[Ciclo Coen] Barton Fink

Hasta el momento está siendo un ciclo estupendo en cuanto a calidad, y promete seguir siéndolo con la siguiente cinta de la que nos toca hablar: Barton Fink (íd., 1991), una de las películas de Joel y Ethan Coen más reconocidas por la crítica. Protagonizada por John Turturro y John Goodman, esto es lo que pensamos de ella.

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Como ya sabréis por el anterior artículo del ciclo, los Coen escribieron el guión de Barton Fink en tres semanas de descanso a mediados de la producción de Una muerte entre las flores. Le tenían tantas ganas a esta historia que apenas acabaron con la de gangsters se pusieron a rodar Barton Fink. Acabó estrenandose en Cannes en 1991, edición del festival en el que ganaron por decisión unánime la Palma de Oro y los premios a mejor director y mejor actor. La única vez en la historia en la que una película gana los tres premios juntos en el festival francés. A pesar de su éxito festivalero, y que fue la película mejor recibida por la crítica de los hermanos hasta entonces, pasó sin pena ni gloria por la taquilla, de hecho no llegó ni a recaudar su presupuesto de nueve millones. A día de hoy no es de las más recordadas por el gran público, pero indudablemente se ha convertido en una cinta de culto para muchos amantes de este nuestro querido séptimo arte.

Vi por primera vez Barton Fink hace un par de años y por aquel entonces me pareció una película muy buena, que a pesar de tener numerosas virtudes no conectaba emocionalmente conmigo. Hoy, con su reciente revisionado, mi visión ha sido completamente diferente, como si estuviera viendo otra película. Barton Fink es de esos filmes de las que puedes echar horas hablando de ella y sus posibles interpretaciones (se han escritos libros sobre esto, y en internet también abundan las teorías). Aunque, al fin y al cabo, en la superficie, tenemos una historia que podría haber sido de lo más convencional: Un escritor neoyorkino de reciente éxito se muda a Los Ángeles entrando en la industria de Hollywood tras ser contratado por un estudio de cine para escribir guiones de encargo. La trama gira alrededor de Barton, el hotel donde se hospeda, su primer guión (del que sufre un bloqueo creativo enorme) y su “vecino” de hotel. Este hotel además es un personaje más, pocas veces en el cine de los hermanos han dibujado un ambiente más opresivo y parte fundamental de la historia.

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La evolución de los Coen desde su primera película hasta aquí es bastante notable (y eso que en aquella ya presenciábamos un buen nivel de base), y en Barton Fink los tres pilares más importantes de la película, los que controlan los hermanos, están cuidados con mucho mimo: la virtuosa dirección, el habilidoso guión y su sobrio pero extremadamente detallista montaje. Pero es que todos los apartados técnicos de la película mantienen ese nivel de excelencia: el vestuario, el diseño de producción, la banda sonora de nuevo  de Carter Burwell (que en mi opinión es prima hermana de la composición que hará pocos años después para Fargo) hasta su acertadísima fotografía. De este último aspecto hay que destacar que el hasta ahora director de fotografía de los hermanos, Barry Sonnenfeld, empezó por aquel entonces a dirigir sus propios proyectos —ese año debutó con La familia Adams (The Addams Family, 1991)— y entonces se tuvieron que buscar un nuevo director de fotografía, el escogido fue Roger Deakins (del cual su agente, por cierto, le recomendó no trabajar con los de Minnesota). Ha sido el encargado de la fotografía de los Coen hasta la fecha.

