[Ciclo Linklater] Waking Life

Tras el bache que supuso Los Newton Boys en la filmografía de Richard Linklater, el director tejano volvería a un estilo en el que se sentía más a gusto, donde el planteamiento y los diálogos son una parte importante del pastel. Fascinantes sueños con profundas reflexiones nos esperan en Waking Life (íd., 2001).

Daniblacksmoke

En 1999, Linklater se involucraría en un laborioso proyecto que no se vio completado hasta dos años después. Esto se debe principalmente a la peculiaridad que la hace distintiva a todo lo visto anteriormente del director. Waking Life está hecha mediante la técnica de la rotoscopia, es decir, se rodó todo antes en vídeo digital y luego los animadores superponieron las secuencias reales con animaciones que se aproximaran a lo filmado. La crítica fue, en su mayoría, bastante positiva, y hay quien la trata de obra de culto. Sin duda, es una de las películas más únicas del tejano.

A pesar de su carácter especial, en temas y estilo -tanto anterior como posterior- encaja como un guante en su filmografía. La película no se centra precisamente en la acción de la trama ni mantiene un orden narrativo claro; aquí se enfoca al diálogo, incluso monólogo a veces, y el filme está compuesto en su mayoría de largas escenas de conversación. Conversaciones nada banales, todo lo contrario: en casi todas intentan tratar un tema filosóficamente, aunque a veces sea filosofía de bolsillo. Estas son conversaciones en las que casi nunca se nos pone en antecedente, pasando de una conversación a otro sin mucho orden ni coherencia. En este sentido es lo más parecido a Slacker que ha hecho Linklater tras la misma, con la diferencia del único nexo de unión en toda la obra, el protagonista, un joven que se ve atrapado sin darse cuenta en un sueño lúcido. Este sueño abarca toda la película, de ahí que las conversaciones sean aleatorias y casi in media res. Es la primera vez que vemos a Linklater meterse en el misterioso y alucinante mundo onírico, logrando hacer una de las películas en las que, personalmente, más he sentido estar dentro de un sueño. Waking Life está cambiando constantemente en su metraje y así se siente, ayudado en parte a que muy diferentes profesionales trabajaron en el proceso de animación. 

Del reparto destaca obviamente el protagonista del que hablaba antes, que está interpretado por Wiley Wiggins, más conocido por su papel de Mitch, el más joven de los protagonistas de Movida del 76. Me sombra encontrarme con una larga lista de actores y actrices que habían trabajado con Linklater ya, haciendo un cameo aquí. Adam Goldberg también de Movida del 76; Nicky Katt de esa y SubUrbia -aunque en el futuro también saldría en Escuela de rock-Ethan Hawke y Julie Delpy protagonizan uno de los mejores momentos de la cinta, precisamente con sus icónicos Jesse y Céline de Antes del amanecer; la co-guionista de aquella película, Kim Krizan también tiene su momento en Waking Life, así como la hija del director, Lorelei Linklater -sí, la de Boyhood-, a principio de la cinta; Steven Soderbergh o el propio Richard Linklater al final, con una conversación (cercana al monólogo) que puede que sea la que más me gusta de todo el filme. La banda sonora, como la película per se, también es única. Estuvo a cargo de Glover Gill y la Orquesta de Tango Tosca, un alucine de banda sonora que evoca ese estado onírico y claustrofóbico en el que se encuentra el personaje principal de la obra.

A falta de ver algunas del director que no he visto aún y sobre todo sabiendo que queda una segunda película hecha también con rotoscopia, tengo muy claro que Waking Life va a ser difícil de olvidar. No me entusiasma tanto como a otros pero me he dejado llevar en lo que propone Linklater y la experiencia ha sido bastante gratificante. No es para todos, eso sí, y a muchos les puede resultar pedante en su discurso. Ya hemos dejado atrás los noventa, la época que vio nacer -cinematográficamente hablando- al protagonista de nuestro ciclo y hay ganas de ver cómo madura a lo largo de su segunda década haciendo cine. Comprobémoslo juntos. [★★★]

Daniel Escaners

Después de un proyecto como el de Los Newton Boys, me imagino a un Richard Linklater tranquilo, meditando sobre cuál debería ser su próximo movimiento, sobre qué cine se le da mejor hacer. No me cuesta verle con una libreta encima de la mesa y un bolígrafo en la mano, que asalta las páginas con la extraña claridad de aquel que tiene todo claro pero todavía no sabe lo que realmente quiere. Está tanteando el terreno mientras escribe sobre temas importantes, se deja llevar. Como en un sueño.

Waking Life es una Slacker sin la presión de que todo tenga que tener sentido dentro de una consecución lógica. Es un ensayo en el que se habla de temas importantes mediante largas reflexiones y que no se ve obligado, excepto quizá al final, a buscarle una justificación clara para el hecho de la cantidad de información que nos bombardea. Está jugando en el terreno de lo onírico, y lejos de buscar crear una trama de suspense (a lo Nolan en Origen) o reflexionar sobre un tema en concreto (a lo Gondry en ¡Olvídate de mí!), lo utiliza como factor de atracción visual para a partir de ahí crear una especie de monólogos que vuelven a demostrar la enorme capacidad de Linklater para hipnotizarte mediante la palabra.

Su estructura basada en pequeñas escenas que golpean tanto al protagonista como al espectador provoca unas inevitables subidas y bajadas según el momento; por ejemplo, y hablando desde un prisma absolutamente subjetivo, me encontraba fascinado en fragmentos como el protagonizado por Ethan Hawke y Julie Delpy -también, como es obvio, por el guiño que supone a Antes del amanecer– o por la anécdota que un hombre le cuenta a un camarero que acaba desembocando en una inexplicable y -a su manera- hilarante tragedia. En cualquier caso, y a pesar de la irregularidad consecuente de una película así, me parece que todo el guión mantiene el nivel y resulta, en su conjunto, tremendamente interesante.

Es cierto que Waking Life es una película bastante extraña -o, para venderla mejor, única-, pero creo que esa concepción viene dada por el apartado visual, con una animación sustentada en actores reales que te provoca cierto mareo debido al constante movimiento de su composición. Por lo demás, y también siendo una cinta muy de autor, creo que se la puede resumir con la palabra ensayo. Un ensayo desordenado y caótico, sí, pero lo suficientemente desarrollado como  para que muchos de sus temas no se esfumen de tu cabeza durante bastante tiempo. [★★★½]

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