Todo el dinero del mundo | La avaricia desintegró el saco

Pese a que el nombre del Ridley Scott es lo suficientemente importante en la industria cinematográfica estadounidense, Todo el dinero del mundo (All the Money in the World, 2017) tenía todas las papeletas de pasar bastante desapercibida para el público de igual manera que otras películas pequeñas del director de ochenta años. Sin embargo, a dos meses de su estreno estalló el escándalo alrededor de Kevin Spacey, lo que motivó la decisión sin precedentes de volver a grabar sus escenas con Christopher Plummer. A esto hay que añadir el polémico millón y medio de dólares que ganó Mark Wahlberg por los reshoots ante los $800 en dietas que recibió Michelle Williams. Toda esta publicidad luego no se trasladó en taquilla, posiblemente porque no siempre es bueno que hablen de ti aunque sea para mal, pero sí picó la curiosidad de algunos para acercarse a ella, entre los que me incluyo.

La película en cuestión gira alrededor del secuestro real en 1973 de John Paul Getty III y los esfuerzos de su madre Abigail por recuperarlo, pero el principal conflicto no se centra en las negociaciones entre ambas partes para llegar a un acuerdo con el que recuperar al joven, si no en el enfrentamiento nuera-suegro entre Abigail y el multimillonario J. Paul Getty ante la negativa de este de satisfacer los requisitos económicos de los secuestradores.

Con este punto de partida, Todo el dinero del mundo se erige como un relato demonizador de la codicia de Getty y su intención de mantener su riqueza por encima del bienestar miembros de su propia familia, algo que se nos introduce desde el primer acto ante su ausencia como figura paterna para su propio hijo. Y en esta codicia es donde aparecen la perseverancia y el amor incondicional de Gail por su hijo y la maldición que puede suponer tener un apellido que a la práctica no representa absolutamente nada. Por desgracia, todo este discurso se encuentra insertado en un thriller de corte dramático que si bien es entretenido y no se hace largo con sus 130 minutos de duración, tampoco llega a apasionar en ningún aspecto.

Lo único que brilla por encima del resto son las principales caras del enfrentamiento moral: Michelle Williams y Christopher Plummer. No se puede decir nada malo sobre ambas interpretaciones, con ambos actores cumpliendo de sobras con en sus respectivos papeles de madre aterrorizada por el secuestro de su hijo y avaricioso multimillonario sin remordimientos. En el caso de Plummer, inesperada fue la nominación express a los Óscar en la categoría de Mejor actor de reparto y de primeras pensé que había sido consecuencia directa de la polémica que trae detrás el film. Una vez visto en acción, tengo que decir que me sorprendió su gran solvencia a la hora de mostrar las distintas caras de su personaje y puedo comprender absolutamente su nominación pese a que, personalmente, prefiero a otros actores —ejem, Armie Hammer, ejem— en su lugar.

La brevedad de esta crítica muestra lo poco que se puede destacar de Todo el dinero del mundo más allá de algunos apuntes interesantes y sus interpretaciones. La película de Ridley Scott permite que el público que desconocía la historia sepa sobre el secuestro de John Paul Getty III sin que sea un suplicio estar delante de la butaca, pero tan fácil como se ve, se olvida a los pocos días. Quizá en unos años tengamos en nuestras pantallas una comedia o un drama sobre el rodaje de las nuevas escenas y sea una película con más cosas que decir que esta. Hasta el momento, solo queda esperar que Ridley se centre en hacer cine de género, que le sale un poco bastante mejor. [★★½]

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