[Ciclo Coen] Sangre fácil

No hace mucho que terminamos el ciclo dedicado a Richard Linklater y ya nos embarcamos en una nueva aventura que nos conduce al cine de Joel y Ethan Coen, más conocidos como los hermanos Coen. Para ello empezamos, como siempre, por el principio, con su ópera prima, que además es una de las películas más comentadas y aplaudidas de este dúo: Sangre fácil (Blood Simple, 1984).

Daniblacksmoke

Hemos llegado a un nuevo ciclo, y uno bastante esperado por nosotros. También es la primera vez que le dedicamos un ciclo a dos hermanos, pero realmente es uno pues se les conoce por el apodo de “el director bicéfalo”: llevan tanta coordinación uno con el otro y son tan iguales en temática y estilo que es como si fuera uno. Empecemos por el principio: Joel y Ethan Coen se llevan tres años entre sí y ambos son de Minneapolis, Minnesota. El primero estudió cine en la Universidad de Nueva York mientras que el pequeño de los hermanos estudió filosofía en la Universidad de Princeton. El binomio perfecto. Joel, tras graduarse, empezó a trabajar como ayudante de montaje (rama por la que se decía que desarrollaba verdadero talento) en un par de producciones. Una de ellas fue Posesión infernal (The Evil Dead, 1981), de Sam Raimi. Hasta que los dos hermanos decidieron realizar una película juntos.

Esta ópera prima sería conocida como Sangre fácil. Y, precisamente, no fue muy fácil financiarla. Ambos estimaron que el presupuesto para hacer la película debía ser de cerca de 1.5 millones de dólares. Y, obviamente, no tenían ese dinero. Así pues decidieron seguir los pasos del ya amigo y compañero de los hermanos, Sam Raimi, que grabó un corto de unos pocos minutos que tenía la esencia de la película que quería financiar (Posesión infernal), y los Coen hicieron lo mismo para su Sangre fácil desarrollando un “trailer” de dos minutos que ellos mismos protagonizaban. Fueron enseñando la cinta por eventos e incluso por casas y sitios de trabajo de quien les dejara. Tardaron un año en llegar a la cifra necesaria, aupada por inversiones hechas por familiares, amigos, vecinos y algún que otro filántropo (y se puede decir que estamos ante una suerte de pionera en esto de producciones financiadas por crowdfunding antes de que el propio concepto existiera). Finalmente se estrenó en 1984 en el Festival de Toronto, suponiendo todo un éxito. La crítica la consideró una de las mejores películas de su año y fue galardonada con el Gran premio del jurado en Sundance y el de Mejor director en los Independent Spirit Awards (compartido con Scorsese y su ¡Jo, qué noche!). En taquilla consiguió recaudar el doble de lo que había costado.

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En Sangre fácil volvemos a Texas (después de haber estado allí con Linklater durante casi toda su filmografía) con un thriller/neo-noir en el que ya se vislumbran los temas que les interesa tratar a los hermanos, abanderados por malentendidos, grandes ironías e infortunios nada oportunos. La facilidad de los Coen para desarrollar tanto drama como comedia es algo que iremos viendo a lo largo de este ciclo. Sangre fácil, de hecho, se puede considerar la predecesora de las dos obras más conocidas y alabadas de los hermanos, Fargo (íd., 1996) y No es país para viejos (No Country for Old Men, 2007), y no podrían ser más diferentes entre sí. Pero así es el cine de los Coen. Dentro de Sangre fácil no solo contemplamos los temas que les interesa si no que ya podemos captar su esencia y presenciar una más que brillante dirección. La historia principal de sus guiones (como en está ocasión) suele ser más bien simplista, pero se va enriqueciendo a raíz del interesante devenir de sus personajes y los inteligentes giros que recaen en sus tramas. Sin dejar de lado su retorcido pero aplaudido sentido del humor, que funciona a la perfección y conecta con ese ambiente tan opresivo como mundano.

