[Ciclo Linklater] Antes del amanecer

Este ciclo continúa cual tren atravesando Europa, y nuestra siguiente parada es Viena. Nos dirigimos hacia allí para hablar de una película única y clave en la carrera de Richard Linklater, que inició una trilogía amada por tantos: llega el momento de Antes del amanecer (Before Sunrise, 1995).

Daniblacksmoke

Llegamos a una de las películas clave en la filmografía de Linklater. Antes del amanecer es la primera entrega de su alabada y querida trilogia romántica. La idea surgió de la propia experiencia del director con una chica que conoció en Filadelfia. El guión, como muchos creen, no es solo de Linklater, para su elaboración contactó con Kim Krizan (que había tenido pequeños papeles en sus dos cintas anteriores) para crear a los personajes; pues según él esto no se podía hacer sin una visión femenina. A pesar de aquello, y que el guión se escribió en la friolera de once días, el guión fue reescrito en parte por los dos actores principales. La película se estrenó en Sundance pero donde realmente triunfó -suponiendo así el primer gran triunfo de nuestro citado realizador- fue en la Berlinale, donde obtuvo un Oso de Plata al mejor director. No solo eso ya que tanto la crítica de su año como la actual adoran el filme, colándose siempre en rankings importantes del género. Por otro lado, en taquilla hizo algo menos que con Movida del 76 (Dazed and Confused, 1993).

La relación de Jesse y Céline es de las más celebres de la historia del cine e incluso me atrevería a decir que es una de las mejores que he visto en pantalla. Esas miradas, esas conversaciones, ese nerviosismo característico de cuando te gusta una persona, ese beso en la noria… son demasiadas cosas. Y sin duda creo que el mérito aquí -o al menos gran parte de ello- es del casting, no podían ser otros. Ethan Hawke y Julie Delpy tienen una química innegable y, como en la ficción, uno complementa al otro. La premisa no podía ser más simple, pero de ella surge una bonita historia que no resulta tediosa a pesar de que solo estás contemplando caminar y conversar a la pareja. Una relación de una noche más sólida y querida que muchas que vemos de años. Y seamos serios, es pura utopia. Nadie -o un porcentaje mínimo- puede haber tenido una relación así.  Pero esto es el cine, señores. Eso sí, pocas películas tratan tan bien a los veinteañeros, esa edad que, junto a la adolescencia, está tan maltratada y llena de clichés en el séptimo arte. Aquí los tratan como lo que son, personas corrientes.

La dirección de Linklater me parece digna de mención, consigue que toda la película sea como una especie de fantasía. De hecho, en el revisionado para el ciclo he vuelto a ella como quien echa la vista atrás a los primeros días de relación con su gran amor. Una sensación extraña envuelve toda la obra. Positiva, claro. Un aura especial. También filma una Viena por la que da gusto ver pasear a los tortolitos. La gente que la puebla entra y sale de la película de una forma anecdótica y normalmente suelen dar pie al joven estadounidense y la joven francesa para un nuevo tema vital del que tratar en su conversación. Y es que los diálogos son gloria bendita. Tocan todos los palos posibles, y en una hora y media ya sabemos todas sus debilidades y virtudes. Cierto es que Linklater ya era experto en tratar narrativamente a personajes en un limitado tiempo en la ficción, de hecho es su tercer largometraje serio consecutivo en el que toda la acción transcurre en menos de veinticuatro horas. 

Lo mejor de todo esto es que no he visto las dos secuelas que continúan la historia y no puedo más. Necesito saber cómo les ha ido la vida a Jesse y Céline. Necesito avanzar en su historia conjunta y ver cómo resulta. Esperemos que sea más pronto que tarde cuando lo descubra. Esta Antes del amanecer tiene momentazos para el recuerdo como el mencionado beso en la noria, numerosos planos secuencia sin mucho artificio enfatizando el “feeling” entre ambos -el juego de miradas en la cabina de la tienda de música es maravilloso- o la gran despedida. Como decía, una película única; y un romance como pocos. [★★★★]

Daniel Escaners

En ocasiones me es difícil hablar de mis películas favoritas porque al pensar en ellas me vienen mil cosas a la cabeza y me atasco en el intento de explayar por qué me conquistan. No ocurre con todas, y también es verdad que no ocurre siempre. En este momento, a la hora de escribir las líneas que estáis leyendo, me encuentro en la situación de no saber muy bien qué decir sobre Antes del amenecer y, al mismo tiempo, siento la necesidad de hablar de ella hasta el fin de los días.

Es una película especial para mí. Más allá de análisis cinematográficos, aunque sin duda relacionado con ellos, se encuentra lo que me hace sentir, lo mucho que me marcó la primera vez que la vi y el gran placer que ha resultado volver a pasear por Viena con Jesse y Cèline. Quizá sea una película especial por mi intención de ser guionista, viendo en el libreto escrito por Richard Linklater y Kim Krizan un manual de cómo desarrollar diálogos de una forma natural, siendo capaz de tratar temas universales sin descuidar lo más personal, la relación que está (o quizá no está) naciendo. El cómo elevar un punto de partida simple como es el de dos personas que se acaban de conocer y pasean por una ciudad en algo más, en una enorme y preciosa pizarra en la que se van escribiendo pensamientos, ideas, sentimientos y vivencias. Además, la relación parace estar destinada a un solo instante, a una tarde, a una noche, a ni siquiera una mañana; parece que el viento no tardará en borrar la tiza.

Esos magníficos diálogos necesitaban de dos grandes actores, de intérpretes capaces de inyectarle naturalidad a las frases, de ser carismáticos y, sobre todo, de tener química entre ellos. El trabajo de Ethan Hawke y Julie Delpy me sigue dejando sin aliento. Me resulta fascinante su capacidad para desarrollar lo escrito en el guión de una manera en la que casi nos hacen sentirnos unos cotillas, como si estuviéramos escuchando una conversación privada y tan estimulante que no pudiéramos dejar de alagar la oreja. Consiguen, junto a la mano de Linklater en la dirección, que la cámara se vuelva invisible y se transforme en una ventana a una situación extraordinaria y preciosa. Una ventana a la que, por supuesto, nos mantenemos asomados durante hora y media. Queremos verles pasear, hablar y discutir, a la vez que cruzamos los dedos para que eso sea un “hasta luego” y no un “adiós”.

Antes del amanecer es una de mis películas favoritas, dentro de una de mis más amadas trilogías del séptimo arte (y que ya iremos comentando a lo largo del ciclo). Resumiría mi opinión en la sonrisa tonta que mantengo durante todo el metraje y la sensación de angustia que siento en la última escena, cuando la travesía se ha terminado, cuando hay que volver al mundo real. En el momento que aparecen los créditos yo también vuelvo a la realidad, todavía disfrutando los ecos de ese paseo por Viena, de esas conversaciones, de esas sensaciones. Me inundan las ganas de subirme al siguiente tren, y de hablar con un amigo utilizando mis dedos como teléfono. Qué escena. Qué película. [★★★★½]

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