Reseña | The Leftovers: The Book Of Kevin (3×01)

Todas las reseñas de la temporada tendrán SPOILERS, tanto de la serie en general como del capítulo en cuestión.

Hay veces que no se entienden según que fenómenos. Una secuencia de decisiones, casualidades y el estar en el momento y el sitio adecuado son los factores decisivos que influyen para que algo acabe sucediendo de una forma u otra. En el caso de The Leftovers todos estos factores han hecho la serie que es hoy día, en lo bueno y en lo malo. Tom Perrota escribió la novela en la que luego se basaría la primera temporada. Damon Lindelof la llevó hasta HBO, que aceptó el proyecto. Eligieron a los actores que hemos acabado viendo en pantalla, y no a otros. E hicieron lo mismo con todo ese equipo técnico y artístico que está detrás de las cámaras. Y tras toda una larga tomas de decisiones, casualidades y sobre todo talento, la serie se convirtió en un éxito crítico, en una serie de culto; mientras que a su vez, pasó a ser (y es todavía) una de las series de HBO menos conocidas y menos vistas de todo su catálogo actual. Una serie que llega a su fin este próximo junio con su última temporada, la tercera. Una serie que, tras ver las sobras que dejó aquel 14 de octubre, acabó convirtiéndose en la serie que jamás pensé que necesitaba.

Hay cosas que sé que nunca sabré. Una de ellas es el porqué The Leftovers es una serie que se vea y se conozca tan poco, la otra es el porqué se fue el 2% de la población aquel día. El inicio de esta temporada no ha sido tan descorazonador e incierto como lo fue todo el primer capítulo de la anterior, que no solo tenía un principio situado en la prehistoria sino que el resto del episodio se centraba en gente que no habíamos visto nunca hasta ese momento, con tramas totalmente distintas a la de los Garvey y en una localización nueva. En esta ocasión, la sensación de incertidumbre se manifiesta en los primeros siete minutos de este The Book of Kevin; y no podía imaginarme un inicio mejor. En un pueblecito, en 1844, hay una familia de entre todos los creyentes del lugar que intenta desesperadamente que algo ocurra. Que Dios le dé las respuestas que necesita. Y una profecía fallida tras otra acaba destrozando a la madre de la familia, que termina sin obtener nada de lo que ansiaba. Esta me parece la mejor metáfora posible que Lindelof podía escribir sobre los espectadores de The Leftovers. Nosotros somos la madre, ansiamos conocer las respuestas a todas las preguntas que se han ido plantando desde el minuto uno de la serie y en especial el mensaje va centrado a todos los que esperan ansiosos ese hipotético gran giro final que desvele el porqué de la desaparición de tanta gente, y por eso va a decepcionar. Ya se dijo en su momento que la serie no iba a posicionarse, que no van a explicarlo, que no va de esto. Quien quiera ver aquí también una crítica a los que echaron pestes en su momento del final de Perdidos puede que si le dé las vueltas suficientes también la encuentre. Puro Lindelof.

Y todo esto solo en los primeros siete minutos de las ocho horas que nos quedan por delante antes de dar el adiós definitivo a los Garvey y compañía. Tras ver lo que aparentemente sucedió en Jarden con los Guilty Remnant (también conocidos como “los de blanco”) justo después del final de la segunda temporada, y más en concreto con los personajes de Meg e Evie, la serie nos presenta un salto temporal de tres años en la que vemos una renovada Jarden aka Miracle en la que parece que todos los personajes han rehecho sus vidas. De Kevin y Nora se podría decir que más o menos han vuelto a los trabajos que tenían en Mapleton; Tommy ahora ayuda a su padre como policía; Jill estudia en la universidad; Matt se encarga de la iglesia y Mary por fin tuvo al hijo de ambos; y Michael (el hijo de John Murphy) ayuda a Matt en la iglesia. La sorpresa ha sido la unión sentimental y profesional de dos personajes como Laurie y John, que ahora se dedican a alimentar la fe de la gente de una forma un poco cuestionable, pero efectiva. Las dos grandes incógnitas en lo relativo a personajes son las ausencias. Por un lado la de Erika, la ex mujer de John, que se puede más o menos intuir que ha podido pasar, pero la otra gran ausencia es la de Lily, el bebé adoptivo que tenían los Garvey en la anterior temporada, la cual sí que no intuyo que puede haber pasado . ¿Tendrá algo que ver Erika en el asunto de Lily? Lo iremos viendo, supongo, en algún momento de estas próximas semanas.

