Spider-Man: Lejos de casa | A dónde iremos ahora

El mundo ha cambiado. Tras Vengadores: Endgame es lógico preguntarse qué le queda todavía por contar a Marvel para poder dar como terminada la Fase 3 de su gran universo cinematográfico. Pero es que a pesar de que los efectos del paso de Thanos por la Tierra parecen haber sido revertidos, lo cierto es que, tal y como nos tienen acostumbrados los cómics, este nuevo orden solo puede ser temporal, y seguramente encierra secretos y peligros que iremos conociendo en las próximas cintas superheróicas que tenga preparadas La Casa de las Ideas. Es por eso que Spider-Man: Lejos de casa (Spider-Man: Far From Home, 2019), que llega esta semana a nuestra cartelera, sirve no solamente como epílogo para lo visto en Endgame, sino que también establece un puente entre lo que nos deja el pasado (un mundo que ha elevado a Vengadores como Tony Stark al status de mito) y nuevos retos de un futuro que aún no conocemos (y del que no sabremos qué será sin los heróes más poderosos del planeta para protegerlo).

Dicho esto, ¿a qué nuevos peligros tiene que hacer frente el Peter Parker de Tom Holland en Spider-Man: Lejos de casa? Principalmente, tendrá que enfrentarse a la realidad de haber perdido a sus referentes y mentores, asumiendo inevitablemente el reto de poder mirarse al espejo y ver en él a un héroe que es capaz de salir de su vecindario y defender el mundo. Si una de las pegas de Spider-Man: Homecoming podía ser que Peter aún se movía bajo la sombra de Iron Man (que le hacía de figura paterna, uno de los temas esenciales de la Fase 3 de Marvel), en esta cinta la búsqueda de su propia identidad es la real protagonista. Asimismo, si en Homecoming veíamos un coming of age bajo el filtro de Marvel que tocaba todas las notas adecuadas, es realmente en Lejos de casa donde ese paso a la madurez parece completarse, sin hacerle feos a la herencia de la figura de Tony Stark (visible en esta película a través de un plot device interesantísimo) con más solidez.

Pero, por supuesto, no todo en esta película tiene este aura de seriedad y trascendencia. Después de todo, Peter sigue siendo un adolescente y tiene también las inquietudes comunes de cualquier chico de 16 años; entre ellas, por ejemplo, el temor a ser rechazado por la chica que le gusta, MJ (Zendaya). Lamentablemente, sus planes por intentar acercarse a ella durante un viaje de estudios por Europa serán interrumpidos por Nick Fury (Samuel L. Jackson), que necesita de Spider-Man en una misión importante: detener la amenaza de unas criaturas extrañas que controlan los elementos y que están destruyendo todo a su paso en distintas ciudades europeas. De hecho, si no fuera por Mysterio (Jake Gyllenhaal), un héroe que viene de otra realidad, una dimensión distinta, para evitar que la destrucción de su mundo se repita en el nuestro, estaríamos perdidos.

 

Este es, pues, en líneas generales el campo de juego que propone Jon Watts con Lejos de casa. Uno en el que el tono de comedia romántica adolescente se mezcla con una interesante trama de sospechas, giros, y cosas que no son lo que parecen. Y esto quizás sea lo que más choque en un primer instante contra las expectativas del espectador, especialmente después del final tan dramático que tuvo Endgame, ya que, además, durante la primera hora, a la película le cuesta un poco manejar el cambio entre estas tonalidades. Sin embargo, una vez que la cinta logra sacudirse esto, la película despega a toda potencia, regalándonos en el camino secuencias inspiradísimas que aprovechan con notoria habilidad los poderes de Mysterio, y que a un servidor le recordaron los límites a los que llegaba el personaje en la serie animada de 1994.

Y ya que hablamos de Mysterio, cabría también hablar de Jake Gyllenhaal y su interpretación como Quentin Beck (nombre verdadero del icónico personaje de los cómics). Porque si alguien desconocía el trasfondo e historia de Mysterio en los cómics, es muy difícil que no salga del cine fascinado por el personaje. Y esto se debe, en gran parte, al talento de un Gyllenhaal estupendo que saca provecho de los detalles mínimos y, por supuesto, del gran trabajo a de caracterización y actualización de un personaje que, ojalá, podamos ver más veces, debido a las infinitas posibilidades que ofrece en pantalla. Junto a Gyllenhaal y Zendaya es donde Tom Holland (brillantemente escogido) brilla más. Mientras con Gyllenhaal tiene una química que funciona desde el momento uno, con Zendaya se ha terminado de forjar una de las relaciones más entrañables y tiernas del Universo Cinematográfico de Marvel (UCM).

En definitiva, la cuestión que hay que responder con Spider-Man: Lejos de casa no es si es mejor o peor que la anterior entrega de las aventuras de nuestro amigable vecino arácnido. Es difícil hacer una película mediocre y aburrida con Spider-Man, el mejor personaje que tiene el UCM ahora mismo, y, sin duda, el más humano e interesante. La pregunta correcta es, en su lugar, a dónde nos lleva este viaje y con cuánta certeza toma las decisiones que expandan este nuevo universo, uno en el que las consecuencias importan. Y Lejos de casa cumple con creces esta meta, ofreciendo incluso los momentos más explosivos en sus dos escenas post-créditos, que no solo sellan la cinta como un todo, recordándonos también incluso que Raimi dejó el listón alto con ciertas decisiones, sino que la colocan como una de las mejores y más divertidas películas de Marvel.

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