[Ciclo Coen] Muerte entre las flores

Continuamos nuestro ciclo dedicado a Joel y Ethan Coen. Nuestra siguiente parada es su tercera película, una cinta en la que volvían al cine negro que ya habían tocado en su ópera prima pero esta vez sumergiéndose en el mundo de los gangsters y sus tramas; hablemos, pues, de Muerte entre las flores (Miller’s Crossing, 1990).

Daniblacksmoke

Entramos en la década de los noventa con los Coen, y eso significa que debemos hacer una parada en Miller’s Crossing. En 1990, los hermanos estrenaron su tercera película, Muerte entre las flores, la cual les había costado un enorme bloqueo creativo en el proceso de escritura del guión. Es en ese momento de que no saben como continuar la historia cuando se van a despejarse a otra ciudad y cuando vuelven a Nueva York escriben Barton Fink (su siguiente película, que trata precisamente de un guionista que sufre un bloqueo), antes de seguir con el guión de Muerte entre las flores. Que no solo consiguieron acabar, sino que para muchos es una gran obra maestra. De los premios que consiguió destaca la Concha de Plata a mejor director en el Festival de San Sebastián. Sin duda es otra cinta más de los Coen que ha acabado convirtiéndose en una película de culto, a pesar de que fue el primer fracaso de taquilla de los de Minnesota. Aún así, como muchas películas de los noventa, recuperaron sus ingresos gracias al mercado de vídeo.

Con Muerte entre las flores, los Coen vuelven al cine negro de su ópera prima, pero con un estilo mucho más sosegado y maduro que en aquella, algo que necesitaba esta historia. Por primera vez en su filmografía, los hermanos se alejan de filmar la actualidad para recrearse en los años treinta de la ley seca, con una trama llena de gangsters, traiciones, muertes, manipulaciones y una guerra de bandas por el poder de una ciudad. Ciudad que no se menciona en ningún momento, pero que los Coen rodaron en Nueva Orleans. Me ha sorprendido la sobriedad de esta producción, hay un antes y un después en la forma de hacer cine por los hermanos tras esta obra. Los toques “coenianos” están más camuflados pero siguen siendo patentes, desde esa construcción de personajes únicos (los personajes secundarios de los Coen siempre son una delicia), los incesantes giros de guión o ese ambiente opresivo que se podría tomar como un personaje más. También consiguen hacer un mejor tratamiento de la comedia; a los Coen siempre les gusta que en sus películas haya algún alivio cómico y aquí están muy medidos estos momentos, no llega a interrumpir a la historia, que al fin y al cabo estamos ante un drama, sino que la complementa y la incorpora como un elemento más.

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El papel protagonista cae en manos de Gabriel Byrne, en el que puede que sea el papel más recordado de su carrera junto al de Sospechosos habituales. Es un actor que destaca por su poco rango de expresividad, algo que sin duda buscaban los Coen para el personaje de Tom, que es un personaje carismático más por méritos del guión que del actor, pero que aún así me parece un buen acierto. Otros personajes importantes son interpretados por Albert FinneyMarcia Gay Harden. Pero me interesa detenerme en el personaje de John Turturro, uno de los actores fetiches por excelencia de los hermanos y que debuta en su cine aquí de una forma espectacular. Su personaje me parece el más complejo de la obra y está maravillosamente interpretado, no me extraña que los Coen siempre que puedan intentan trabajar con él. Por otro lado tenemos a Jon Polito (que hace de Caspar, el gangster italiano), que colaborará unas cuantas veces más con los Coen, y un pequeño papel de Steve Buscemi que será otro de los actores recurrentes de los hermanos a lo largo de los noventa.

Muerte entre las flores es sin duda una de las mejores revisitaciones del cine negro de los últimos años y una de las grandes referentes de ese “cine de gangsters”, lastima que se viera eclipsada al ser coetánea de la alabada por excelencia de este subgénero, Uno de los nuestros (Goodfellas, 1990) de nuestro querido Scorsese. Los Coen siempre dan en el clavo, al menos por ahora; ¿aguantarán esta racha? Yo lo único que sé es que no hay nada más estúpido que un hombre persiguiendo su sombrero. [★★★½]

Daniel Escaners

Las dos películas de los hermanos Coen que hemos comentado hasta ahora, Sangre fácil y Arizona Baby, se caracterizaban (entre otras cosas) por la madurez que demostraban ya desde un inicio este dueto de realizadores. Eran cintas concisas, centradas, que tenían en el horizonte un objetivo claro y se dirigían hacia él con el talento de los genios. Resultaban, para arrancar una filmografía, dos obras muy memorables. El caso es que la que ahora nos ocupa, Muerte entre las flores, que está considerada por muchos como una de las grandes películas de estos hermanos, sirve como ejemplo de la madurez de unos cineastas que desde sus inicios firmaron con pulso firme.

Muerte entre las flores no deja de ser una película de gangsters con un argumento no demasiado original. Un protagonista frío e irresistible que siempre sienta cátedra con cada cosa que dice, que se verá envuelto a una trama que concierne a diferentes mafiosos y gente de poco fiar, y que incluye traiciones y amoríos. Sin embargo, esto que sobre el papel puede sonarnos a terreno ya pisado, y sin dejar de serlo, consigue convertirse en una trama única gracias puramente al talento de Joel y Ethan Coen, tanto desarrollando un guión con unas conversaciones prodigiosas (cargadas de cinismo y mala leche, a la vez que con una pizca de su característico humor negro) como con una realización simplemente perfecta.

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Cuando hablamos de la madurez de una director, hacemos alusión a su capacidad para narrar una historia con las herramientas cinematográficas más convenientes para lo que está contando, es decir, que traslade el guión a la pantalla de la forma más óptima y brillante. Los Coen hacen exactamente eso (y, recordemos, este es tan solo su tercer filme): consiguen que cada escena sea un mundo de por sí, que cada corte, cada movimiento de cámara y cada encuadre tengan su significado, aporten y escondan la información adecuada y que la narración avance como debe. El resultado es prodigioso, además de con un tremendo cuidado por los detalles. Hay una escena, bien avanzada la película, en la que unos policías se encuentran fuera de un local al que quieren asaltar. Antes de incendiarlo, un policía sale corriendo para cubrirse detrás de los coches, cayéndosele el sombrero por el camino; entonces vemos cómo ese sombrero, empujado por el aire, va deslizándose hacia la derecha del encuadre. Ese plano podría haberse cortado ya con el sombrero en el suelo, pues todos los policías estaban cubiertos detrás de los coches y poca más información nos podían dar, y sin embargo los Coen deciden no cortar hasta que el sombrero desaparece del encuadre, una acción que además enlaza con la predominante presencia de esas prendas durante toda la película. Simplemente genial.

Muerte entre las flores (que, dicho sea de paso, me parece un título precioso a pesar de alejarse del original) es una película absolutamente redonda. Si a todo lo que he señalado se le añade un reparto estupendo, en el que destacan Gabriel Byrne John Turturro, y un uso de la música muy acertado (poniendo como ejemplo cierta escena de un intento de asesinato con música clásica de fondo), te sale una de las mejores películas de los Coen, un verdadero portento al que no le sobra nada a lo largo de sus dos horas de metraje. Insisto: creo que madurez es la palabra. [★★★★]

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