[Ciclo Linklater] La cinta

Con un muy reducido presupuesto y las habituales ganas de contar una historia íntima, Richard Linklater se dispuso a hacer La cinta (Tape, 2001), una pequeña película situada en una habitación de hotel —o motel, más bien— y con solo tres personajes involucrados. Llamamos a la puerta y nos metemos en esta charla entre… ¿amigos?

Daniblacksmoke

El mismo año que Linklater estrenaba su primera película de animación, Waking Life, estrenó La cinta, que de hecho tuvo su premiere mundial solo tres días después que aquella en la misma edición del Festival de Cine de Sundance. La cinta supone una de las producciones con menor presupuesto del director, y eso que Linklater no es alguien muy conocido por hacer películas caras. Aunque su recaudación hubiera sido un fracaso si se tratara de alguna de sus obras anteriores, con un presupuesto tan bajo podemos decir que incluso hizo cinco veces lo que costó; a pesar de ello es la película con menor recaudación de toda la filmografía del tejano. Por su parte, a la crítica del momento le gustó bastante, destacando la labor interpretativa de su reducido reparto.

La trama de La cinta, sobre el papel, es bastante sencilla. Dos amigos de la infancia se reúnen después de algún tiempo con la excusa de que uno de ellos estrena una película en un festival de cine y el otro va hasta la ciudad donde se celebra para verla y estar con él. La peculiaridad que tiene la película es que toda sucede en una habitación de hotel, sí, la hora y media que dura. El otro factor es que esa hora y media también pasa en la ficción, todo transcurre en tiempo real. Una vez más, Linklater jugando con el tiempo y el espacio a su antojo. Y yo le aplaudo por ello. La ausencia de banda sonora, con la excepción de I’m Sorry que da lugar a los créditos, es otra de sus peculiaridades aunque apenas se echa en falta. Lo que en un principio era una inocente y amistosa reunión se torna en algo más turbio e incómodo sacando viejos trapos sucios, en lo que no deja de ser un fascinante estudio de la psicología y comportamiento humano. Me ha dado la impresión en algunos momentos durante el visionado de estar siendo testigo de una obra de teatro, y es que, como ya pasaría con SubUrbia, ésta también está adaptada de una obra teatral, en la que, como entonces, también escribe el guión el mismo que escribió el material original. En este caso el autor Stephen Belber.

El reparto vuelve a ser clave, en esta ocasión solo nos encontramos con dos absolutos protagonistas, y una tercera que aparece a mitad del metraje, elevando la complejidad del filme con su entrada. Supone la cuarta colaboración de Ethan Hawke con Linklater —la tercera siendo protagonista— y como siempre el tejano le saca lo mejor de sí. Hawke aquí hace una interpretación casi de sobresaliente siendo una vuelta de tuerca al típico papel de inmaduro gracioso que es como se puede definir a la gran mayoría de los personajes linklaterianos que ha interpretado (espero no haberme inventado el término ahora). Robert Sean Leonard —Wilson de House para los seriéfilos—, que ya compartió reparto con Hakwe en El club de los poetas muertos (Dead Poets Society, 1989), también se encuentra en estado de gracia aunque sea el que menos destaca.  Como ya adelantaba, una vez aparece el tercer —y clave— personaje toda la obra se eleva y se debe a los matices que la natural e impresionante interpretación de Uma Thurman le da al conjunto. El dolor oculto que se intuye en su interior cerca del final de la cinta, cuando la situación dramática y la tensión llega a su cenit, me parece de una complejidad y con tantas capas que solo una actriz como Thurman te puede dar.

La habilidad de Linklater con la cámara aquí se ve algo más empequeñecida debido al reducido espacio donde se mueve la acción, aunque consigue que no resulte monótono. El formato me parece algo pobre, intuyo que son cámaras digitales —las arcaicas de principio de los 2000— y eso resulta en una imagen algo difusa y sobre todo sucia. No deja de ser una obra más experimental que otra cosa, en la que Linklater sale agraciado como el gran director que es, capaz de hacer una disección de muchos de los problemas humanos que concierne a las relaciones que mantenemos, tanto las sentimentales como las de amistad. Y todo esto con un par de actores, una habitación de hotel y dos duros como quien dice. [★★★] 

Daniel Escaners

Cuando eres un joven guionista con mucha ilusión y poco o nada de presupuesto para tus proyectos tienes que buscarte las habichuelas para conseguir llevar tus ideas del papel a la pantalla. Es normal, por estas razones y por otras tantas, que el pensamiento de realizar una historia en una sola localización se te pase por la cabeza. Y además que sea una localización barata, como una habitación de hotel. O de motel, para que aun cueste menos. Y si solo aparecen tres personajes, para no gastarte mucho en actores, pues aun mejor.

La cinta es la representación de todo eso. Una historia personal e intensa que se desarrolla durante hora y media en una habitación con personajes hablando, rodada con una calidad casi de vídeo casero —y muy consecuente con el estilo de lo que se nos cuenta—. Aunque el guión no sea del propio Linklater, sino de Stephen Belber, se nota desde el primer minuto por qué decidió realizar esta película: es un gran director de actores y es capaz de retratar momentos cotidianos con un pulso espectacular, provocando que todo lo que se ve en pantalla parezca la vida misma aunque se trate de momentos radicales. Los temas y la propuesta le debieron atraer de inmediato, además del comentado aspecto de no necesitar un presupuesto abultado.

Más allá de la realización de Linklater, muy eficiente pero sin grandes alardes —algo que ya ocurría en Antes del amanecer, solo que esta podía apoyarse en diferentes localizaciones y ser más llamativa en el plano visual—, La cinta se sustenta en dos pilares: el guión y las interpretaciones. En cuanto a lo primero, la trama es un verdadero torbellino con notables subidas y bajadas, manteniendo un nivel muy alto en su primera mitad y bajando a medida que se acerca una resolución consecuente, con moraleja, pero que no me acaba de convencer —en gran medida por el personaje de la chica, que se alimenta de una ambigüedad que me descoloca—. Y en lo que respecta a las interpretaciones, Ethan Hawke está espectacular, con un personaje diferente a lo que nos tiene acostumbrados, y eclipsa a unos muy correctos Robert Sean Leonard y Uma Thurman. 

A los miembros de la industria —sobre todo a los directores— se les pregunta qué película quisieran haber realizado de todas las estrenadas con anterioridad. Un servidor, que no es director ni todavía guionista, tendría muy en cuenta La cinta para esa respuesta, y no por los motivos habituales. No me parece una gran película y está muy lejos de ser una obra maestra, pero en su estilo —la importancia de los diálogos, la sencilla puesta en escena, el trabajo con los actores— encuentro aspectos fundamentales a los que me veo, en cierta forma, atraído. Una más que agradable sorpresa en la filmografía de Linklater. [★★★]

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