Lo sorprendente de Sangre fácil es que supuso el inicio de varias carreras cinematográficas. Por un lado tenemos obviamente a los hermanos Coen, pero también encontramos el debut interpretativo de Frances McDormand, en el rol protagonista de la obra. McDormand y Joel Coen se casaron el mismo año que se estrenó Sangre fácil y no ha parado de salir en sus películas desde entonces, perteneciendo al selecto grupo de actores fetiche que tienen los hermanos. Pero esto no queda ahí, ya que para la fotografía de Sangre fácil, Joel contactó con un compañero que había estudiado con él en Nueva York, Barry Sonnenfeld, que en el futuro será conocido como el director de la trilogía de Men in Black o las dos películas de La familia Adams. Y para más inrí también supone el estreno de Carter Burwell como compositor, y que será a partir de aquí el encargado de la banda sonora de toda la filmografía de los Coen (a excepción de un par), pero también han contado con él directores como Spike Jonze o Todd Haynes, con este último compuso, entre otras, la BSO de Carol con la que se llevó su primera nominación al Oscar.

Me falta por destacar la interpretación de M. Emmet Walsh como ese característico detective privado así como el genial montaje de Roderick Jaynes, que no es más que un seudónimo que utilizan los propios Coen para montar sus películas (son unos cachondos). Los cuales por cierto se reparten los créditos aunque hagan las mismas funciones. Ambos son los directores y productores de sus obras pero Joel figura como director y Ethan como productor, esto sería así durante veinte años. Concluyendo, Sangre fácil me parece una de las mejores óperas primas que he visto y una de las más potentes de las que hemos tratado de todos los ciclos que llevamos hasta la fecha. Nos vemos en Arizona. [★★★½]

Daniel Escaners

Arrancamos otro ciclo y lo hacemos con una ilusión tremenda. Personalmente tenía enormes ganas de ponerme con la filmografía de los Coen de una forma ordenada y cronológica, pues las películas suyas que he visto (la mitad) han llegado a mí de una forma casi caótica, y quería tener la experiencia de ir viendo cómo han ido evolucionando poco a poco. Para ello, cómo no, empezamos con su ópera prima, que de momento solo acreditaba a Joel Coen como director, aunque con un guión de los dos hermanos: Sangre fácil.

Éste era uno de los filmes que vi hace tiempo, cuando me estaba adentrando en el cine de los Coen de forma desordenada, y mis recuerdos no eran especialmente positivos. Me pareció una película demasiado seca, no sentía ningún vínculo con los personajes y todo lo que sucedía en pantalla me llegaba con una frialdad tremenda. Sin embargo, y por suerte, este revisionado me ha abierto los ojos, quizá porque mi forma de ver el cine ha evolucionado desde aquel entonces o quizá simplemente porque esta vez he tenido la suerte de entrar en su ritmo y en su propuesta al estar más familiarizado con las señas de identidad de estos hermanos: el caso es que Sangre fácil me ha parecido un estupendo film que ya muestra, de primeras, el estilo que los Coen desarrollarán más adelante.

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Como volverán a hacer en filmes posteriores, y recordando a la que está considerada una de sus obras cumbres, de nombre Fargo, a la que ya llegaremos, Sangre fácil desarrolla una historia que podría ser típica y tópica en el papel pero que, gracias al planteamiento y a la consecución de infortunios (casi cómicos), acaba convirtiendo a la película en una obra singular. Ya no solo por un inteligente guión, que te presenta el conflicto de una forma clara y lo enreda con ironía y mucha mala leche, sino también por la dirección y el montaje de los Coen, con ese ritmo que parece adaptarse a la velocidad a la que late el corazón de los personajes en pantalla. Por otro lado, contamos con un buen reparto, destacando a unos más que correctos M. Emmet Walsh  y Frances McDormand.

Es agradable darse de bruces con una ópera prima que demuestra, ya de primeras, el estilo que sus directores mantendrán (con mayor o menor variación, que los Coen han tocado bastantes géneros) a lo largo de su filmografía. Sangre fácil es una película rodada con pulso firme, con un guión estupendo y una realización que sacaba provecho del bajo presupuesto de una forma tremendamente inteligente. Un inicio genial que sirve para arrancar con un ciclo que, esperemos, sea tan satisfactorio como parece que va a ser. [★★★½]

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