[Ciclo Coen] Ladykillers

Joel y Ethan Coen, tras firmar con Crueldad intolerable la primera película que no habían escrito completamente ellos, se adentraron en un remake con esta Ladykillers (The Ladykillers, 2004), película que además supondría su primera colaboración con una de las grandes estrellas de las últimas décadas, Tom Hanks. Hablemos de esta comedia.

Daniblacksmoke

¿Para qué tuve que decir nada? Hace unos días, cuando comentábamos sobre Crueldad intolerable, dije que tenía la sensación de que me encontraba con la película menos buena de la filmografía de los hermanos Coen, sin llegar a parecerme mala en ningún momento. De hecho, dudaba si en algún momento vería una mala película de ellos. Con Ladykillers no ha sucedido, pero sí que ha sido la que más cerca ha estado de llegar a serlo. No es casualidad que, al igual que con su anterior cinta pero de forma diferente, esta no sea un proyecto original de los de Minnesota. Si Crueldad intolerable era un encargo con el que partieron de un guión que no habían escrito ellos por el que habían pasado muchas manos, en Ladykillers quisieron hacer su propia versión de la reconocida comedia británica de los cincuenta El quintento de la muerte (The Ladykillers, 1955) —recordemos, con las leyendas Alec Guinness y Peter Sellers en el reparto—, con un remake que no logró convencer a todo el mundo. Las críticas fueron mixtas y no se recuerda especialmente bien, pero sí es cierto que muchos que la revisitan hoy en día la reivindican como una gran película. No es mi caso. Por otro lado, en taquilla no funcionó nada mal, más por estar Tom Hanks en cartel que por ser una película de los Coen, me temo.

Lo admito, me ha costado entrar en esta película. Su primera media hora no sitúa del todo bien al espectador y al que no conoce la original se puede perder un poco ante qué es lo que quiere contar, o más simple: ¿de qué va? La identidad Coeniana, si es que existe tal cosa, me ha costado encontrarla también en este primer tramo de la cinta, más allá del tratamiento de determinados planos y la fotografía siempre complaciente de Roger Deakins. Incluso el humor es radicalmente opuesto al visto hasta ahora en las diez obras anteriores de los hermanos, llevando al espectador ante una sucesión de gags llenos de humor infantil que si levanta risas es por lo ridículo de la propuesta. Pero, por suerte, todo esto se va volviendo cada vez más positivo conforme el metraje va avanzando, ya no sé si porque uno se acostumbra a dicho nivel o porque realmente mejora. Quiero creer en esto último, y es que realmente la segunda mitad es muy superior a la irregular primera. Es a partir del ecuador de la cinta cuando todo se va volviendo más y más loco y desmadrado, y es finalmente cuando he conseguido disfrutar de este remake. De hecho, esa sucesión de muertes que ocurre en los últimos veinte minutos podrían pertenecer sin desentonar al universo Fargo, y por lo tanto al universo Coeniano.

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En Ladykillers encontramos un reparto extraño pero solvente, capitaneado por uno de los papeles más peculiares de la carrera de Tom Hanks. En la década pasada, con Hanks ya acomodado en el drama, este fue uno de sus pocos papeles más puramente cómicos que interpretó; el más cercano fue el de Viktor Navorksi en La terminal (The Terminal, 2004) de Spielberg, curiosamente del mismo año que la obra que hoy nos acontece. También destaca J.K. Simmons —en su primera colaboración con los hermanos y su papel más importante que ha hecho para ellos— con su habilidad para el humor físico y lo que sería una variación escatológica del humor de pedos: el de “ganas de cagar”, gracias al síndrome del intestino irritable que padece su personaje. Actores variopintos y cuasidesconocidos completan el resto del reparto, desde Marlon Wayans, estrella de la gran mayoría de las spoof movies de los últimos 16 años, hasta Irma P. Hall, la conservadora señora sobre la que giran los acontecimiento de la trama y que fue galardonada por su actuación por el premio del jurado en el festival de Cannes de su año. Puede que sea una de las pocas películas de los Coen en la que no trabajan con ninguno de sus actores habituales.

No puedo aportar mucho más sobre esto, el mayor cumplido que le encuentro es que ha hecho que me entren muchas ganas de ver la original, que promete. Por otro lado, habría que destacar que aunque nosotros (y todo el mundo en realidad) tratasen las películas de los Coen como dirigidas y producidas tanto por Joel como por Ethan, y lo han sido, es aquí la primera vez que han podido compartir los créditos de director y productor; hasta entonces Joel era acreditado como director y Ethan como productor. Y con su siguiente película juntos se coronarían en los Oscar. [★★½]

Daniel Escaners

En ocasiones, visitando la filmografía de un cineasta o, en este caso, de dos cineastas, encuentras hermandades entre películas que te permiten relacionarlas. En variadas ocasiones suele darse a través de una misma temática, o el periplo de colaboración con cierto artista (un intérprete, un director de fotografía, etc), y en otras está más relacionado con las sensaciones que te provocan y su importancia en la obra completa de los cineastas. Bajo este paraguas encuentro hueco suficiente para cubrir tanto a la ya comentada Crueldad intolerable como a Ladykillers, dos comedias (la primera romántica y la segunda sobre un grupo de atracadores) agradables y tremendamente anecdóticas.

Me extraña que los hermanos Coen, tan brillantes como son a la hora de desarrollar historias y dar vueltas sobre y con ellas para aterrizar en lugares sorprendentes, se conformaran con el guión de esta Ladykillers. Desconozco si es a raíz de la propia obra original y su carácter de remake cortaba sus alas, pues no he visto la película primogénita, pero en cualquier caso no es excusa para jugar con una trama tan reiterativa y que además no se alimenta de la realización, bastante discreta, para sobresalir: esta historia de unos ladrones que engañan a una mujer mayor para acceder a una casa de apuestas a través de su sótano apenas cuenta con un par de momentos inspirados, de un humor bastante simple, y exprime a los diferentes personajes (cada uno con particularidades muy marcadas) de forma eficiente pero, de nuevo, acudiendo continuamente a la reiteración. Al final, más allá de gags aislados, el único con cierto desarrollo es el protagonista, un Tom Hanks que anda por la fina línea que separa lo excéntrico de lo insoportable y, talento mediante, consigue no caerse.

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El reparto no está nada mal, defendiendo como pueden a estos personajes planos e inyectándole un carisma que supone otra balsa de salvación para la película; señalar, por ejemplo, a J.K. Simmons o a Marlon Wayans, a los que se les nota disfrutar con sus roles. Y bueno, más allá de la graciosa ironía de su conclusión, encuentro el tramo final tan azaroso (sobre todo en cuanto al personaje de Hanks) que no me queda más que encogerme de hombros y fruncir el ceño ante una película que no me conquista ni en su fondo ni en sus formas.

Ladykillers no deja de ser relativamente divertida, y en una obra mediocre de los Coen y de Roger Deakins se vive mejor que en la mayoría de medianías, pero como me ocurrió con Crueldad intolerable la palabra “Poco” parecía la única respuesta ante la cuestión de qué me había aportado este filme, si podía sacar algo memorable de él, como he hecho con casi todas las obras de estos hermanos. Destellos ocasionales y un visionado apacible la salvan de la quema, pero quizá sea su peor película. Cuánto me alegro, viéndolo en perspectiva, que después de estos dos filmes consecutivos se tomaran tres años para preparar su siguiente proyecto, que se convertiría en uno de sus mayores triunfos. [★★½]

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