[Ciclo Coen] El hombre que nunca estuvo allí

Sin abandonar del todo la comedia después de El gran Lebowski y O Brother!, Joel y Ethan Coen decidieron sumergirse en un nuevo campo, como es el neo-noir, con su siguiente película, El hombre que nunca estuvo allí (The Man Who Wasn’t There, 2011), protagonizada por Billy Bob Thornton. Nos enfrentamos a ella cigarrillo en mano.

Daniblacksmoke

Los Coen empezaron su carrera ofreciéndonos una de cal y otra de arena, no querían acomodarse y alternaban entre drama y comedia con una facilidad sorprendente. Sin embargo, con las últimas películas que hemos tratado en el ciclo vemos como les apetecía más desarrollar su vertiente cómica más que otra cosa. Bien, pues esto acaba aquí, al menos de momento. En 2001 estrenarían El hombre que nunca estuvo allí, un neo-noir que sirve como especial homenaje de los hermanísimos al cine negro clásico. Sin abandonar del todo su retorcido e irónico sentido del humor, claro. Es de las películas más aclamadas por la crítica de los hermanos, a pesar de ser una gran desconocida para el gran público, que no la apoyó en taquilla. Aunque fuese una producción independiente, no consiguió recuperar en la recaudación global lo que costó hacerla, cosa que nos les ocurría desde el batacazo con El gran salto. Pasó algo desapercibida por la temporada de premios de su año, rascando un par de nominaciones en algunas galas, pero su premio más significativo lo obtuvieron los días posteriores al estreno de la película en el festival de Cannes cuando recibieron su tercer (y hasta ahora último) premio al Mejor Director —tras Barton Fink y Fargo—, ex aqueo con David Lynch y su Mulholland Drive.

No os voy a engañar, tenía sensaciones encontradas a la hora de ponerme con esta película, ni yo sabía qué me podía encontrar, pero esperaba algo decente sin más. Y cuando finalizo sus casi dos horas de metraje me di cuenta de que puede que esté ante la última gran sorpresa que me va a poder dar la filmografía de los hermanísimos en este ciclo. Automáticamente ha pasado a formar parte de mis obras favoritas de los de Minnesota, y no es para menos. El ratio de “planos que podrían estar en un museo y quedarme todo el día observando”  por minuto es demencial, el mayor visto hasta ahora en este ciclo. Los Coen realizan aquí uno de sus mejores trabajos como directores, apoyados con la que considero que es una de las mejores colaboraciones que nos ha dado la historia del cine, la de los hermanos con Roger Deakins. La fotografía del británico siempre apetece y aquí consigue una de sus trabajos más logrados. A pesar de que sobre el papel fue un trabajo simple, Deakins tuvo que actualizar la fotografía del cine negro sin que pareciera cine del pasado, utilizando técnicas actuales y usando una gama de grises que no existían en la edad dorada del género. Para más inri, fue rodada en color y posteriormente pasado a blanco y negro durante la postproducción.

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Vale, muy bien. Pero, ¿qué cuenta la película? En El hombre que nunca estuvo allí asistimos a la enésima representación de un personaje coeniano con todas las de la ley. En esta ocasión un barbero llamado Ed Crane, una persona sin aspiraciones, absorbido por la mundanidad de su rutinaria vida y cansado de todo. Se ve tentando a darle un giro de 180 grados a su futuro cuando se le presenta una oportunidad —algo que tienen en común la mayoría de los protagonistas de los hermanos— que le hará cambiar la vida, cosa que acabará ocurriendo, pero en el sentido opuesto al que esperaba. Como en toda buena película de los Coen, el protagonista acaba en el centro de un agujero negro conformado por todas las causas y circunstancias que se conformaron alrededor de esa decisión. Todo esto situado en un pueblo del norte de California a mediados del siglo pasado y adornado por una galería de secundarios muy digna, tanto de antiguos colaboradores de los hermanos —Frances McDormandMichael Badalucco, Jon Polito y, especialmente, Tony Shalhoub como el abogado Riedenschneider— como de nuevos secundarios en la filmografía de los Coen —James Gandolfini, Scarlett Johansson y Richard Jenkins—. Pero es Billy Bob Thornton el que me parece más sobresaliente de todo el reparto, trasladando interpretativamente todo el peso de un personaje como el del comentado barbero.

Pero no todo es oro en este viaje, hay partes del relato que se me hacen pesadas, o más bien reiterativas. Aunque lo que más me puede llegar a molestar, al menos en este primer visionado, es cierta subtrama que solo hace que la película dure más, porque no conduce a ninguna parte y hace bajar el ritmo del resto. Pero el nivel general de la película es tremendamente bueno. Ya digo, toda una sorpresa. Una cinta a reivindicar, pues creo que está algo olvidada, y que hubiera sido imposible filmar en la época que homenajea, y por ello se siente actual. Creo que estamos ante una película imperecedera. [★★★½]

Daniel Escaners

Joel y Ethan Coen se adentran en el neo-noir con su siguiente película, El hombre que nunca estuvo allí, que nos cuenta la historia de cómo un hombre corriente, un peluquero, intentará volar más alto invirtiendo en un negocio y terminará perdiendo todo lo que tenía en su vida. Otra muestra más, ya de primeras, de las inquietudes de dos hermanos que se han ido moviendo por diferentes géneros y estilos, sin dejar casi nunca de lado sus señas de identidad.

Uno de los aspectos más interesantes de esta películas es que los Coen, bajo una deliciosa máscara de cine negro clásico, vuelven a hacer de las suyas con un guión repleto de personajes llevando a cabo malas decisiones, coincidencias que ayudan a progresar en la trama y, cómo no, un humor a veces ridículo, a veces tan negro como sus fotogramas, y casi siempre ambas cosas. Ahí reside gran parte de su brillantez: la capacidad de estos cineastas para utilizar lo que podríamos considerar una narrativa moderna y mezclarla con señas de identidad del cine negro de los 40. El resultado no solo satisface, sino que durante la mayor parte del trayecto casa a la perfección.

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Este sabor a cine negro se consigue, aparte de con los personajes (desde el típico protagonista callado pero con mucho carisma hasta propios detectives en sí), mediante la refinada dirección de los Coen, en uno de sus mejores trabajos tanto en cuanto a planificación (impresionante cómo utilizan los ligeros movimientos de cámara para enfatizar ciertas situaciones y sentimientos) como en un montaje prodigioso que consigue crear, como de costumbre, un ritmo muy especial en las conversaciones. Además, si a todo esto le añades una de las mejores fotografías que ha realizado jamás el brillante Roger Deakins (posiblemente uno de los directores de foto que con más gracia y sentido ponen las luces en escenas de interior) pues te queda un conjunto al que poco o nada se le puede reprochar en este campo.

Billy Bob Thornton está perfecto en la película, interpretando con tremendo carisma a ese personaje que, a pesar de no ser muy hablador, se comunica directamente con nosotros con una voz en off que, al final, cobra un sentido aun más justificable. También contamos con unos destacables Frances McDormand y James Gandolfini, además de una joven Scarlett Johansson que se ve algo perjudicada por protagonizar la subtrama, en mi opinión, más endeble de toda la historia. En definitiva, El hombre que nunca estuvo allí es una de las obras más recomendables y formalmente redondas de los Coen; quizá me falta algo de fuerza en el último tramo, pero ojalá a muchas les ocurriera lo mismo si a cambio me hicieran disfrutar como esta lo ha hecho. Estupenda. [★★★½]

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