[Ciclo Linklater] Una pandilla de pelotas

Retomamos poco más de un mes después nuestro Ciclo Linklater, temporalmente aparcado por las fechas vacacionales, con una película que nos transmitía cierta desconfianza por su condición de remake y por la sensación de ser una de las obras más olvidadas de la filmografía del director tejano. ¿Justa o injustamente? Descubrámoslo: esto es Una pandilla de pelotas (Bad News Bears, 2005).

Daniblacksmoke

A mediados de 2004, Richard Linklater estaba inmerso en la más que dificultosa producción de A Scanner Darkly (íd., 2006), película que no llegaría a estrenarse hasta dos años después debido a la laboriosa y nada rápida técnica de la rotoscopia, esa que ya utilizó en Despertando a la vida (Waking Life, 2001). En sus palabras: “Para mantenerme en mis cabales, decidí trabajar en otras cosas”. Así que, para quitarse algo de la desesperación que le estaba provocando la lentitud del mencionado proyecto, una de esas cosas en las que decidió emplear su tiempo fue en dirigir Una pandilla de pelotas, remake de la comedia de los 70 titulada en España como Los picarones (The Bad News Bears, 1976).

Obviemos antes de nada el título que se le dio en nuestro querido país a la película de la que nos toca hablar aquí. Que gran juego de palabras, ¿eh? Una pandilla de pelotas es la típica película estadounidense de autosuperación, donde un grupo de jóvenes marginados o con capacidad nula para lograr el objetivo final de la trama se dan de bruces con un mentor que en un principio le da un poco igual tanto ellos como el objetivo final. Obviamente, no hace falta seguir con el argumento porque os podéis hacer una idea de cómo se desarrolla todo. Ni es la primera vez que se ve este tipo de argumentos ni ha sido la última. Siempre, claro, cambiado el tipo de objetivo y medio: baloncesto, coros a capela, baile o cualquier deporte imaginable.

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Dentro de la filmografía de nuestro querido director tejano no aporta nada. Entiendo las motivaciones de Linklater, pues lo hizo para relajarse, y además, el béisbol es una de sus mayores aficiones por lo que se tuvo que sentir cómodo y a gusto haciéndola. Sin embargo este encargo, a mi juicio, supone un traspiés en la racha de buenas obras que estaba dejando en la primera mitad de la década de los 2000. Como entrenador de este equipo de béisbol infantil encontramos a un Billy Bob Thornton que no lo hace nada mal, y de hecho creo que es el actor perfecto para este papel, parece escrito para él. Linklater se aprovechó de la fama que el actor tenía de antihéroe, la cual sigue vigente hoy en día. El resto del reparto… pues bueno, qué le vamos a hacer. Tuvo más suerte —o mejor ojo, tal vez— con el casting de Escuela de rock que aquí.

Puede que sea que desde un principio la película no me llamaba nada la atención, que el béisbol sea un deporte que me atrae bastante poco, o que simplemente no veo por ningún lado la mano de Linklater en esta obra. Cuenta con un guión bastante simplón, que según he leído es prácticamente el mismo que el de la cinta original, y no hay nada a destacar que el de Texas aporte visualmente. En definitiva, Una pandilla de pelotas no me convence en absoluto; de hecho, es la obra que menos me gusta del director desde su nefasto debut con It’s Impossible to Learn to Plow by Reading Books. [★★]

Daniel Escaners

El acto de sentarse a ver una película sirve como puerta de entrada a un viaje que, en el caso de visitarlo por primera vez, promete ser novedoso y enriquecedor. También es cierto que hay historias que nos sabemos de memoria y una nueva versión de las mismas nos invita a revisitarlas esperando encontrar nuevas señas estilísticas en ellas (como las diferentes versiones cinematográficas de Macbeth). Sin embargo, hay historias tan arquetípicas que a los dos minutos sabemos exactamente cuáles van a ser sus pasos, cómo se van a desarrollar y qué punto va a marcar la resolución de las mismas. En ese caso, tras un resoplido que resume la sensación del “Esto ya lo he visto“, solo queda esperar que la batuta detrás de la orquesta cambie un par de notas, o que al menos no desafine.

Una pandilla de pelotas es una película que provoca hastío desde los primeros minutos porque nada más presentada la trama principal sabemos sin género de dudas qué es lo que va a pasar a continuación. Simplemente ver a ese hombre alcohólico interpretado —decentemente— por Billy Bob Thornton llegar al que será su nuevo trabajo como entrenador de un terrible equipo infantil de béisbol y ser testigos de la indiferencia o rechazo mutuo entre ambas partes ya nos sirve para adelantar que poco a poco se irán aceptando y que el equipo quizá, incluso, llegue a practicar un juego decente. Nuestra política de no destripar los giros en estos artículos me impide confirmar o desmentir lo dicho, pero… dos y dos son cuatro y cuatro y dos son seis.

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Ahora bien, el hecho de adivinar el transcurso de la historia no significa necesariamente que la película vaya a ser un compendio de escenas terribles, ni mucho menos. Sin embargo, y por desgracia, Una pandilla de pelotas es bastante fallida en prácticamente todos sus intentos: el guión no es particularmente gracioso y parece solucionar por la vía fácil —tirando de peleas absurdas incluso— momentos que podían tener algo más de entidad, como el tramo final; la dirección de Richard Linklater es casi impersonal, no hay ningún destello de estilo y la película acaba cayendo, por la realización y el libreto, en una espiral de insoportable reiteración; y, además, el grupo de niños que constituyen el equipo de béisbol no son ni divertidos, ni entrañables, ni siquiera odiosos. Transmiten una indiferencia que no te permite conectar ni empatizar con ellos.

Una pandilla de pelotas es, sin contar un debut que me resistiría a meter entre sus obras a tener en consideración, la peor película de Linklater de lo que llevamos de ciclo, un filme sin fuerza y con nada que aportar. La reiteración de ver casi sin variaciones un mismo espacio (el campo de béisbol) sin apenas interés en lo que se está desarrollando dentro de él provoca que las casi dos horas que dura la cinta se conviertan en una carga que pesa más a medida que avanza el metraje. [★½]

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