[Ciclo Cuarón] Grandes esperanzas

Tras dirigir y triunfar con La princesita (A Little Princess, 1995), Alfonso Cuarón continuó en la meca del cine estadounidense con su siguiente proyecto, una adaptación del clásico literario de Charles Dickens, Grandes esperanzas (Great Expectations, 1998)que además contaba con un reparto repleto de caras conocidas. Esto es lo que nos ha parecido la siguiente obra del mexicano.

Daniblacksmoke

Tras la buena acogida por la crítica de La princesita, 20th Century Fox le ofreció a Cuarón su segundo proyecto en tierras estadounidenses. Se trataba de dirigir una versión moderna del clásico literario Grandes esperanzas, de Charles Dickens. Esta vez el mexicano no obtuvo apenas reconocimiento en la crítica, y mucho menos en el público internacional, y con el tiempo hasta él mismo ha acabado renegando de ella.

Grandes esperanzas (Great Expectations, 1998) comienza con esa atmósfera de cuento que también empañaba la película anterior del director aunque algo menos idealista en este caso. El primer tramo de la película me recuerda a un tipo de historia como el que vimos en Mud (íd., 2012) pero evidentemente menos cruda que aquella, aunque solo sirve de prólogo para la historia, no llega ni a los quince minutos. Realmente estamos, para lo bueno y para lo malo, ante una película romántica. Cuarón cuenta con una suerte de casting en esta obra, sabiendo que es uno de sus primeros filmes. En el rol protagonista encontramos a un Ethan Hakwe inmerso en su papel y que me parece una elección muy acertada de casting. Pero sin duda, la que destaca aquí es Gwyneth Paltrow interpretando a Estella, uno de los personajes femeninos más sensuales y provocadores que recuerdo y es que no la he visto mejor en ninguna otra película, maldita mujer. Esa presencia, y esa belleza que desprende a través de los ojos del personaje de Hawke es sencillamente brutal. También andan por ahí Chris Cooper y Robert De Niro, ambos sin llegar a contar con muchos minutos en pantalla, pero qué dos.

No he leído la novela en la que se basa el guión, pero no creo que cuente con los mismo fallos. La historia que se nos cuenta puede llegar a ser estereotipada e incluso previsible (ese giro se olía a kilometros), en definitiva un libreto regulero que se le van viendo las costuras conforme avanza el metraje. La dirección ha dado varios pasos adelante respecto a las anteriores cintas de Cuarón al igual que el trabajo de Lubezki a cargo de la fotografía. Ya empiezan a experimentar con los planos secuencias y con unos vertiginosos planos diagonales. Realmente disfruto presenciando los verdaderos primeros destellos de esta famosa dupla. Ese plano secuencia… buff… no quiero spoilear pero los que hayáis visto la película sabréis de cual hablo, quizás el más largo de toda la obra y mi escena favorita, aunque es mucho más simple de los que harán posteriormente me transmite mucho. Un detalle que me parece digno de destacar es el simbolismo de Cuarón (tanto en esta como en su anterior película), y en concreto su gusto por vestir los planos de color verde, que probablemente intenten reflejar la esperanza de ambas historias y su relación con el amor, en una paternal y en esta pasional.

No quería dejarlo para al final pero así ha vuelto a ser, no por ello es menos importante, de hecho es de lo mejor de la película: hablo por supuesto de la banda sonora compuesta de nuevo por Patrick Doyle, el cual también se supera de su labor en La princesita creando unas piezas realmente buenas y recomendables. Aunque también tienen cabida canciones de grupos, hay para todos. Aquí podéis escuchar una suite de todos las canciones de Doyle para la película. En fin, por ahora ha sido la mejor de lo que llevamos de ciclo, pero no será la mejor, ni mucho menos. No recomendado a los que no les va mucho el rollo romance, y eso que a mi tampoco me agrada mucho el género, pero la he disfrutado como pocas. [7]

Daniel Escaners

No sé por qué motivo ya había visto el inicio de Grandes esperanzas, pero fue con esa cara de “esto me suena mucho” con la que arranqué la película. En todo caso, y deduciendo que me la cruzaría alguna vez en algún canal de televisión y la quitaría rápidamente, no fueron más de diez minutos hasta que me empecé a cruzar con planos y situaciones que no recordaba. Y así comencé a ver la tercera obra firmada por Alfonso Cuarón, que venía de hacer la infantil La princesita y que se aventuraba a adaptar un clásico de Dickens.

Después de la (en muchos sentidos) tortura que supuso su anterior película, esperaba y deseaba que esta Grandes esperanzas caminara por un terreno más adulto. El inicio de la historia sigue manteniendo ese aroma a cuento, pero no tardamos ni veinte minutos (hasta que se produce la elipsis que coloca a nuestros protagonistas ya crecidos) en darnos cuenta de por dónde van a ir los tiros: una historia de amor imposible entre un chico (Ethan Hawke) locamente enamorado y una chica (Gwyneth Paltrow) imprevisible.

Y el principal problema que le encuentro a la película es que, supuestamente centrándose en esta historia de amoríos, navega por demasiadas aguas y en ninguna aprende a nadar: la relación entre los dos protagonistas es interesante (más por ella que por él) pero entre tantos saltos uno no puede afianzar lo que está viendo, parece que son escenas salteadas que van compartiendo sin un hilo que las ate bien; luego nos encontramos con una historia de superación, con el chico queriendo ser pintor y demás, trama que resulta más un complemento a la anterior a pesar de contar con muchos minutos de metraje; y por último está la situación del personaje de Robert De Niro, que me gusta al inicio pero me aborrece al final, con una conclusión que la podría haber firmado el lado más insoportable de Steven Spielberg. Historias relacionadas directamente con el protagonista, pero que en la película no se consiguen estructurar de una forma óptima. Eso sí, nos dejan algunos momentos destacables como básicamente todos en los que aparece Gwyneth Paltrow o ese plano secuencia en el que por fin vemos al Cuarón (y al Lubezki) de hoy en día.

Grandes esperanzas me parece una película correcta, agradable, que se puede ver sin muchos problemas y que va mostrando los destellos de un Cuarón que poco a poco va constituyendo su propio estilo. Diría que tiene fallos y que en su conjunto es uno de esos films que no tardas en olvidar por no contar con un elemento que lo haga realmente memorable, pero venimos de La princesita, así que no puedo más que considerar a esta tercera obra del director mexicano como un paso adelante. [6]

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