[Ciclo Linklater] Antes del atardecer

Nueve años después del estreno de Antes del amanecer llegaba el segundo encuentro entre Jesse y Céline, titulado —cómo no— Antes del atardecer (Before Sunset, 2004) y en el que Richard Linklater, con la definitiva ayuda de Ethan Hawke y Julie Delpy en el guión, seguía indagando en las relaciones y aspiraciones mediante diálogos para el recuerdo. Paseemos con ellos por las calles de París.

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Las secuelas son algo a lo que estamos acostumbrados a ver en el cine comercial. Y aunque un puñado se hace por intereses artísticos, el dinero y lo que haya triunfado en taquilla la primera parte es lo que manda. En el cine más independiente no se puede decir lo mismo. En este caso, Antes del amanecer no fue ningún taquillazo, ni mucho menos. Pero sí es una película que se hizo con mucho cariño y que los críticos y un sector del público la adoraban. Con esto claro, Antes del atardecer surge porque Linklater, Hawke y Delpy querían continuar desarrollando la historia de Jesse y Céline, ningún estudio estaba detrás rogándoles que la hicieran. Finalmente se acabó rodando con un presupuesto muy similar al de su predecesora y se filmó todo en dos semanas. Volvió a ser, una vez más, un exitazo entre la crítica mientras que recaudaba solo algo más de lo que hizo la primera entrega de la saga. Además, por primera vez, la Academia reconocía el trabajo de Linklater nominándolo (junto a Hawke, Delpy y Krizan) al Oscar por Mejor Guión Adaptado.

Por fin continúo con esta trilogía. Entiendo todo el amor y cariño hacia esta saga —sin haber visto aún la tercera, ya llegaremos—, de hecho yo mismo ya me siento parte de la relación entre la francesa y el norteamericano. Verlos juntos de nuevo vuelve a ser toda una experiencia y me atrae mucho el hecho de que gran parte de la misma se cimente sobre aquel mágico día, el que presenciamos en la preciosa Antes del amanecer. La historia en este ocasión es más realista, ambos personajes tienen los pies en la tierra, son más maduros. Y para no serlo, han pasado nueve años de aquel día por Viena. Ahora le toca el turno a otra ciudad europea: París. La ciudad del amor —nunca mejor dicho— luce por momentos, y eso que Linklater no cae en la fácil, que hubiera sido el pasear alrededor de los monumentos y zonas más emblemáticas de la ciudad.

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La relación y la química entre ambos personajes es lo que hace que nos atraiga esta historia. Y tanto Ethan Hawke como Julie Delpy están a la altura de la situación, actuando con más naturalidad aún incluso que en Antes del amanecer. Tengo una cosa bastante clara con este filme y es que sin duda es el vehículo de lucimiento de la actriz francesa. Delpy está maravillosa. Algo que se ve en escenas emblemáticas como la del coche o el vals que canta cerca del final, pura magia. En la conversación constante de esta entrega se tocan temas que en la anterior ni pasaron por encima como los problemas matrimoniales, los arrepentimientos de una mala decisión, las casualidades de la vida, el sexo de forma más abierta, madurar y envejecer, etc. Todo esto apoyado otra vez por largos planos secuencias y una habilidad de Linklater para hacerte partícipe de la conversación, como si estuvieras allí con ellos dos.

Algo que me atrae bastante de Antes del atardecer es que en esta ocasión se nota aún más el tiempo que tienen ambos para estar juntos, que es escaso y esa prisa le da cierto sentido de realismo a la situación. La película casi sucede en tiempo real y cuando, durante cierta canción de Nina Simone, se va a fundido a negro darías lo que fuera por volver allí a seguir viendo que pasa con Jesse y Céline. De nuevo, Linklater nos pone en la tesitura de que nos imaginemos qué pasa entre ambos tras ese fundido. Y es algo que me muero de ganas por descubrir en Antes del anochecer. La obra que hoy nos ocupa es una digna secuela y una experiencia gratificante sin duda. [★★★½]

Daniel Escaners

Al final de Antes del amanecer te quedabas con la duda de si Jesse y Céline se iban a volver a encontrar seis meses después, si de verdad después de ese tiempo iban a regresar a Viena para comprobar si el otro también había cumplido su promesa. Me encanta, por ello, que Richard Linklater —con la ya reconocida en créditos colaboración de Ethan Hawke y Julie Delpy a la hora de escribir el guión— decidiera tomar el tiempo real del estreno de la película (nueve años entre la primera y esta continuación) y utilizarlo dentro de la propia ficción: han pasado nueve años desde esa mágica noche por las calles de Viena, y ambos han seguido sus propios caminos. Pero, cómo no, éstos volverán a cruzarse.

Siempre le he tenido un enorme cariño a Antes del atardecer porque mientras la primera representa la intensidad de un amor que parece ser fugaz, y la tercera —a la que ya llegaremos— propone temas más relacionados con la madurez y la familia, este segundo encuentro se posiciona en la mitad del camino —figurada y literalmente— para representar esa emoción de encontrarse, o en este caso volver a encontrarse, con alguien con el que de verdad conectas, al igual que poner sobre la mesa aspectos como la vida matrimonial o lo que se supone que deberían tener o hacer para ser completamente felices. El guión quizá es menos brillante que el de la anterior película —aun siendo una maravilla en cada una de sus comas, tildes y puntos—, pero me parece más maduro, ya sea por la propia evolución de los dos personajes o porque ya tenían un poso sobre el que jugar.

cinapse

La primera vez que vi Antes del atardecer, hace ya un tiempo, me quedé con una sensación que mezclaba la desolación y la más pura felicidad: desolación por esa conversación en el coche, una de las mejores secuencias de la trilogía, escrita con una verdad y belleza demoledoras y con momentos, como esa mano que casi toca la cabeza de Jesse, que me parten el corazón; y felicidad por la última escena, en la casa de Céline, donde ella le canta —y nos canta— una canción a Jesse y en la que confirmamos, de cierta forma, que tienen que estar juntos. Que le den a la prisa por coger un avión, esto es más importante.

Hasta hace poco —horas, realmente— tenía a Antes del atardecer como mi entrega favorita de la trilogía, y bueno, con el revisionado es cierto que se ha colocado por debajo de la primera entrega, a falta de volver a ver Antes del anochecer. Ese detalle se vuelve insignificante cuando me sigue pareciendo una película apasionante, una maravilla con un guión prodigioso y dos actores, el señor Hawke y la señora Delpy, que vuelven a brindar unas interpretaciones tan naturales que hasta nos da la sensación de estar interfiriendo y cotilleando una conversación totalmente privada. Y es que de eso trata esta trilogía: de conversaciones entre personas, de conversaciones llenas de humanidad. De, en definitiva, conversaciones. [★★★★]

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