Réquiem a Jóhann Jóhannsson

En lo que llevamos de 2018 ha habido en concreto dos fallecimientos relacionados con lo audiovisual que me han dejado tocado. El más reciente ha sido el de Isao Takahata, cofundador del Estudio Ghibli y el que probablemente sea mi realizador favorito en esto de la animación (de la japonesa al menos sin duda). Su muerte a los ochenta y dos años no sorprende a nadie, aunque eso no quita que duela que una persona por la que sientes tanta admiración y tanto apego por su obra se vaya para siempre. Por otro lado, ya sabíamos que se había retirado del cine tras estrenar en 2013 la que considero como su magnus opum: El cuento de la princesa Kaguya, por lo que sabemos que su (corta, si me preguntáis a mí) obra estaba ya más que terminada desde hace unos años. Una carrera que no ha parado de innovar en el campo de la animación a cada película nueva que afrontaba y que empleaba cada técnica para ayudar la narración de una forma como en pocos he visto nunca. Ejemplos de ello son filmes tan hermosos como Recuerdos del ayer y La tumba de las luciérnagas, e historias llenas de corazón y sentido del humor como Mis vecinos los Yamada y Pompoko.

Con el segundo fallecido pasa un poco el caso contrario que con Takahata, ya que nos pilló a todos por sorpresa (por la edad, claro); y personalmente me impactó una barbaridad. A diferencia de lo que comentaba del director nipón, a esta persona aún le quedaban años por desarrollar su prometedora carrera. Esta persona no es otra que el compositor islandés Jóhann Jóhannsson, que falleció el pasado mes de febrero con cuarenta y ocho años. La primera vez que supe de su existencia fue hace cinco años, justamente el mismo año en el que Takahata estrenaba la que sería su última película. Recuerdo muy bien cuando fue porque fue el mismo día en el que descubrí el talento de un director canadiense del que no había oído hablar nunca: Denis Villeneuve. Y ahí me encontraba yo, asimilando el final de Prisioneros mientras veía pasar los créditos (acompañados, evidentemente, de la música de Jóhannsson) fijándome en aquellos dos nombres que llamaron enormemente mi atención: el del director y el del compositor.

Villeneuve a día de hoy es uno de los nombres más importantes de los que se han colocado en Holllywood últimamente (con películas del calibre de SicarioLa llegada o la más reciente Blade Runner 2049). Su relación profesional con Jóhannsson creo, fue crucial para el islandés, con el que desarrolló algunas de sus composiciones más experimentales para largometrajes. Su trabajo en Sicario fue laureado hasta por sus compañeros de profesión quienes le recompensaron con una nominación al Oscar a la mejor banda sonora. Sin embargo, la banda sonora de La llegadaque a mi juicio es su cenit como compositor experimental, no corrió la misma suerte al ser desclasificada por la academia según sus reglas “por quedar diluido el material original debido al uso de música preexistente” en referencia al peso que tenía en la propia película el tema ‘On the Nature of Daylight’ de su coetáneo Max Richter (la otra gran promesa de su generación). La última colaboración entre Jóhannsson y Villeneuve debería haber sido Blade Runner 2049, de hecho, hasta donde tengo entendido se compuso toda una banda sonora para la película pero al final se desechó por el trabajo de Benjamin Wallfisch y Hans Zimmer que ahora escuchamos en dicha cinta. El mismo año de la secuela de la obra de culto de Ridley Scott, Jóhansson tenía otro interesante proyecto que finalmente también se eliminó por completo del montaje final (esta vez por decisión del propio compositor, al creer que la película funcionaba mejor sin música alguna). Esta era su primera colaboración con Darren Aronofsky para musicalizar el último delirio del cineasta neoyorkino, su película Madre!. Espero que algún día podamos escuchar ambas bandas sonoras, sería todo un regalo.

Ahora tenemos que retroceder un poco en el tiempo, en concreto al año 2014, donde tras Prisioneros mi sorpresa es mayúscula al descubrir que Jóhannsson es el encargado de la banda sonora de una película que está en la carrera por el Oscar: La teoría del todo. No sólo eso sino que de entre las cinco nominaciones que obtiene la película, una de ellas es para él, su primera nominación al Oscar (e incluso llegó a ganar el Globo de Oro por ella). De la banda sonora per se ya hablé en su momento aquí en La Pantalla Invisible cuando la coroné como la mejor banda sonora de su año en un top 10 que hice. Y es que me sigue pareciendo preciosa y emotiva, una de las pocas bandas sonoras que me conozco de cabo a rabo. Puedo tararear cualquiera de sus piezas sin problema, con esta me aprendí muy bien el nombre del islandés y estuve desde entonces muy pendiente de su carrera. Jóhannsson sin embargo no llegó ahí de la nada. Ya desde principios de los 2000 empezó a trabajar creando la música para algunas películas y cortometrajes islandeses mientras que paralelamente sacaba de vez en cuando álbumes en solitario, en trabajos más personales (de esta etapa recomendaría Dis y Fordlandia, que en cierto sentido engloban toda su obra posterior), hasta que en 2009 le llamaron para hacer la banda sonora de Personal Effects, un drama estadounidense protagonizado por Michelle Pfeiffer. De ahí ya no pararía, musicalizando obras de cinematografías diversas como la mexicana, la danesa, la china y la británica. Hasta que en su camino se encontró con la Prisioneros de Villenueve, y el resto ya os lo sabéis. Eso sí, a pesar de estar más ocupado en la música de cine en estos años, no dejó de trabajar en sus álbumes personales, entre las más actuales recomiendo sin ninguna duda Orphée.

Así llegamos ya a este fatídico 2018 para los seguidores de Jóhannsson, sabiendo ya que no vamos a poder disfrutar de nueva música compuesta por este genio. Seguramente su gran obra aún estaba por componer, pero desgraciadamente nunca lo sabremos y mucho menos podremos escucharla. Al menos aún tenemos la certeza de que nos quedan algunos de sus trabajos póstumos como esa remasterización de su álbum debut, Englabörn acompañado de nuevas piezas y remixes. Así como de sus últimos trabajos en la industria cinematográfica como María Magdalena de Garth Davis, Mandy de Panos Cosmatos y su segunda colaboración con James Marsh (el director de La teoría del todo) en The Mercy, aún sin estrenar en España. Para concluir, terminar diciendo que necesitaba escribir un artículo homenajeándolo y qué placer poder hacerlo mientras suena su música en mis auriculares. Descansa en paz.

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