I love dogs | Who Let the Tears Out?

Hace ya algo más de tres años que un servidor empezó con esto de las críticas cinematográficas y el primer pase de prensa al que asistí fue White God (Fehér isten, 2014). La película, una interesantísima alegoría en que perros se rebelan contra humanos, me afectó bastante por la crudeza de sus imágenes y la valiosa reivindicación de la figura canina en la vida de las personas. Avanzad la cinta hacia delante hasta llegar al presente y me volveréis a encontrar en una sala de cine llorando ante una cinta que gira alrededor del mejor amigo del hombre. Lo peculiar de esta reiteración emocional es que ambos filmes no pueden ser más distintos entre sí. White God es cine de autor proveniente de Hungría —con todo lo que ello conlleva a nivel de tono, estética y desarrollo argumental—, mientras que I Love Dogs (Dog Days, 2018) es una pura comedia comercial made in Hollywood.

A pesar de contar con un reparto bastante extenso y con nombres relativamente conocidos —para la población norteamericana— como son los de Vanessa Hudgens, Adam Pally, Tig Notaro, Eva Longoria, Finn Wolfhard o Nina Dobrev, el material promocional de I love dogs cede absolutamente todo el protagonismo al componente animal de la película, lo que podría engañar a aquellos que esperen que estos animales sean las estrellas indiscutibles de la función. En su lugar nos encontramos con una narrativa cruzada en las que el punto central que mueve y potencia todas las tramas humanas son estas peludas bolas con cuatro patas, convirtiéndolos en un McGuffin similar a las festividades en que se ambientaban las últimas cintas de Garry Marshall —lo cual dota al título original “Dog Days” de un curioso segundo significado—.

Si entrase a valorarla con unos estándares específicos I love dogs no pasaría de ser una película con un resultado final mediocre y anticuado en ciertos aspectos. El acabado formal parece más propio de una sitcom o una comedia romántica de hace quince años —estética muy plana, el uso de temas como Who Let the Dogs Out, tomas falsas durante los créditos—, mientras que los distintos relatos que componen la cinta y que se van entrelazando no suponen ningún alarde de originalidad. Tenemos a los dos compañeros de trabajo que se odian pero acaban enamorándose, el adolescente y el anciano que se odian pero acaban ayudándose mutuamente, la chica que se fija en el guapo superficial pero se da cuenta de que el feo adorable es mucho mejor, los padres que no consiguen conectar con su hija recién adoptada o el chico que odia a los perros y acaba encariñándose con uno.

Sin embargo, todo acaba funcionando gracias en parte a lo formulaico y bien intencionado que resulta ser. Porque aunque las historias están más que vistas y pecan de excesiva previsibilidad también son muy agradables —puede que incluso demasiado edulcoradas— y hay tantas que no se alargan en exceso y vamos saltando de una a otra de forma ágil para evitar el aburrimiento durante las casi dos horas de metraje. El humor es muy blanco y no todos los gags funcionan, pero por suerte logra sacar bastantes sonrisas y alguna que otra carcajada gracias a un reparto con cierto encanto al que Ken Marino deja improvisar de vez en cuando. Aunque quizá la figura humana que más destaca es la de Jasmine Cephas Jones, porque aunque su personaje muy secundario se aprovecha la espléndida voz que ya ha demostrado en Hamilton.

Pero sin duda alguna lo más importante de esta comedia es lo bien que aprovecha la adorabilidad de los personajes peludos y potencia las emociones que se desprenden de la conexión entre un perro y su compañero humano. No os voy a engañar, hay varios momentos en que no pude evitar soltar unas cuantas lágrimas ante los sentimientos que afloraban en mi interior. Recuerdos de la felicidad y la tristeza que a lo largo de mi vida he sentido mientras estaba acompañado de los distintos perros con los que he convivido y han sido muy importantes para mí. Ese es el mayor triunfo de I love dogs, apelar al amor hacia los animales, al indestructible vínculo que creamos con ellos y como convierten nuestras vidas en algo mejor, más agradable, de la misma forma que esta película intenta —y creo que consigue— evadir a los espectadores de los problemas durante un par de horas. [★★★]

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