos objetivos, es que se superaban cada minutos con un “quién da más” de pura vergüenza ajena. Primero, empezar con un número musical de ese nivel es poner el listón bastante bajo, y si encima parodias lo que hizo Neil Patrick Harris en los Tony de hace unos años y lo haces así… mejor no lo hagas. No te pongas en ridículo tú mismo. Segundo, la estructura de la gala fue horrible, propiciando que los bostezos se apoderaran de un servidor, y encima no supieron adaptarse al —previsible— alargamiento del percal. ¿Qué hicieron? En vez de recortar tonterías del presentador y numeritos que no venían a cuento (la actuación de Serrat o ese homenaje random a Luis Buñuel al final), subieron la música a algunos ganadores a mitad de sus discursos para que se largaran. Fue tan demencial que hasta Ricardo Darín lo criticó en el estrado cuando subió a recoger su premio.

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Otro factor que me dio ganas de coger y largarme (no lo hice por tener que escribir estas líneas y porque los memes valen la pena) fue el descarado insulto a Juliette Binoche y Tim Robbins, en su mismísima cara. Dani Rovira se dirigió a ellos en sus respectivos idiomas, vale, bien; y de repente, porque claro, tiene que ser muy gracioso y tal, se puso prácticamente a vacilarlos mientras el resto de asistentes se reían por las ocurrencias del presentador y tanto Binoche como Robbins no entendían qué estaba pasando, si se reían de ellos o qué. Bochornoso. Como también lo fue que Antonio Resines, presidente de la Academia de cine, volviera a atacar a la piratería y reconociera a los videoclubs que todavía siguen abiertos en nuestro país. Repito: los videoclubs. 2016. No puede ser que el máximo representante de la Academia de nuestro cine viva tan anclado en un pasado que superamos desde hace ya tiempo. Bastante representativo de cuál es el pensamiento de esos dinosaurios.

Fue un mal sueño. Un “esto no puede estar pasando” continuo. Probablemente la peor ceremonia de premios que he visto desde que llevo siguiendo este tipo de circos. Creo que el siguiente tweet de Javier Ocaña resume bastante bien lo que la mayoría sentimos ayer:

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