Oscars 2016: La noche de DiCaprio

Los Oscar son una fiesta, y siempre que se pueda hay que vivirlos con gente. Los premios más importantes del cine estadounidense (y del mundo, en repercusión) hay que tomárselo de la manera adecuada, es decir, no muy en serio, pero disfrutando de lo que suponen. Seguir la Carrera, para éste que escribe y para tantos otros, supone hablar de películas, directores, actores o actrices más que hablar de quién ha ganado; algo que, obvio, también importa, pero que resulta casi una excusa para entablar conversaciones sobre cine. Los Oscar son un circo maravilloso que disfruto como el que más, y la ceremonia de este año acertó en sus principales objetivos.

Como a estas alturas todo hijo de vecino conoce los ganadores de los Oscar 2016, y como hay páginas que tienen la lista tal cual a disposición de cualquiera, he decidido centrarme en cuatro apartados con tal de canalizar mi opinión hacia ese campo y no irme por las ramas: hablar del presentador (y la gala en general), las categorías interpretativas, la de Mejor Director y finalmente el gran galardón de Mejor Película. Vayamos por partes.

La gala estuvo bien, sobre todo por el ritmo. Aunque resulta casi imposible completar una ceremonia de este tipo, de más de tres horas, que sea entretenida de principio a fin, este año nos hemos topado con que se han metido prisa y los premios circulaban en la pantalla con gran rapidez. Hubo bajones, por supuesto, y más de un momento que daba más vergüenza que otra cosa, pero el resultado general fue decente y efectivo. Como también lo fue, al menos al inicio, el cómico Chris Rock que se encargó de presentar la gala con un buen monólogo de arranque. El problema fue que a partir de ahí su papel fue anecdótico o, lo que es peor, molesto; hubo un par de gags que no iban a ningún lado, y tampoco es que nos encontráramos con un momento memorable gracias al presentador más allá del principio.

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Quizá queríamos ver las categorías interpretativas más abiertas de lo que realmente estaban, pero el caso es que finalmente se llevaron el Oscar los favoritos: Brie Larson por La habitación, Leonardo DiCaprio por El renacido, Alicia Vikander por La chica danesa y Mark Rylance por El puente de los espías. Lo más destacable, no ya de esta sección sino de la gala en general, es que DiCaprio por fin ganó la estatuilla dorada después de cuatro derrotas. Y bueno, me gusta mucho más en El lobo de Wall Street o incluso en El aviador, pero no había duda de que este era su año, era su noche, y ni Michael Fassbender por Steve Jobs ni Bryan Cranston por Trumbo, que para mí están mejor en sus respectivos filmes, se lo iban a arrebatar. Como parecía que sí se lo iba a arrebatar a Rylance un Sylvester Stallone que tenía posibilidades hasta el último segundo, aunque finalmente la lógica se impuso; no está mal Stallone en Creed, y de hecho puede que sea su mejor interpretación jamás, pero al ponerle al lado de Tom Hardy o del ganador, Rylance, se le notan las costuras.

Antes de cerrar el tema de los actores comentar algo relacionado con las ganadoras, Brie Larson y Alicia Vikander, y es que me da algo de rabia algo ya característico de los Oscar como es el premiar a alguien que ha irrumpido de forma contundente en Hollywood, o que lleva tiempo trabajando pero que este es “su año”. Era el año de Vikander, sin duda, y desde septiembre parecía que nadie podía bajar a Larson de la posición de favorita, por mucha Cate Blanchett o Saoirse Ronan que hubiera. Me da rabia, por gustos personales, que no lo ganara Rooney Mara por su interpretación en Carol, que además era su segunda nominación por la primera de Vikander, pero bueno, que la sueca está muy bien en (y es lo mejor de) su película es cierto.

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En la categoría de Mejor Director se hizo historia con la victoria por segundo año consecutivo de Alejandro González Iñárritu, que ya lo ganara por Birdman y ahora lo consigue por El renacido; solo John Ford y Joseph L. Mankiewicz habían conseguido esta hazaña en toda la historia de los Oscar. El trabajo del mexicano es destacable (aunque apoyado como nunca en la fotografía, de la que fue responsable otro que hizo historia, Lubezki, con sus tres Oscar consecutivos), pero en mi opinión bastante inferior a la labor de George Miller en su Mad Max: Furia en la carretera, o a la de un director que ni siquiera fue nominado como es Todd Haynes por Carol. Habrá que esperarse a la siguiente cinta de Iñárritu para descubrir si Hollywood ha creado a un monstruo.

Y para concluir, en Mejor Película tuvimos a Spotlight, que llegaba en el grupo de favoritas para ganar este Oscar (junto a El renacido y La gran apuesta), por mucho que la prensa poco conocedora de la Carrera se sorprenda, y se lo acabó llevando junto al de Mejor Guión Original. Un servidor prefería, y de lejos, Mad Max: Furia en la carretera, o incluso La habitación, pero Spotlight es una buena película, una aceptable ganadora, en un año en el que personalmente considero que las nominadas eran de un nivel bastante inferior a la de otras ocasiones. Despedimos así otra edición de los Oscar, llena de alegrías, desilusiones y algún que otro bostezo, y calentamos motores de cara a la siguiente. Realmente todavía no, pero a partir de septiembre volveremos a estar a tope con este espectáculo.

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