Es curioso que en una ficción tan intensa y que exija tanto emocionalmente al espectador encuentre al empezar su recta final uno de sus momentos más felices y entrañables de los que recuerdo en la serie: esa charla en el porche durante el cumpleaños de Tommy, en la que cada uno de los personajes masculinos cuentan anécdotas de qué hacían a sus 25 años. Pero estos momentos no abundan en The Leftovers, y es de lo poco de este estilo que se puede rescatar de todo el capítulo. Un capítulo que por otra parte ha estado cargado de momentazos: duros, tensos y dejándote con el corazón en un puño. El regreso de Dean (ese personaje malsano de la primera temporada que no sabemos muy de dónde salió y que se iba a matar perros con Kevin), sin ir más lejos, con su particular regreso a la serie ha dado de sí uno de los grandes momentos del capítulo: ese despiadado tiroteo hacia Kevin (que no se cree esa conspiranoia de los perros) y diciéndole a la cara, segundos antes de que Tommy acabe con su vida, que ya no es el que era, que ha cambiado. Ruego por la salud mental de Kevin que ahora no se le aparezca Dean como se le estuvo apareciendo Patti en la temporada pasada. Porque si una cosa deja clara este The Book of Kevin es que Kevin está mejor de lo que estaba hace tres años, pero no está bien, ni por asomo. De hecho puede que a estas altura nunca lo llegue a estar. Su continuo coqueteo con la muerte no ha cesado y muestra de ello es la potente escena en la que se intenta asfixiar con una bolsa pegada al cuello; así como el posterior chapuzón en el estanque presuntamente envenenado. Y por si fuera poco, nos enteramos con Kevin de que Matt Jamison lleva un tiempo escribiendo un libro sobre él (dando sentido al bíblico título del capítulo), un hombre que ha resucitado más que Jesucristo.


Los dos grandes temas de The Leftovers, al menos para el que aquí escribe, siempre han sido la pérdida y la fe. Todas las tramas, de una forma u otra, acaban ligadas a ambos conceptos. Y me da la sensación de que va a ser esta temporada la que más potencie estos temas, sobre todo el segundo. Y me atrevería a decir que siguiendo por la rama bíblica que viene implícita en el título del capítulo, y tomando como algo más que un simple detalle esa cuenta atrás en el cielo, esta temporada tratará como tema de fondo el último libro de la Biblia: el Apocalipsis, el fin del mundo.

Os prometo que el resto de reseñas que quedan de la temporada van a ser más breves, pero entended que es el primer capítulo y había muchas cosas que contar, sobre todo de situar las tramas y los personajes sobre el tablero. Aún así se me ha quedado fuera sin comentar cosas del apartado técnico/artístico como su reforzado montaje, la dirección compacta y espléndida de la ya habitual Mimi Leder, un reparto que como siempre alcanza cotas de excelencia, un sobresaliente uso de la música y unas transiciones que rozan lo Stendhal. De ese impactante final poco hay que decir por ahora. Todo apunta a que descubriremos algo más de todo esto en los últimos capítulos de la temporada (y por tanto de toda la serie), pero… es un flashforward, ¿verdad? Yo al menos creo que es Nora en el futuro, donde se ha cambiado de nombre. Hasta que no tengamos toda la imagen al completo no creo que entendamos nada. Espero que en el 3×02 veamos ya por fin la nueva cabecera, que tengo mucha curiosidad de ver por dónde tiran esta vez. Y si alguien ha llegado leyendo hasta aquí le felicito, y espero que disfrute conmigo y con los (pocos) seguidores de The Leftovers las últimas horas que quedan de nuestra serie favorita. La semana que viene os espero aquí de nuevo para hablar del siguiente episodio.

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