No me puedo olvidar del reparto, destacando sobre todo a John Turturro y John Goodman, ambos excelentes en los que probablemente sean de los mejores papeles de su carrera. Por otro lado me gustaría destacar que es aquí cuando definitivamente los Coen refinan su sentido para crear obras sin género: Barton Fink tiene momentos en los que puede ser una comedia, una película de terror, un drama, una de cine negro… y así. No obstante las influencias reconocidas son de directores como Hitchcock —No puedo evitar acordarme de ese plano de Con la muerte en los talones en el que se nos muestra un tren entrando en un túnel como representación visual de que el protagonista está teniendo sexo, algo que los Coen llevan a su terreno metiendo la cámara a través del lavabo cuando Barton hace lo propio—, Kubrick —Las referencias a El resplandor y su Hotel Overlook son más que claras—, y sobre todo el director del que los Coen más reclaman como influencia directa de esta obra: Roman Polanski. Lo mejor que puedo decir de Barton Fink a estas alturas es que la volvería a ver ahora mismo encantado, cosa que no me suele pasar tras haber visto recientemente una película, por mucho que me haya gustado. Puede que estemos ante la mejor película de los Coen, pero hasta que no hayamos terminado el ciclo no se puede afirmar y más teniendo en mente alguna que otra que también me parecen maravillosas. Vaya ciclo, benditos Coen.  [★★★★]

Daniel Escaners

Hay películas que te absorben, que te hacen olvidarte de dónde estás, de qué hora es, de qué está ocurriendo en el mundo real. Ese tipo de películas que parecen no tener una duración determinada, que terminan en el sentido tradicional de la palabra pero que se quedan contigo mucho después de que los créditos se deslicen por la pantalla. Esas películas fascinantes, hipnóticas, de una fuerza hasta desconcertante, a la que nada más terminarlas piensas en lo mucho que vas a disfrutar volviendo a ellas y descubriendo todos los secretos que esconden. Pues bien: Barton Fink es una de esas películas.

Siempre me ha parecido interesante el ejercicio metalingüístico de poner a un artista cinematográfico como protagonista de una película. Me viene a la cabeza El crepúsculo de los dioses o incluso Mulholland Drive, dos miradas muy diferentes al flamante y, en cierta medida, enfermo Hollywood. En Barton Fink tenemos a un exitoso guionista de teatro que, tras ser convenientemente tentado, acepta mudarse a Los Ángeles en pos de escribir guiones (de encargo) para un gran estudio de cine. Su bloqueo creativo y la sensación de que en esa ciudad no es fácil hacer amigos provocan un constante malestar, que se ve algo paliado gracias a las charlas que tiene con el huésped que vive en la  habitación continua del hotel en el que se hospeda. Una historia que se podía haber contado de una forma convencional y aun así haber resultado tremendamente interesante, pero que es desarrollada por los Coen de una manera cada vez más desconcertante y misteriosa a medida que avanza.

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Barton Fink es como el hotel en el que nuestro homónimo protagonista se hospeda: al principio nos llama la atención, es llamativo y diferente, y a medida que permanecemos allí vamos cayendo en un ambiente opresivo que nos corta la respiración. Es una película fascinante, también, por su capacidad para aunar el drama y la comedia: en muchas ocasiones es una historia seria, e incluso perturbadora, pero eso no quita que haya escenas increíblemente graciosas, tanto con humor gestual (tremendo John Turturro, en este sentido y en todos los demás) como con diálogos absolutamente brillantes (por ejemplo, los que mantienen la pareja de policías). El filme no renuncia a nada y resulta brillante en todas sus facetas.

De Muerte entre las flores dije que “consiguen que cada escena sea un mundo de por sí, que cada corte, cada movimiento de cámara y cada encuadre tengan su significado”, y de Barton Fink diría lo mismo elevado al cuadrado. El pulso con el que narran la historia es de una maestría tal que me es imposible imaginarla sin todas y cada una de sus piezas, quitándole un solo segundo. Es redonda. Todavía no sé si es la mejor película de Joel y Ethan Coen, pues quedan cintas por ver y otras que revisionar, pero que es una de sus creaciones más gigantescas me parece ya indiscutible. Una obra maestra llena de secretos, que me ha absorbido como pocos filmes últimamente y que no puedo esperar a revisitar. [★★★★½]

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