[Ciclo Linklater] It’s Impossible to Learn to Plow by Reading Books + Slacker

It’s Impossible to Learn to Plow by Reading Books (íd., 1988) y Slacker (íd., 1991) son las dos películas que iniciaron la carrera de Richard Linklater y, por lo tanto, las dos elegidas para abrir un nuevo ciclo en La Pantalla Invisible. Tenemos ganas de adentrarnos (por primera vez o de nuevo) en sus películas, y por supuesto ardemos de la emoción por ir compartiendo este viaje con vosotros, comentando su cine y lo que nos transmite. Adelante.

IT’S IMPOSSIBLE TO LEARN TO PLOW BY READING BOOKS

Daniblacksmoke

Empezar un ciclo siempre cuesta. Sí, tienes ganas de hacerlo porque sabes que te esperan numerosas películas buenas, pero antes de llegar ahí hay que pasar por los inicios del director, y en la mayoría de casos las primeras obras -obvio por otro lado- suelen ser un sopor. La primera pieza audiovisual del que se tiene constancia que rodara Linklater es Woodshock (íd., 1985), un anecdótico cortometraje en el que se nos hace una muestra del público que rodea el festival de música homonimo y capturar el ambiente que allí se vivía. No hay mucho donde rascar, de hecho esto podría haberlo grabado cualquiera que hubiera llevado una Super 8 al recinto. Tres años después estrena su primer largometraje, It’s Impossible to Learn to Plow by Reading Books.

Puedo entender las inquietudes del director tejano con su primer filme pero me es imposible conectar con ella, en todos los aspectos. Por momentos parece que no conoce el uso de la elipsis dejándonos planos insoportablemente largos que se hacen inevitablemente tediosos, no he podido dejar de estar atento cuanto quedaba de metraje a cada rato. La historia que nos quiere contar no aporta nada relevante y lo poco rescatable podría haberlo condensado en un cortometraje y todos tan contentos. Pero no, dura una hora y veinticinco minutos. Los diálogos en esta cinta son verdaderamente escasos, por no haber no hay ni voz en off, que es el recurso típico en de una trama como esta. Al menos aporta cierta curiosidad ver al propio Linklater llevar el peso protagonista. Más que una película con todas las letras parece un proyecto de fin de grado y como tal tiene sus buenas pretensiones, pero como ya he dejado claro, falla estrepitosamente. Sinceramente, no tengo mucho más que decir sobre esto. Una pena que el primer largometraje de un director tan sumamente bueno sea tan malo. No me extraña que ni siquiera se le reconozca como su ópera prima y sí a su segunda película, la atrevida Slacker (íd., 1991). [★½]

Daniel Escaners

Hace dos veranos rodé un pequeño corto con una cámara cutre que tenía a mano, mi hermano y primos como actores y localizaciones situadas en los pueblos a los que iba a lo largo del mes de agosto. El resultado fue, como venía a prever la falta de guión y la constante improvisación, bastante pobre, aunque también enriquecedor. No es que aprendiera mucho, pero fue saltar a la piscina y empezar a juguetear con los planos, las distancias y demás historias. Ese corto, que lo tengo (mal) guardado bajo llave, apenas pasaba de los quince minutos. Los mismos que tendría que haber durado It’s Impossible to Learn to Plow by Reading Books.

Entiendo que es la opera prima de un joven director, entiendo la naturalidad y cotidianidad que le quiere imprimir a muchas de las situaciones, y entiendo que en general no se le puede exigir mucho a un primer trabajo de alguien que anteriormente solo había hecho un corto (el testimonial Woodshock), pero entender todo eso no ha quitado que el visionado de este primer largometraje de Richard Linklater haya supuesto poco menos que una tortura. He sacado antes a colación el primer corto que rodé no solo porque la duración de este debut de Linklater sea absolutamente excesivo, sino porque hay diversas manías (hay quien las llamará recursos) a la hora de alargar lo que estás contando, y son por ejemplo mantener el plano más tiempo de lo necesario o, si vas en un transporte (en este caso los trenes aparecen habitualmente), grabar los paisajes a través de la ventana para luego insertarlos en tu obra a mansalva. El factor contemplativo puede funcionar muy bien si se sabe inyectarlo en sus dosis adecuadas, y aquí nos meten chutes que nos dejan rotos en la silla. Hay muchas secuencias que no llevan a ninguna parte, y aunque parece haber una historia de desencanto juvenil y de lo que significa viajar sin rumbo, las formas hacen que el fondo se diluya y se convierta en un enorme charco en el que no vale la pena ni fijarse.

