[Ciclo Coen] Un tipo serio

Un tipo serio (A Serious Man, 2009) es, para algunos seguidores de Joel y Ethan Coen, una de sus mejores películas, de las más memorables, y, para otros, de las que pertenecen al grupo de las normalitas o incluso flojas. ¿Nos habrá dividido también a nosotros? Veamos.

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La anterior década para Joel y Ethan Coen fue algo movidita. La misma década en la que por primera vez dirigieron proyectos algo irregulares partiendo de ideas que no eran suyas fue en la que ganaron los Oscars a mejor directores y a película con los que toda la industria por fin se rindió a sus pies. La década en la que descubrieron a George Clooney como uno de sus actores fetiches por excelencia y en la que por fin rodaron un neo-noir en blanco y negro. Pero, para mí lo mejor de la década de los 2000 que pasó por la cabeza de los Coen fue el broche de esta misma, la séptima y última película que rodaron en este periodo: Un tipo serio.

Probablemente esta sea la obra más personal de los hermanos hasta ahora. No solo porque volvieran a su tierra natal (Minnesota) para rodarla —cosa que no hacían desde Fargo—, sino porque recrearon el barrio de su infancia, lo ambientaron en la época de cuando eran niños y, para más inri, la película está protagonizada por judíos. Si bien conocía poco o nada del argumento de la cinta antes de ponerme con ella sí que me esperaba una película decente (por lo que tenía entendido). Sin embargo, me he topado con una de las obras más redondas de toda su filmografía. Un tipo serio te rompe todos los esquemas ya desde un principio con ese extraño prólogo que aunque no te sitúa ni temporal ni espacialmente en la narración sí que lo hace temáticamente, aunque con cierta distancia. Luego le empiezan a suceder una desgracia tras otra al pobre Larry, y ya estás absorto dentro de la cinta. Hay muchas teorías sobre el significado de la película, pero creo que el más difundido y uno de los que más aprecio es que la historia de Larry sería una traslación contemporánea del libro de Job (sí, el de la Biblia). He de admitir que es una de las películas que más angustia me ha provocado desde que tengo memoria y Larry es de los personajes coenianos por los que más he sufrido.

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Aunque estemos ante una comedia negra, creo que es aquí la vez que los Coen mejor han sabido utilizar el humor intrínseco de las situaciones que van sucediendo junto al drama de todo lo que le viene encima a su protagonista y el mundo que le rodea. Tiene un estilo muy particular, ya sea en lo narrativo —el uso de la elipsis, la constante sensación de vivir una pesadilla (a veces literal), dividir la película en los tres rabinos que Larry va a visitar…— como en lo visual. En esto último, no sé qué puedo aportar yo ya sobre el magnífico trabajo que siempre luce Roger Deakins y la vistosa planificación de los de Minnesota. Esta vez, apoyada por una banda sonora a la altura compuesta por Carter Burwell que se me asemeja en parte a la que compuso para Fargo, película para mí hermana (en más de un sentido) de la tratada hoy. Por otro lado, una de las ventajas con las que cuentan en Un tipo serio es un reparto lleno de caras poco conocidas para el gran público entre los que destaca sobre todo Michael Stuhlbarg, que está magnífico en su primer papel protagonista.

En resumen, que no podría estar más contento. Vaya maravilla nos habían dejado los Coen en 2009, y nosotros sin haberla visto. Por mi parte aquí ya podrían haber parado de hacer películas, que nos han dejado ya un buen puñado con las que vamos a volver cada cierto tiempo con muchísimo cariño. Pero, por suerte para nosotros y todos los enamorados del cine y de los Coen, no sólo nos quedan las últimas tres películas de este ciclo sino que nos quedan muchos años más de Ethan y de Joel. [★★★★]

Daniel Escaners

Hace días que vi Un tipo serio, la última película de los Coen que me quedaba por visionar por vez primera, y todavía no tengo realmente claro qué decir sobre ella. Y es que aun manteniendo el sabor del cine de estos hermanos que tantas alegrías nos han dado a lo largo de su filmografía, hay algo que se antoja distinto. Esa estructura dispersa, quizá; o el ánimo de completar el puzzle mediante el significado de los hechos y no tanto la relación directa mediante la casualidad y el infortunio. El caso es que la que para bastante gente es una obra menor de los Coen, a mí me ha parecido un muy interesante pozo de donde sacar cubos y cubos de detalles.

Un brillante prólogo, alejado (incluso temporalmente) de la historia principal pero anclado en el mismo discurso, abre una película que nos habla de Larry, un tipo de los más normal, profesor de universidad y judío, que de repente verá cómo poco a poco su mundo se irá poniendo patas arriba de una forma que ni puede controlar ni se veía venir. Es quizá uno de los personajes más empáticos de toda la obra de los Coen, y es que acostumbrados a seguir a delincuentes, policías en apuros o gente con no demasiada inteligencia tomando decisiones ridículas, esta vez nos encontramos con un hombre que lo único que quiere es la estabilidad con la que contaba apenas unas semanas antes, una vida normal y rutinaria en la que poder ver a sus hijos crecer. Por ello el torbellino de infortunios, a menudo terriblemente injustos, nos hace ponernos de su lado y acompañarle en un viaje decadente que le hará aprender nuevas cosas sobre sí mismo… o no.

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El trabajo de Michael Stulhbarg interpretando al protagonista es soberbio, y es que buena parte de que su personaje resulte tan empático recae en su trabajo. El resto de las actuaciones también rallan a buen nivel: Richard Kind, Fred Melamed, Sari Lennick… Además de que son actores con los que estos hermanos no habían trabajado antes, lo cual supone ya de por sí un soplo de aire fresco en las caras principales del cartel. También remarcar la vuelta de Roger Deakins tras no haber podido ser el director de fotografía de los Coen en su anterior película (sustituyéndole Lubezki), volviendo a conseguir un trabajo muy notable, especialmente en las escenas en interiores.

A pesar de cierta irregularidad que emana de una historia algo dispersa que no siempre mantiene el mismo nivel de interés, especialmente en la segunda mitad de la película, Un tipo serio es un filme tremendamente interesante con momentos que vuelven a demostrar la brillantez de los hermanos Coen tanto a nivel de dirección, guión y montaje. Algunas conversaciones son para enmarcar, con un ritmo rápido de líneas ácidas y punzantes, así como el humor conseguido, por ejemplo, a través de la elipsis (la muerte de cierto personaje y la forma en la que el protagonista se entera). Y, como he dicho al principio, siento que todavía tengo aspectos en los que escavar, en los que seguir reflexionando. Quizá no se encuentre entre mis favoritas de los Coen, quizá no me maraville al nivel en el que otras de su filmografía lo consiguen, pero no por ello deja de ser una muy buena película. [★★★½]

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