Reseña | The Leftovers: Don’t Be Ridiculous (3×02)

Todas las reseñas de la temporada tendrán SPOILERS, tanto de la serie en general como del capítulo en cuestión.

Comentaba en la anterior reseña que las dos grandes incógnitas en lo relativo a personajes en este inicio de temporada eran las ausencias de Erika y Lily, y no mentiré si digo que me sorprende que sean dos dudas que nos hayan resuelto directamente en el capítulo siguiente, en este Don’t be ridiculous. Pero estamos en una serie de Damon Lindelof y ya sabemos cómo va esto. Si dos preguntas se contestan, mil se abren. 

Ha resultado que lo de Erika ha sido más o menos lo que se podía intuir desde un primer momento. Simplemente se separó de John, que es algo que ya tenía intención de hacer antes de todo el asunto de Evie tal y como le contó a Nora en aquella genial conversación de la segunda temporada que nos dejó uno de los duelos interpretativos más intensos que se recuerdan en televisión. Curiosamente ahora, tres años después, parece que la relación ha florecido y Erika y Nora son dos buenas amigas, quizás la única que realmente tenga esta última. La conversación que mantienen en esta ocasión (de un tono radicalmente opuesto a la de la mencionada) vuelve a ser uno de los puntos álgido del capítulo, se nota cuando estamos delante de dos actrices como la copa de un pino. Por otro lado, lo de Lily se me planteaba como un misterio más borroso de intentar adivinar, pero creo que lo han resuelto de la forma más sensata que podían elegir. Christine (la madre biológica de Lily que Tommy estuvo cuidando a lo largo de la primera hornada de capítulos de la serie) apareció en algún momento después de lo que pasó en Jarden y pidió la custodia de la niña a la que había abandonado. Como Nora no se opuso, Christine se la pudo llevar. Aunque dudo mucho que tanto Lily como Erika vayan a tener una relevancia especial en el devenir último de la serie, está bien que hayan aclarado su paradero.

The Leftovers tiene cierta fama de ser una serie que exige mucho al espectador emocionalmente hablando. Y por los temas de los que habla, y por cómo los trata, estoy de acuerdo en decir que es una de las obras audiovisuales más puramente dramáticas que he podido ver, un capítulo de The Leftovers te pide un cierto reposo para recomponerte de tantos sentimientos. Aún con todo esto, dentro de este universo dramático la serie consigue encajar un humor muy particular que personalmente disfruto mucho. Ya sabíamos desde hace bastante que Lindelof (co-creador y showrunner de la serie) es un poco guasón y que le gusta aderezar sus obras con cierto sentido del humor. Y la verdad es que me alegro que un capítulo como el de esta semana, que se centra en Nora —quizás el personaje más sobrecogedor de toda la serie—, haya servido para tener unos cuantos alivios cómicos que han hecho más llevadero tanto drama. En primera instancia tenemos ese intento de troleo de parte de Lindelof en forma de cabecera y sí, es algo decepcionante que no la hayan cambiado completamente (puede que nos hubieran malacostumbrado, al fin y al cabo en el resto de series no se suele cambiar las cabeceras de una temporada a otra), pero menuda risa con el cambio de canción. Y no es un cambio al azar, es la canción de la cabecera de Perfect Strangers (Primos lejanos en España), que conecta con la aparición del verdadero Mark Linn-Baker más adelante en el capítulo, desarrollando de esta forma un chiste que había de fondo en la primera temporada; bravo ahí.

Los arranques de Nora con su característico humor también se han disfrutado, sobre todo los relacionados con El libro de Kevin. Pero si hay algo que se va a quedar ya como uno de los momentazos que nos ha dado la serie es esa secuencia en la cama elástica con Erika y Nora saltando al ritmo del Protect Ya Neck de los Wu-Tang Clan, algo que jamás hubiera llegado ni siquiera a imaginar en mis mejores sueños que vería algún día. Y como dato curioso, en la créditos iniciales de la cabecera Lindelof y Perrota se han puesto nombres a lo Wu-Tang: Tha Lonely Donkey Kong y Specialist Contagious; muy fan de esto. Imagino que en algunos de estos últimos capítulos que quedan me brindarán otra oportunidad para hablar de la excelente selección musical de la serie, que me quedan muchas cosas por contar y no quiero alargar tanto el artículo. Pero creedme si os digo que el uso narrativo de la música en The Leftovers y el buen gusto en general a la hora de elegirlas dan para un artículo entero hablando solo de eso. Me lo apunto para reseñas futuras.

