[Ciclo Kubrick] Barry Lyndon

Stanley Kubrick volvería a llevar a una novela al cine, en este caso firmada por William Makepeace Thackeray, con Barry Lyndon (íd., 1975), la historia de un humilde joven que, por acciones propias y casualidades del destino, se ve envuelto en escaramuzas bélicas y relaciones con la más alta nobleza del siglo XVIII. Nos adentramos en las preciosas tierras europeas para hablaros de ella.

Daniblacksmoke

Son recordados los numerosos proyectos que Kubrick, por una cosa u otra, al final no acabó realizando. Sin duda, uno de los más conocidos es el del mastodóntico biopic que el director quería hacer sobre Napoleón Bonaparte, del cual estuvo bastantes años investigando, leyendo sobre aquel periodo histórico, planeando planos y escribiendo el guión. Finalmente no se pudo hacer por el impagable presupuesto que se requería para hacerlo como Kubrick pedía. Todo el trabajo de pre-producción que hizo para aquella le sirvió como base para Barry Lyndon, un proyecto que comenzó a principio de los setenta basado en la novela victoriana La suerte de Barry Lyndon. Igualmente, el proceso de preparación de la obra fue titánico a niveles obsesivos -como viene siendo habitual en Kubrick- con tal de representar la época del siglo XVIII lo más fiel posible. No solo la pre-producción fue extensa y ardua, sino que el rodaje fue uno de los más largos de su carrera y de la historia del cine hasta ese momento demorándose, hasta los trescientos días (record que el propio Kubrick superaría en el futuro). Aunque Kubrick tranquilizó a la Warner diciéndoles que cuando la cinta ganase el Oscar “se haría tan famosa que saldría por el tejado”, la esperada noche de premios no fue más que la de Milos Forman y su Alguien voló sobre el nido del cuco (One Flew Over the Cuckoo’s Nest, 1975). A pesar de no llevarse los premios más importantes a los que estaba nominada consiguió llevarse el Oscar a mejor fotografía más merecido de la historia de los premios y los de mejor dirección artística, vestuario y canción original de la BSO.

Barry Lyndon era la única película que me quedaba por ver de la filmografía de Kubrick, y ojalá me hubiera puesto con ella antes. Lo que más impacta de la obra es su belleza visual, y cómo Kubrick consigue hacer de cada plano un lienzo en movimiento. De hecho, la fotografía -a cargo de John Alcott– está inspirada en varios de las tendencias artísticas del siglo XVIII. Esto consigue observarse aún mejor gracias a la -repudiada por aquel entonces- técnica del zoom, que se emplea aquí de forma inteligente para transportar al espectador a través de la escena añadiendo cada vez más elementos al plano de una forma suave y fluida. Como viene siendo habitual en las películas de Kubrick, Barry Lyndon supuso un nuevo escalón en cuanto a las innovaciones técnicas del medio. El reto esta vez se encontraba en la iluminación ya que nuestro querido director veía demasiado falsas las películas de época debido a este apartado. Su intención fue la de grabar en interiores con luz natural, o en todo caso apoyadas por la luz de las velas. Y así lo hizo, gracias a unas lentes especiales Carl Zeiss diseñadas para los aterrizajes lunares del Programa Apolo de la NASA.

Se tilda a Kubrick de ser un director frío, sin embargo Barry Lyndon es uno de los filmes más humanos y emotivos del realizador, a pesar de que el mensaje final de la película nos descubra una visión pesimista de la condición humana. Retrata la vida de Redmond Barry, una vida de ascenso y caída. De amores, pérdidas, figuras paternales, fortuna, batallas, desgracias, hipocresía y cinismo. Durante el camino vital que recorre Barry somos testigos de toda una galería de personajes pintorescos que plagan una Europa dieciochesca perfectamente ambientada. No es mi intención pararme a analizar concienzudamente el argumento y la perfecta narrativa de la obra, tranquilos, pero da para escribir libros enteros, os lo aseguro. Sin embargo me quisiera detener por un momento en la banda sonora. La música de Barry Lyndon es toda una recopilación de grandes composiciones del siglo XVIII -con la excepción de la estupenda Piano Trio In E-Flat de Schubert– adaptadas por Leonard Rosenman. Otros temas como Woman of Ireland fueron tocados por la banda de música celta The Chieftains.

El reparto actoral del filme es bastante diverso contando principalmente entre los secundarios a caras conocidas de la filmografía del director, y entre las nuevas caras tenemos a Ryan O’Neal en el mejor papel de su carrera como el propio Barry Lyndon, la guapísima y enigmática Marisa BerensonMurray Melvin como el creepy reverendo Samuel Runt. En definitiva, no creo que olvide esta cinta jamás y le esperan una infinidad de revisionados. Una de las películas más maravillosas que he tenido el placer de ver. El metraje no se me hace pesado en absoluto, a pesar de las tres horas y poco que dura. Sin duda mi favorita de Stanley Kubrick y para mí es la obra maestra de sus obras maestras. [10]

Daniel Escaners

Ya han pasado un buen puñado de días desde que revisioné Barry Lyndon de cara a este ciclo, y desde entonces he estado pensando en cómo iniciar mi sección del artículo. Hay mil cosas que decir de la película, y eso me impulsa a compartir mi entusiasmo hacia ella a la vez que me intimida la posibilidad de dejarme temas sin tocar, algo que, ya adelanto, voy a hacer. Podría empezar diciendo que Barry Lyndon es una obra colosal y, con toda probabilidad, la película visualmente más bonita que un servidor ha visto en lo que lleva de existencia.

Como entrar a diseccionarla no es uno de los objetivos de este texto, voy a resumir mis sensaciones. La primera vez que vi esta obra maestra de Kubrick me quedé maravillado, primero, por la cantidad de planos de una belleza arrebatadora, y segundo, por la fluidez de la que hacía gala una historia tan llena de infortunios como de buena suerte. Se me hizo larga, eso también es verdad: las tres horas de la cinta, dividida en dos partes muy claras, me causaron cierta fatiga, especialmente en el tramo medio. Por eso, a la hora de encarar la revisión, tenía miedo de que el ya conocido apartado visual no consiguiera disimular mejor un metraje quizá no excesivo, porque en absoluto se siente que algunas partes sobren, pero sí exigente.

Tres horas después de haber iniciado la segunda vuelta me descubrí en una situación bastante similar a la ya conocida: la de haber disfrutado una obra enorme, con el apartado visual más bonito que ha pasado por delante de mis ojos, y con un pequeño desequilibrio entre sus dos fragmentos (disfruto bastante más del primero que del segundo) que, sin embargo, no empaña la que es una obra maestra. Es de sobra conocido que Kubrick decidió rodar la película sin utilizar luz artificial, y aunque temeraria fue una decisión tremendamente acertada, introduciéndote aun más en la ambientación; destacar esas escenas en interiores a la luz de las velas, con unos preciosos tonos anaranjados.

Que tachen de loco al que se atreva a elegir sus cinco planos favoritos de Barry Lyndon, pues, aunque posible, serían muchos los “cuadros cinematográficos” que se quedarían fuera de la selección. Insoportable no destacar todos y cada uno de ellos. Un alarde de composición, dirección y producción, una de las mejores películas de época que he visionado jamás y una de las obras más impresionantes e intimidantes de Kubrick. El detallismo era esto. [9’5]

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