[Ciclo Cuarón] La princesita

Tras debutar con una comedia que funcionó muy bien en su país, Alfonso Cuarón dio el paso al lenguaje de Shakespeare con La princesita (A Little Princess, 1995), la adaptación de un libro titulado de igual manera. Con un tono más infantil y una temática radicalmente distinta, esto es lo que nos hemos encontrado con la segunda aventura del director mexicano.

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Cuarón, ya en Hollywood, estuvo un par de años dirigiendo algunos programas de televisión hasta que la Warner le consiguió un contrato para dirigir Adictos al amor (Addicted to Love, 1997), una comedia romántica con Meg Ryan y Mathew Broderick de por medio. Pero el mexicano tras leer el guión de la adaptación de la novela La princesita prefirió dirigir este proyecto a el que le habían ofrecido previamente, y no me extraña, yo hubiera cogido cualquier otro proyecto con tal de no hacer esa película. Finalmente, La princesita no fue ningún éxito en taquilla pero aún así estuvo nominada a dos Oscars y cosechó sorprendentes buenas críticas en su momento.

Nunca me había cruzado con esta película, y eso que es de mi época, debería de haberla visto cuando era un renacuajo pero no tengo recuerdo alguno de ella así que doy por hecho que es la primera vez que la veo. Es una película puramente infantil que intenta tener matices adultos pero se queda en el intento, en todo caso sería lo que son los adultos desde el punto de visto de los niños. Me resulta excesivamente melodramática y ñoña a partes iguales, sí, es esa clase de película. No llego a conectar del todo con esta cinta por culpa de unos personajes tan estereotipados (la mala es muy mala y la buena es muy buena). La niña protagonista es un personaje que no me gusta nada y eso me molesta porque cuenta con actores (más bien actrices) que al menos hacen gracia, uno de los puntos más positivos de la propia película. Quiero mencionar también que Becky es curiosamente la misma actriz que interpretó a la hija de Ian Malcolm en la infame El mundo perdido: Jurassic Park (The Lost World: Jurassic Park, 1997). Y sí, el padre de la protagonista es Liam Cunningham, Davos Seaworth -Caballero de la Cebolla para los amigos-  de Juego de Tronos. 

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La princesita tiene un problema bastante grande, y es que creo que ya para el año en que se estrenó era una película antigua, eso, o ha envejecido muy pero que muy mal. Donde más se nota esto último es en las ridículas escenas que cuenta cierta historia donde sale un monstruo que da vergüenza ajena, si hasta me atrevería a decir que las criaturas que salen en las numerosas secuelas de los ochenta de Pesadilla en Elm Street son más creíbles. La dirección de Cuarón no está mal, sobre todo teniendo en cuenta que dirige a niñas pequeñas, que es todo un handicap, por no hablar de que es la primera película que dirige en habla inglesa. A Lubezki o bien le cortaron las alas o estaba desganado con el proyecto, porque la fotografía sin ser mala -de hecho hay algunas escenas realmente bien en este aspecto- no destaca como debería, al menos para mí gusto porque para la Academia fue uno de los mejores trabajos del año.

Quizás lo mejor de la cinta sea su inspirada banda sonora, compuesta casualmente por Patrick Doyle, del que hablé en la primera parte de Harry Potter a través de su banda sonora, de hecho, el vals que suena en una de las primeras escenas de esta película es la fuente de inspiración de mi querida Potter Waltz. La princesita tiene muchos fallos, y el tiempo le ha jugado una mala pasada pero no negaré que al menos me ha entretenido. En fin, si no os van las ñoñerías ni las películas que casi te obligan a que llores, ni se te pase por la cabeza acercarte a ella. Por otro lado, tengo curiosidad por saber que pensaran de ella los que la vieron cuando eran unos inocentes niños y ahora la revisionen. [5,5]

Daniel Escaners

No es la primera vez que hablamos por estos lares de una película destinada a un público infantil, y siempre es un tema tan interesante de discutir como difuso a la hora de aclarar cómo debería ser y a qué debería aspirar un obra que tiene a los niños y niñas en la cabeza. Entretenerles seguro. Gustarles también. Pero, y este es uno de los puntos más interesantes a tratar, ¿deberían dejar también una puerta abierta para que la gente con más canas pudiera entrar en el juego, o al menos comprender por qué los pequeños la están disfrutando? Yo creo que, dejando claro desde un inicio a quién va destinada la película, es algo necesario. Y La princesita me ha cerrado la puerta en todas mis narices desde el primer minuto.

Vale, empezamos la película y se nos deja claro que nos encontramos ante una obra enfocada al público infantil, con una niña protagonista que entra en una escuela interna (solo de chicas) porque su padre debe ir a luchar en la I Guerra Mundial. Bien, los códigos están sobre la mesa y si vemos algún diálogo sobre-explicativo no nos deberíamos alarmar pues ya hemos sido avisados de la naturaleza de la historia. Ahora bien, una cosa es dejar claros todos y cada uno de los puntos de lo que cuentas, para que los pequeños no se pierdan, y otra muy diferente es ser absurdamente reiterativo y plantar cada cosa en la cara del espectador como si fuera tonto. Lo he dicho muchas veces: los niños son de todo menos tontos. Hay una escena al principio de la película en la que la maestra (un personaje insoportable y contradictorio) está presentando a nuestra protagonista delante de toda la clase y dice una frase así como “Seguramente se vaya a convertir en la niña más popular”, metiéndonos mientras un plano de otra niña con cara de indignada, dándonos a entender que esa es la “bitch” del grupo. Primero, no tiene sentido que la maestra diga esa frase. Segundo, ¿en serio hay que ser tan evidente? ¿Tanto?

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Solo hay una razón por la que entendería que Cuarón hubiera cogido este proyecto después de su primera película (además de lanzarse al inglés), y es trabajar con actores infantiles, en este caso niñas. La dirección de actores es algo muy complicado y que un director debe cuidar a la perfección, pues en gran medida la credibilidad de lo que vemos en pantalla depende de ello, y trabajar, coreografiar y dirigir a ese enorme grupo de niñas seguramente le hizo mejorar en esta faceta; además, el plano interpretativo es uno de los más salvables de la película.

Me sorprende descubrir que La princesita fue una película bastante bien recibida en general y que hay gente que la tiene como una entrañable cinta de la infancia. A un servidor no se le cruzó en el camino; quizá sea una de las razones por las que soy tan duro con ella, que el factor nostálgico no me condiciona, pero realmente pienso que es un film tirando a lo mediocre, a lo absurdo, con personajes que avanzan en sus relaciones no porque lo veamos en pantalla sino porque lo pone en el guión, con diferentes escenas salpicadas de un humor que no hace gracia (quitando a la niña gritona, muy adorable ella)… Sí, Cuarón tuvo más medios y seguramente la experiencia valió la pena para él y aprendió mucho, pero como espectador me he sentido fuera del juego, como si la película estuviera orientada a un público infantil que necesita las cosas muy, muy masticadas. Demasiado. Y eso, sabiendo qué tipo de director es y conociendo su filmografía, no me encaja en absoluto. [4]

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