Carrie Coon. ¿Qué decir de ella? Para empezar, que se habla muy poco de la que es para mí (y para la mayoría que vemos la serie) uno de los mayores talentos interpretativos que ha surgido en los últimos años, y se merece triunfar por todo lo alto. Lo llevamos diciendo desde la primera temporada, pero es que ya solo con lo que hace Coon en este capítulo está para ir directamente a recoger el Emmy, el Globo de Oro y cualquier premio que se le plante por delante. A ver si con algo de suerte este año la gente se ve la serie y al menos la nominan. Dejemos una cosa clara, Nora Durst Garvey es un personajazo. Un personaje roto por dentro en mil pedazos con el que empatizamos, sufrimos, reímos y al que en definitiva más cariño profesamos. Prueba de ello son las distintas conversaciones que va teniendo a lo algo de este capítulo: con Erika, con Tommy, con Kevin (al que pilla con su nuevo hobby: asfixiándose con una bolsa) o el breve encuentro con Lily. A esto le añades la trama de la supuesta desaparición/ascenso del hombre que vivía en lo alto de la torre y la de una llamada que dice tener la clave para ver a sus hijos de nuevo y tenemos una buena dosis de la Nora que más nos gusta. Aparte, hay dos cosas que me han llamado la atención de este capítulo relacionado con Nora. Una de ellas es el hecho de que parezca que la mayoría de los aparatos electrónicos no funcionen en su presencia. ¿Tendrá esto algo de fundamento para la teoría de que ella era un catalizador de energía que hizo que su familia ascendiera o será una treta de Lindelof y compañía para que le demos más vueltas de las que tiene y realmente sean puras casualidades? Dudo que lo sepamos en algún momento. El otro detalle, más que llamarme la atención me ha parecido curioso: hay un momento, cuando Nora está en su habitación de hotel (¿soy el único que no ve un hotel de la misma manera tras lo vivido en la temporada pasada?), en el que está fumando mientras viste una bata blanca, ¿os suena a algo?

Toda la historia que cuenta Mark Linn-Baker sobre ese centenar de personas que han “cruzado” a donde sea que fuera ese 2% que desapareció el 14 de octubre gracias a una máquina o algo así es tan inquietante y esperanzadora que todo apunta a que es una estafa más. Pero Nora, en el fondo, se agarra a lo que sea con tal de volver a estar con sus niños. Imagino que esta trama se irá desarrollando en futuros capítulos, veremos a dónde nos lleva. De momento, los Garvey han decidido ir a Australia. Pero antes vamos nosotros, como espectadores, para ver qué se cuece por el país de los canguros. En los últimos casi diez minutos de capítulo seguimos a Kevin (no “nuestro” Kevin, otro), un jefe de policía de un pueblo australiano que se acaba encontrado con cuatro señoras montadas a caballo que creen que él es Kevin (ahora sí, el nuestro), el inmortal. Por lo que se intuye, estas mujeres saben de las vivencias de nuestro Garvey favorito, por lo tanto han tenido acceso de alguna forma al libro que escribió Matt (¿puede que Michael esté enviándolo desde su ordenador?). El quid de la cuestión es que para probar que era el Kevin verdadero, el presunto mesías, lo intentan matar para ver si revive, y evidentemente, muere. El capítulo acaba con el padre de Kevin (que se mudó la temporada pasada allí) pillándolas en el acto y preguntando que qué hacen. Y ojo, porque él también se llama Kevin y fue un jefe de policía. Veremos a dónde lleva todo esto pero pinta la mar de interesante. Yo no sé vosotros, pero yo me quedaba en Jarden.

Sé que dije que iba a intentar escribir menos para las reseñas, pero no lo puedo remediar. Vivo con mucha intensidad y emoción cada capítulo y siempre hay mucho de lo que hablar. Así que seguiré escribiendo lo que me salga, no voy a medir mis palabras. Para terminar me gustaría terminar felicitando el trabajo de Keith Gordon como director del capítulo (que ya dirigió el fantástico episodio centrado en Matt de la primera temporada o Loplop, el capítulo de la cabaña de la segunda temporada de Fargo), que si bien no tiene ni el poderío ni la imaginería visual de Mimi Leder (la directora habitual de la serie, que dirigió el anterior capítulo y dirigirá el siguiente), me parece un director competente y que se mantiene en la línea de lo que nos tiene acostumbrado la serie, sin desmerecer a ese reparto que tan bien está siempre. Hasta la semana que viene.

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