70 Binladens | Cara a cara (visiblemente destrozada)

Por el título y por el precedente en la filmografía de Koldo Serra —aquella cinta de 2016 titulada Gernika—, alguien podría pensar que 70 Binladens (íd., 2016) podría tratarse de otro largometraje bélico, pero en este caso el uso que se hace a la palabra “Binladens” no es otro que el nombre coloquial por el que se conoce a los billetes de quinientos euros, esos que, durante los años posteriores a la instauración del euro y como sucedía con el terrorista afgano, nadie había visto pese a que todo el mundo hablaba de ellos.

Estos setenta binladens, o lo que es lo mismo, 35.000 euros, es lo que necesita Raquel (Emma Suárez) antes de 24 horas debido a circunstancias personales que afectan a su hija. Para ello recurre a un préstamo bancario, pero justo antes de la ejecución de la transacción dos atracadores (Nathalie Poza y Hugo Silva) entran en la sucursal bancaria para acabar de complicar aún más la situación. De esta forma, Raquel deberá ingeniárselas para salir de allí con el dinero, aunque ello signifique hacer de intermediaria con la policía durante este robo con rehenes o enfrentarse cara a cara a los atracadores.

Prácticamente la totalidad de 70 Binladens sucede en el interior y exterior de la sucursal bancaria, según si nos centramos en los polis o en los cacos. Unos espacios reducidos y de aspecto austero que evocan a thrillers de épocas pasadas y que Serra aprovecha con una muy destacable puesta en escena, moviendo la cámara y construyendo planos de forma acertada entre todo el caos de las situaciones que se plantean. Esto mismo, unido a la intriga construida alrededor del atraco desde los subterfugios del guion y pequeños golpes de violencia, hace que el conflicto a tres bandas  entre Suarez, la dupla criminal Poza-Silva y los policías al cargo de la negociación mantenga la tensión necesaria para hacer disfrutar al espectador. Por otro lado, también encontramos algunas dosis cómicas a partir de la idiosincrasia castiza, las cuales aportan ligereza y probablemente ayuden a no tomar demasiado en serio la película y perdonar alguna que otra incongruencia, ciertas sobreexposiciones o el enrevesado y desinflado tercer acto con el que concluye el filme.

Aunque la mayor baza con la que cuenta esta cinta no es otra que sus dos talentos femeninos: Emma Suárez y Nathalie Poza. La primera funciona como protagonista calculadora y con mucho que ocultar, la segunda como criminal despiadada, desquiciada e imprevisible —y cuya caracterización es terroríficamente deliciosa—, dándonos ambas un duelo interpretativo durante el devenir del atraco con el que ya merece la pena el visionado de la cinta. El resto del reparto cumple, ya sea un Hugo Silva completamente demacrado interpretando a un atracador heroinómano o los dos policías a los que dan vida Bárbara Goenaga y Daniel Pérez Prada.

PD: La valoración mayoritariamente positiva de esta película no está influenciada por el hecho de que durante los créditos finales suene la canción Mum de Belako —una elección muy bien intencionada al ser una banda del País Vasco—, a pesar de que mi amor por la canción me hiciese salir de la sala con una sonrisa tonta.

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