[Ciclo Linklater] SubUrbia

Richard Linklater volvería a aproximarse al mundo de la juventud como ya hizo en Movida del 76 (Dazed and Confused, 1993) con su siguiente película, SubUrbia (íd., 1996), esta vez adaptando una obra de teatro de Eric Bogosian y desde un prisma bastante más pesimista y desesperanzador. Acompañamos a este grupo de amigos en una noche digna de recordarse.

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En SubUrbia, Linklater regresa de Europa a su Norteamérica con un pesimismo como nunca se había visto hasta entonces en su aún corta filmografía. La ociosidad es un tema recurrente al que el tejano vuelve constantemente y aquí le da una vuelta. Es la respuesta natural a Movida del 76 y Slacker si éstas fueran preguntas. La cinta obtuvo críticas decentes pero una recaudación en taquilla verdaderamente muy pobre. 

Los jóvenes que aquí retrata Linklater a partir de un guión escrito por el mismo Eric Bogosian (autor de la obra de teatro homónima a esta cinta) ven la vida pasar sin hacer nada por ello, como si los adolescentes de Movida del 76 se encontraran pocos años después sin ver cumplidas sus metas, arrastrados por la cotidianidad y sumidos en el alcohol y la gente de siempre. Como era de esperar, no contamos con una trama en sí, sino con una serie de subtramas que en su conjunto hacen lo que es la película en sí, al fin y al cabo. Las más importantes narrativamente son las del pakistaní (Ajay Naidu) y sobre todo la de Pony (Jayce Bartok), aquel amigo de la pandilla que lleva un año fuera triunfando con su grupo de rock. El tratamiento de personajes me entusiasma, se nota que Bogosian conoce bien su obra y los diálogos que escribe son una maravilla, además no choca tanto “parloteo” pues éstos no tienen otra cosa que hacer que hablar entre ellos.

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Es un reparto bastante raro pero efectivo. De todos ellos destaca Giovanni Ribisi en el papel de Jeff, quien debo confesar es un actor que siempre me ha dado algo de grima. Jeff es el reflejo de esa actitud pesimista de la que hablaba antes y cuyo dilema personal me parece bastante atractivo en lo narrativo. En un lado radicalmente opuesto se encuentra Buff, el tonto del grupo, interpretado por un excéntrico Steve Zahh. Ese joven ex-militar borracho, Tim (Nicky Katt), es un personaje bastante interesante en el que profundizar, aunque no tanto como Bee-Bee (Dina Spybey-Waters), del que apenas se da pinceladas en la película a pesar de que la cámara de Linklater le haga más caso que sus propios amigos. Otros variopintos personajes pasean por esa “suburbia”, como la efusiva Sooze (Amie Carey) que aspira a convertirse en artista y cuya performance sobre la figura masculina no deja indiferente a nadie. 

Una película que no ha tenido mucha trascendencia si se compara con las dos anteriores obras del director pero que es bastante buena y no me esperaba para nada. Es bastante consecuente Linklater por ahora en su filmografía, iremos viendo cómo evoluciona. Perdonen que la mencione de nuevo pero lo necesito: Si cuando hablé de Movida del 76 dije que ojalá hubiera sido adolescente en los años setenta -en Estados Unidos, se entiende-, se me quitan las ganas viendo SubUrbia al saber cómo se puede acabar en la vida, sin ningún objetivo claro, divagando con tus amigos de siempre en la esquina de siempre bebiendo cerveza. Y la vida pasando. [★★★]

Daniel Escaners

“And I don’t have a drinking problem / Cept when I can’t get a drink”, cantaba Tom Waits, en clara alusión a la negación que procesa una persona enganchada a una sustancia de la que no puede huir. Los personajes de SubUrbia, un nuevo acercamiento de Richard Linklater a la juventud que bien nos puede recordar a Movida del 76, parecen atrapados en el lugar que les ha visto crecer, en su limbo particular: una esquina en la que malgastan horas y horas bebiendo, intentando no dedicarle demasiado tiempo a pensar en lo que están haciendo con sus vidas. Quizá su existencia consista en simplemente eso.

Las discusiones con el dueño pakistaní del pequeño comercio que frecuentan y el regreso de un antiguo amigo, Pony (Jayce Bartok), ahora convertido en una joven estrella del rock, son los principales motores para una historia cotidiana en la que Linklater parece moverse como pez en el agua: personajes -o, como tan bien nos hace verles este director, personas- teniendo largas y trascendentes conversaciones sobre el presente y el futuro, la importancia de las decisiones que toma uno mismo y el destino a la que te pueden llevar. Todo aliñado por dramas personales de cada implicado, más el factor cómico inyectado por Buff (Steve Zahn), cuya habilidad para llamar la atención, tonterías mediante, hace difícil distinguir cuándo está ebrio y cuándo no.

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El factor temporal, condicionado por el hecho de que toda la película se desarrolla en una misma noche, provoca cierto empacho de sucesos, que se ve especialmente incrementado en un tramo final en el que se olvidan algunos personajes para centrarse en un mensaje que reflexiona sobre el hogar -papel fundamental de otro miembro de la pandilla, Tim (Nicky Katt)- y el ser considerado un extranjero. Al respecto de esto la historia juega durante todo el trayecto con la ironía de que el pakistaní antes mencionado esté más instalado en el lugar que el amigo rockero que vuelve con sus viejos amigos y se siente, dentro de la familiaridad, fuera de ese mundo.

Si me tuviera que quedar con algo de SubUrbia, además de algunas conversaciones y momentos concretos, sería con Jeff, el personaje interpretado por Giovanni Ribisi y que me resulta, de largo, el más interesante de todo el film. Quizá porque es el que más dilemas tiene, y el que se encuentra en una situación más gris: sabe que tiene que escapar del lugar donde se encuentra, que no le va a llevar nada, pero al mismo tiempo se resiste a ir a Nueva York con su novia Sooze (Amie Carey), argumentando que allí tampoco haría gran cosa. Es alguien perdido, “sin mensaje”, que participó en la creación de la banda que ahora le da tantos éxitos a su antiguo amigo pero sin ningún reconocimiento, ni por parte del susodicho.

En total, una noche movidita. [★★★]

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