Quiero borrar esta It’s Impossible to Learn to Plow by Reading Books de mi cabeza cuanto antes, y es que a pesar de haberme hecho vivir una experiencia soporífera durante su hora y media, sé que este va a ser el peor film de Linklater con muchísima diferencia. Es más, hay gente que considera a su siguiente película, Slacker, como su verdadera opera prima. Mejor. [★]

SLACKER

Daniblacksmoke

Al finalizar su primera película, Linklater fundó Detour Filmproduction y enseguida se puso a trabajar en lo que sería su segundo largometraje. Slacker se financió con únicamente 23.000 dólares y llegó a hacer en taquilla cerca de un millón y medio. La película fue arropada en el Festival de Sundance, donde estuvo nominada al Gran Premio del Jurado (ese año se lo llevó Veneno (Poison, 1991) de Todd Haynes). Fue el pistoletazo de salida de Linklater en el cine independiente.

Slacker es ante todo un magnifico ejemplo de los temas y las formas que iremos viendo a lo largo de toda la filmografía de nuestro citado director. Yo no sabía ni de que iba ni cómo estaba contada y me mostraba incrédulo y con una sonrisa bobalicona al ver cómo la cámara se alejaba del aparente protagonista (el que le da la tabarra al taxista los primeros minutos de metraje, el propio Linklater) y se acercaba a otros personajes del lugar. En definitiva se trata de un mural de microhistorias -que dejan un hueco para que el espectador las complete a su gusto- y una cámara que nos hace testigos de todo un día en la ciudad tejana de Austin a través de una galería de personas de lo más variopinta, que si hubiera sido rodada hoy en día no me cabe ninguna duda que se recurriría a un único plano secuencia.

En Slacker, a diferencia de It’s Impossible to Learn to Plow by Reading Books, las diferentes historias de las que somos testigos -y no son pocas- son atractivas y normalmente te llaman la atención, ya sea por una cosa o por otra. Los diálogos están escritos con una frescura y naturalidad característica en el cine del director. La cámara se mueve con vehemencia y en absoluto aburre, y tiene largos travellings usados con un inteligente sentido narrativo, otra seña de identidad de Linklater. Lo poco que demostraba en su anterior película en cuanto al uso de la elipsis aquí lo es todo, sin ello la película sería un desastre, buen montaje. Se nota una evolución tremenda en todos los aspectos narrativos y cinematográficos respecto a su primera obra.

Una película para aplaudir y que sienta las bases de todo el cine posterior de un director “especializado” en mostrar las vidas de las personas corrientes, de la juventud, y hacer de lo cotidiano algo digno de ser visto en la gran pantalla. Una obra para reivindicar. Es una de las primeras cintas de ese nuevo cine americano independiente que surgió en los noventa y que Linklater nunca ha dejado de lado tras todos estos años. [★★★]

Daniel Escaners

Darme de bruces con el monólogo que realiza el personaje interpretado por el propio Linklater en los primeros minutos de Slacker ha resultado una píldora tranquilizadora después de una opera prima de cuyo nombre no quiero acordarme. Ha sido como ver a Linklater presentarse en pura forma, mostrando en (casi literal) primer plano sus dotes a la hora de narrar hechos cotidianos a menudo recogidos bajo conversaciones y reflexiones prodigiosas. En Slacker, a la que voy a considerar su primera película por el bien de mi salud mental, hay unas cuantas.

Es un film diferente, atrevido y con pocos complejos: arranca con el que parece que va a ser el personaje protagonista para justo después cambiar constantemente de individuo mediante la concurrencia en la calle, creando así un baile de pequeños relatos que nos permiten ser testigos de las vivencias, situaciones y peculiaridades de esa comunidad. La cámara acompaña de una forma muy inteligente a los diálogos, optando a menudo por planos secuencia, y permitiendo que el ritmo narrativo no se detenga ni un instante.

El planteamiento de Slacker tiene muchas ventajas, como es la flexibilidad para tratar diversos temas de forma dinámica o para moverte por un mayor número de situaciones sin tener que aportar un argumento claro, pero también cuenta con varios inconvenientes que provocan que para mí no sea una gran película. El saltar de un personaje a otro crea una danza en la que no todos los movimientos son buenos, y hay personajes mucho más interesantes que otros; quizá prácticamente todos los temas que Linklater pone sobre la mesa mediante el guión se plasmen de una forma interesante, pero me he encontrado con fragmentos en los que me ha molestado tener que cambiar de personaje, tanto porque lo que se estaba diciendo me parecía muy estimulante como debido a que el pequeño relato que venía a continuación no me aportaba demasiado más allá del constante aplauso producido por la habilidad del director para hilar todos los puntos. Desde mi punto de vista habría sido una película más sólida en su conjunto si se hubiera disminuido la cantidad de personajes y se hubiera dado más aire a algunas historias concretas.

Aun con los puntuales “peros” que le encuentro, Slacker me ha parecido una película muy interesante, el primer paso de un director que más adelante nos dejaría historias, personajes y diálogos para el recuerdo. En su opera prima dibujaba garabatos; en este segundo largometraje ha empezado a sacar punta al lápiz y a dibujar. [★★★]

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