[Ciclo Coen] El gran Lebowski

Si Fargo es una de las películas más reconocidas y reconocibles de Joel y Ethan Coen, no se puede decir menos de su siguiente obra: El gran Lebowski (The Big Lebowski, 1998) es, para muchos, lo mejor que han hecho nunca estos hermanos. Veamos si nosotros estamos en el grupo de los entusiastas o no.

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Los Coen ya eran unos directores conocidos por todos, y El gran Lebowski sería su primera película tras el tremendo éxito de Fargo. En tal contexto, El gran Lebowski pudo haber recaudado mucho más dinero, pero no fue así; no obstante, para lo que estaban acostumbrado los hermanos fue una recaudación bastante buena. Con críticas mucho más variadas que en su anterior película se puede entrever que muchos no esperaban una obra así en ese momento. Sin embargo, al cabo de un par de años, a raíz de diversas reposiciones de la película en cines y su salida en el mercado de vídeo, la película fue causando mayor interés hasta llegar a convertirse en una película de culto. Hoy en día su calado cultural ha llegado a tal nivel que no solo es que tenga un festival propio llamado el Lebowski Fest sino que existe hasta una religión (Dudeísmo) que promueve el estilo de vida del protagonista.

Y es que los Coen consiguen refinar de nuevo un universo y unos personajes más que memorables, son iconos. Es una película que divierte como pocas y que encima te da donde rascar, porque no, no es una simple comedia. Como en toda buena película coeniana los malentendidos y las situaciones sacadas de madre están a la orden del día, al igual que podemos observar una amplia galería de personajes en los que cada uno aporta algo distinto y único al filme. Probablemente sea de esas películas que hasta que no las has revisitado un par de veces no llegas a captar todos sus detalles. El gran Lebowski, al igual que me pasa con Fargo o Barton Fink, no sólo la concibo como una película, para mí también es un estado de animo.

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El guión está escrito con una finura que no deja ni una secuencia vacía de contenido, construyendo además una de las mejores tramas detectivescas del cine reciente. Todo en la película está cuidado. La dirección de los hermanos vuelve a ser sublime, con un estilo más fresco y ligero —supongo que por eso de rodar en Los Ángeles— pero sin alejarse de su esencia. El reparto es una autentica bomba interpretativa: El Nota de Jeff Bridges es uno de los personajes clave del cine Coeniano (si no el más conocido) y en parte gran mérito de esto se la debemos dar al actor que borda a nuestro querido Jeffrey Lebowski; también tenemos al histriónico de Walter, con John Goodman en quizás el mejor papel de su carrera. Pero no acaba aquí, hasta los papeles más secundarios (y me atrevería a decir que hasta los terciarios) lucen genial: Buscemi, Moore, Hoffman, Turturro, Thewlis, Stormare

No podía no destacar a Roger Deakins, que vuelve a dar una masterclass de fotografía. Vamos viendo poco a poco a lo largo de la filmografía de los hermanísimos cómo se va superando en cada obra, y aquí lo vuelve a hacer. Por otro lado, creo que la figura clave detrás de las cámaras en este proyecto es T-Bune Burnett, que fue el encargado de elegir las canciones que suenan a lo largo de la película y que creo que combinadas con las composiciones de Carter Burwell hacen un perfecto amalgama de la esencia misma de la película. Por cierto, fue aquí el inicio de la amistad entre el músico y los hermanos con el que siguen colaborando en la actualidad. El gran Lebowski sé que es una película que voy a disfrutar cada vez más aún pareciéndome ya una película inmensamente buena. Sin duda, entra dentro de lo mejor de los Coen [★★★½]

Daniel Escaners

Por la versatilidad mostrada por estos dos hermanos, tanto en el punto en el que estamos del ciclo como en la actualidad, es peligroso tildar a una de sus películas como la catalizadora de su forma de hacer las cosas, pero si tuviera que elegir una, desde sus señas de identidad más evidentes hasta mi percepción subjetiva de ellas, diría que El gran Lebowski es la película más coeniana de todas. Como ya ocurría en Fargo, otro de los filmes más característicos del dúo, nos vemos envueltos en un caso en el que las casualidades y las situaciones absurdas se dan de la mano para crear una historia como pocas se han narrado.

En su novela Vicio propio, Thomas Pynchon planteaba un enrevesado caso detectivesco que, aun vertebrando la estructura narrativa, resultaba ser lo de menos: importaba más la historia de amor de ese investigador hippie, y predominaban las formas sobre el fondo. Los Coen no se alejan de esa idea a la hora de desarrollar el guión de El gran Lebowski: es cierto que el misterio a resolver tiene más peso que en la obra de Pynchon, pero vuelve a ser el molde el que sobresale sobre la masa. Y es que la historia que se nos cuenta, con ese personaje que se hace llamar a sí mismo The Dude y que por un malentendido se verá envuelto en una investigación llena de misterios y contradicciones, acaba siendo especial y memorable gracias a la mano de los Coen tanto a la hora de crear situaciones absurdas como en la forma de rodarlas. Hemos visto historias de intriga más complejas y con más matices, pero no muchas con tanto encanto a la hora de jugar sus cartas (o sus bolos) y diferenciarse del resto.

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Cómo olvidar el viaje psicotrópico o el exagerado personaje de John Goodman, que parece tener en la bolera su propia forma de vida; cómo no estar interesado en un caso que, estando bien tratado y encajando sus piezas con habilidad, nos deja momentos inolvidables prácticamente en cada escena gracias a la mano de los Coen, que vuelven a hacer malabares con el humor. La exageración, la situación inverosímil y el chiste subterráneo se complementan de forma continua, con la aportación de unos actores que brindan un carisma impagable a sus personajes, especialmente Jeff Bridges, Julianne Moore y el mencionado (y desatado) John Goodman. Y no olvidar, por muy breves que sean, las hilarantes apariciones de un brillante John Turturro.

El gran Lebowski probablemente sea una de las películas más graciosas que he visto nunca. Me fascina su capacidad para manejar lo absurdo y lo ridículo, y utilizarlo para contar una historia que, sin dejar de ser puro entretenimiento, va mucho más allá que el simple cine comercial de domingo por la tarde. Es un filme distinto, con un carisma que rebosa por los bordes y un ratio de escena memorable por minuto como pocas veces se ha visto. Quizá no sea una película para todo el mundo, quizá cueste entrar en ella (de hecho la primera vez que la vi me gustó mucho menos que en este revisionado), pero una vez que lo haces… [★★★★]

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