[Ciclo Coen] El gran salto

Tras la maravillosa Barton Fink, los hermanos Coen darían otro volantazo a su (por lo menos hasta ahora) fascinante filmografía para volver a transitar la senda de la comedia absurda, como ya hicieron con Arizona Baby. Hablemos, pues, de El gran salto (The Hudsucker Proxy, 1994).

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Si os acordáis, la puerta de entrada a la industria del cine de Joel Coen vino de la mano de Sam Raimi, con el que los hermanos tuvieron muy buena relación. En 1985, tras estrenar su ópera prima y mientras se rodaba Crimewave (escrita por los hermanísimos  y dirigida por Raimi), este trío se puso a escribir conjuntamente un guión, que acabaría formando la historia de la que hoy conocemos con el nombre de El gran salto. Tal y como habían planteado el libreto, necesitaban un presupuesto medianamente cuantioso para realizarla por lo que era infilmable por ellos en aquel entonces. No fue hasta casi ocho años después, tras el estreno de Barton Fink, cuando los Coen decidieron que ya podían ponerse con el proyecto. La película formó parte de la Sección Oficial de Cannes (más bien por el éxito en el festival de su anterior película que por esta, sospecho) el año que Tarantino se llevó la Palma de Oro por su Pulp Fiction estando Clint Eastwood de presidente de jurado, tremendo. Por otra parte, en lo que a taquilla se refiere supone el mayor fracaso de su filmografía. No solo es la película que menos ha recaudado hasta la fecha, sino que es una de las películas más caras que han realizado: 40M de presupuesto frente a la simbólica cifra de 2,8M que consiguieron recaudar. Una pena.

La verdad es que no entiendo cómo funcionó tan poco entre el público. El gran salto es una comedia entretenida de tono amable y visualmente agradable, que aparte de parecer muy hija de su época (me parece muy noventas) remite directamente al cine de los años cuarenta. Los Coen nos introducen en un mundo que parece más una idealización del nuestro que nuestra propia realidad, la Nueva York que se nos presenta es casi una ciudad de fábula gracias a esa atmósfera que rodea todo el filme. Y en varias escenas podemos percibir una sociedad caricaturesca que bien podría pertenecer al universo de una película de Tim Burton. A pesar de ello, el protagonista, Norville Barnes, no podía ser un personaje más coeniano. Un tipo naíf y poco espabilado que por un malentendido y casi sin darse cuenta acaba presidiendo una de las compañías más poderosas de la ciudad. Aquí entra en juego una trama política que intenta satirizar las multinacionales y sus sucios juegos para ganar dinero a toda costa, a la par que se trata (o ironiza, mejor dicho) el papel de la mujer en el ámbito profesional a mediados del siglo XX.

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Se podría decir que es la primera película de los Coen que roza el cine comercial, tanto por su elevado presupuesto como por ser la primera vez que cuentan con estrellas entre su reparto. Y precisamente el reparto es uno de los factores más positivos de la cinta. Tim Robbins, cuya presencia en pantalla realza el humor físico que recae sobre el protagonista, es la mejor elección de casting posible para el papel de Norville,  consiguiendo humanizar al personaje a pesar del tono sobreactuado que lleva en el último acto. A su vez, los dos grandes secundarios de esta obra son Jennifer Jason Leigh y Paul Newman. La primera puede que haga el papel más destacable a nivel interpretativo; mientras que el segundo se marca el personaje más cliché e icónico, un  ejecutivo que aspira a liderar la compañía y que representa la codicia en todo su esplendor. Detrás de las cámaras los Coen vuelven a trabajar con sus habituales, de lo que destaca, como siempre, la inmersiva fotografía de Roger Deakins. Lo más curioso del equipo técnico de está película es que fue montada por el oscarizado Thom Noble (Único testigo, Thelma & Louise), siendo está la última vez que un montador que no fueran los propios Coen montara una de sus películas.

Sí, una vez vista y con la perspectiva de lo que hicieron hasta la fecha y lo que harían en los años siguientes El gran salto se encuentra inevitablemente en la parte baja de la filmografía de los hermanísimos. Aún así es una película que no me importaría volver a ver y que he disfrutado con ella lo suficiente como para recomendarla, no todo pueden ser maravillas y obras maestras. Esto ha estado bastante bien, pero lo mejor llega ahora. Abríguense, que nos vamos a la Minnesota. [★★★]

Daniel Escaners

Después de una obra tan monumental como Barton Fink resultaba un tema peliagudo cuál sería la siguiente película de los hermanos Coen, qué senda cogerían y si nos volverían a maravillar como con prácticamente todos sus filmes hasta el momento. El gran salto se convirtió así en otro revulsivo dentro de su filmografía, aunque acercándose al terreno que ya exploraron con Arizona Baby: el de la comedia a menudo absurda y siempre exagerada, que vuelve a demostrar lo bien que se desenvuelven los hermanos en el humor físico.

Esta historia de un hombre con no demasiadas luces que acaba siendo el jefe de una gran compañía al ser seleccionado por un comité con planes secretos para bajar el precio de las acciones y así poder comprarlas al completo constituye una película que se mantiene en pie (y, en ocasiones, a gran altura) gracias a la brillantez de algunos momentos; la mayoría se encuentran en una estupenda primera hora que saca el máximo partido de sus personajes. Desde la periodista que acabará accidentalmente infiltrada en la empresa hasta el propio protagonista (y su “You know, for kids!“), todos funcionan dentro de ese mundo que abraza la exageración y casi la histeria, y que va rizando el rizo hasta llegar a una segunda parte que, quizá por cansancio, quizá porque sencillamente la trama no daba para más, acaba agotando su propuesta y mostrando las costuras. Por no hablar de ese final que me descoloca y me deja con un sabor agridulce.

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Una de las principales razones por las que El gran salto funciona, especialmente en su primera mitad, está en las interpretaciones, que se amoldan notablemente a lo que requieren los Coen en este tipo de comedias. Nos encontramos con un Tim Robbins pasado de rosca y que lleva bien su personaje a pesar de que empieza a rozar lo insoportable en la segunda mitad; un Paul Newman estupendo en ese papel de codicioso hombre de negocios a menudo con un puro en la boca; y, quizá de lo mejor de la película, una Jennifer Jason Leigh desatada y brillante con una habilidad hipnótica para controlar el timing de los diálogos y desprender carisma por los cuatro costados.

Para un servidor no hay duda alguna de que El gran salto es la película más “floja” de todo lo que llevamos de los hermanos Coen, pero claro, que no pasen por alto las comillas: es un filme menor comparado con los anteriores, que rondaban un nivel muy alto, no porque sea una obra fallida u olvidable. Los Coen vuelven a demostrar la genial mano que tienen dirigiendo comedia, y si no vuelan más alto es por un guión que, como he dicho, va agotándose a medida que avanza. Sin embargo, y con ello, El gran salto es otra recomendable muestra del genial camino que recorrieron este dúo de cineastas hasta aquí… y lo que queda. [★★★]

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