[Ciclo Kubrick] Espartaco

Tras la brillante colaboración entre Stanley Kubrick y el actor Kirk Douglas en la anterior película del director, ambos se encontrarían poco después en Espartaco (Spartacus, 1960), una superproducción en un período en el que el cine péplum estaba en su máximo esplendor. Kubrick acabó considerando esta obra como una pieza de encargo y Douglas terminó cansado con el director, inflexible en cuanto a su visión, y nos toca a nosotros, muchos años después, aventuramos a comentar una película mítica.

Daniblacksmoke

No se puede decir precisamente que Espartaco sea una obra puramente de Kubrick. Primero porque se incorporó cuando el proyecto ya había empezado -con Anthony Mann de director- pero Kirk Douglas, el verdadero artífice de que la producción fuera adelante, tuvo disputas con Mann y vio en Kubrick a su sustituto. Aparte Douglas, a pesar de la insistencia de Stanley, no le dejó eliminar las primeras secuencias ya dirigidas por Mann. Segundo que apenas pudo intervenir en el guión del filme, cosa nada común en el resto de su filmografía. La película fue de las más populares y taquilleras de su año y aunque fue galardonada con cuatro Oscars (de seis nominaciones), no estaba presente en ninguna categoría principal. Esto último puede entenderse como un tipo de castigo por parte de la Academia hacia la jugada que Douglas había hecho para que Dalton Trumbo, guionista de Espartaco y perseguido por el macarthismo, figurará con su nombre real en los créditos siendo así de las primeras películas que desobedecía la polémica lista negra.

Se nota desde el minuto uno que estamos ante una superproducción, doce millones de dólares, lo que se gasta James Cameron para comer un día cualquiera. Esos escenarios, ese reparto, no me extraña que fuera una de las películas que más diera que hablar en su año. En ella se respira una epicidad que la historia necesita, como cualquiera dentro de ese género tan manido como el péplum, que para variar, sobrepasa las tres horas de duración. El guión me parece que ahonda en temas recurrentes en este tipo de películas, pero de una forma algo más inteligente de lo normal: la relación de Espartaco con Varinia y los diálogos en general pero sobre todo los que tienen que ver con los políticos y altos cargos de Roma así como ese dialogo sobre la bisexualidad que se censuró cuando se estrenó. La parte que más disfruto es en el primer acto en la escuela de gladiadores pero la película cuenta con grandes momentos sobre todo situados en el último acto de la misma, aunque hay tramos que se hacen inevitablemente pesados.

El reparto no es solo estelar por su fama, realmente todos hacen unas interpretaciones totalmente plausibles. Kirk Douglas es el pilar fundamental y probablemente sea su papel de Espartaco el más icónico de toda su carrera. Pero no se quedan lejos actorazos de la talla de Charles LaughtonLaurence Olivier. Peter Ustinov se llevó el único Oscar interpretativo de la película, y con razón. Tampoco puedo ignorar el trabajo de Jean Simmons en su papel de Varinia. Destacable es sobre todo el apartado artístico tanto en vestimentas como en decorados, algo que no puede fallar nunca para hacer una película ambientada en la Antigua Roma. La banda sonora acompaña esa epicididad que comentaba antes (sobre todo para un espectador de los sesenta) y fue compuesta por Alex North, más bien conocido por haber escrito una de las canciones más populares de la historia: Unchained Melody.

Por mucho que no le gustara la labor que hizo en ella, Kubrick está presente en Espartaco y se nota su mano. Me parece reseñable que este sea el primer largometraje del director a todo color (gran fotografía de Russell Metty) aparte de ser el único de toda su obra -junto a 2001: Una odisea en el espacio (2001: A Space Odyssey, 1968)- rodado en CinemaScope. No estamos ante la película perfecta de Kubrick ni de las mejores de su filmografía pero es una cinta llena de escenas para el recuerdo. Quién no aprecie Espartaco siempre puede al menos estar contento de que gracias a ella Kubrick fue catapultado al éxito pudiendo hacer proyectos más personales como los que nos tocará hablar en las próximas semanas. Y si no, siempre nos quedará el hecho de que el señor Stanley rodó en Madrid, Guadalajara y Alcalá de Henares. “¡Yo soy Espartaco!” [7,5]

Daniel Escaners

Sé que es pronto para decirlo ya que apenas hemos dado unos cuantos pasos en nuestro ciclo dedicado a este genial director, pero no me deja de asombrar la capacidad de Kubrick para tocar tantos géneros y sentirse tan cómodo en todos y cada uno de ellos. Decía un profesor al que he tenido el placer de escuchar y aprender de él este año, Juan Francisco Viruega, que aunque todas las películas de Kubrick fueran diferentes y se enmarcaran en distintos campos, cada vez que veías una sabías que llevaba la firma del señor Stanley. En Espartaco he sentido eso.

Desconocía que el propio Kubrick considerara a esta película una pieza de encargo, casi renegando de ella, pero al mismo tiempo me sirve para confirmar que todo lo que tocaba la varita de este hombre absorbía su espíritu y se veía marcado por su sello. Espartaco nos cuenta la historia del famoso tracio que, liderando una rebelión en la escuela de gladiadores a la que había sido vendido, inspiró a miles y miles de esclavos para alzarse en armas y poner en jaque al poderoso e inabarcable imperio romano. Una historia épica que en esta cinta se desarrolla a lo largo de tres largas horas que, sin embargo y para alegría de un servidor, se pasan de una forma agradable y ligera.

Mi principal miedo a la hora del visionado de Espartaco era, aparte de que el género péplum no se encuentra entre mis favoritos (aunque también es verdad que no lo he visitado tanto como debería), que pesaran los años a una película con más de medio siglo a la espalda. Por suerte, y gracias a una espectacular producción y a la magnífica realización de Kubrick, la noto muy actual, muy vigente; es cierto que si la comparas con obras más recientes del género, como puede ser Gladiator (íd., 2000), se siente el paso de las décadas, pero entre la intensa historia y la capacidad del director para guiarte por ella con inteligencia y buena mano apenas sientes la necesidad de las a menudo innecesarias comparaciones.

La principal pega que le pongo a la película es que la línea que transcurre en Roma, mientras Espartacus avanza con sus fieles, está dibujada a mano alzada; nos la venden como una trama de intriga y traiciones, y algo de eso tiene, pero no puedo evitar desear el final de esos fragmentos para retornar al lado del tracio. Quizá también sea por la inmortal interpretación de Kirk Douglas, o porque la mayoría de los mejores momentos de la cinta (“I’m Spartacus! I’m Spartacus! I’m Spartacus!”) transcurren en la historia de la búsqueda de la libertad y la dignidad. No es una película falta de errores y no se encuentra entre mis favoritas de Kubrick, pero dudo mucho que la olvide. [7’5] 

Comentarios