[Ciclo Linklater] Me and Orson Welles

Continuamos con nuestro ciclo del director tejano Richard Linklater, llegando a una de las películas más olvidadas de su filmografía, una cinta de encargo de la que prácticamente no se habla nada. ¿Es justo que sea así? ¿Es de sus peores obras? Hablemos, pues, de Me and Orson Welles (íd., 2008).

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Linklater ha demostrado a lo largo de su filmografía que es uno de esos directores actuales que consigue tener un equilibrio entre proyectos personales y encargos. Si bien es en las películas que ejerce de autor en las que la calidad siempre suele estar a la altura, ha tenido un par de encargos que no han sido malas películas, de hecho, una de ellas, Escuela de rock, ya comentamos lo mucho que nos gusta por estos lares. Pero es en sus dos últimos encargos, Una pandilla de pelotas y la cinta que hoy nos acontece, donde percibo películas sin alma.

La sensación que me da Me and Orson Welles es que Linklater se fue de vacaciones mientras se hacía. No hay ni un ápice de su cine, no lo veo por ninguna parte. No es que estuviera con el piloto automático, es que directamente estaba apagado. Es, por lo tanto, no solo uno de sus peores encargos como director, si no una de las peores obras de su filmografía. Es una película fallida por muchas cosas, y en mi caso, una de las principales es que el tema que trata no me atrae. Aunque normalmente cuando una trama no me llama la atención luego consigue convencerme la historia de alguna forma, en esta ocasión no. La película está basada en la novela homónima de Robert Kaplow, que sigue la historia de un joven que es contratado por Orson Welles en 1937 para trabajar en su obra de teatro Julio César. Hasta cierto punto puede ser interesante ver cómo se prepara y ensaya una obra de teatro, pero es algo que ya hemos visto en un sinfín de —mejores— películas, y la figura de Orson Welles siempre da juego pero es la etapa de su carrera artística que menos me interesa.

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Para interpretar al que luego sería conocido mundialmente por su ópera prima, Ciudadano Kane (Citizen Kane, 1941), se optó por un actor novel, que debutaría aquí. Ese actor era Christian McKay, y la verdad es que su versión de Welles es de lo poco que realmente me convence del filme, sin ser ninguna maravilla. Sin embargo el protagonista, el “yo” del título, cayó en la figura de un Zac Efron aún absorbido por la fama de High School Musical (de hecho, el mismo año que estrenó esta película también salió la tercera parte del conocido musical de Disney Channel) Me encuentro indiferente con su interpretación, ¿podría haber sido mejor? Puede, pero al papel de por sí tampoco me parece que se le pude sacar mucho jugo. Al igual que me pasa con el resto del reparto, ya sea Claire Danes o Zoe Kazan. El apartado técnico, eso sí, no es del todo malo: es bastante discreto en todos los aspectos, no destaca en nada, pero cumple. También es que cuenta con gente como Dick Pope en la fotografía (Mr Turner, El ilusionista) o Sandra Adair, la montadora habitual de Linklater.

Concluyendo, es una película bastante regular. En mi caso, lo es tanto, que no me ha gustado. Se me ha hecho muy cuesta arriba, y no negaré que ha sido una verdadera odisea terminarla. Puede que la película tenga sus defensores, pero yo no soy uno de ellos. Los amantes de la figura de Orson Welles quizás puedan disfrutar viéndole en su faceta como director de teatro, pero a nivel cinematográfico no aporta nada. Por suerte, ya no quedan más encargos en la filmografía del tejano, y entramos en la recta final del ciclo, que me apetece una barbaridad. [★★]

Daniel Escaners

La filmografía de Richard Linklater es una aventura en la que no siempre acabas bien parado. A medida que vamos avanzando en su obra nos damos cuenta de la variedad de proyectos que ha dirigido, y especialmente la diferenciación en dos tipos: los personales, que o bien están escritos directamente por él o al menos se le nota implicado; y los de encargo, filmes supongo que para pagar el alquiler y que, saliendo bien en ocasiones, descolocan un poco y provocan la sensación de que Linklater es un director menos capaz de lo que realmente es. Me and Orson Welles, por desgracia, no sólo está en el segundo grupo, sino que se encuentra en la parte baja de éste.

Es alarmante el poco conocimiento que parece tener la propia historia de lo que realmente quiere contar. Nos situamos en una obra de teatro dirigida por el mismísimo Orson Welles, viendo su relación con los integrantes de la compañía y su fuerza creativa, y a la vez tenemos una especie de historia de amor entre dos miembros de dicho grupo. Las dos ramas se van entrelazando, concluyendo en un árbol amorfo: nada parece funcionar y el espectador no cuenta con ninguna trama en la que agarrar su cada vez menor interés. Como romance está mal contado y no interesa, resultando incluso ridículo en ocasiones, y como proceso de creación de una obra de teatro se queda muy cojo pues apenas se profundiza en ello y lo que se narra se hace de una forma torpe y plana.

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Quitando que estoy haciendo un recorrido por su cine actualmente, no soy muy conocedor de la figura de Orson Welles, y por lo tanto no puedo opinar si es un buen o mal reflejo de su personalidad, pero en todo caso como personaje funciona a medias, como prácticamente todos los que aparecen en pantalla. Algunos son insoportables, otros simplemente nos dan igual, y las desesperantes coincidencias y decisiones incoherentes que el guión toma como normales no ayudan a construir a unos individuos convincentes. Como tampoco resultan creíbles los actores, especialmente un terrible Zac Efron.

Hay alguna chispa en Me and Orson Welles, especialmente al final, pero no está cerca de evitar que sea una película tan del montón, tan con poco que decir, que su visionado se torna en tortura. Un filme en el que Linklater aporta poco en la realización, con un resultado anodino al servicio de un guión que, entre unas cosas y otras, no te acaba contando nada. En definitiva, una cinta que no recomendaría a nadie, ni a los adoradores de la figura de Welles, ni a los que busquen al que yo considero el buen Linklater. Esta, sin ser la peor, es una de sus películas más olvidables. [★★]

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