Alien: Covenant | Algo más que xenomorfos

Alien: Covenant (íd., 2017) ha dado muchas vueltas por el espacio hasta llegar a las salas de cine esta semana tal y como está. No sé si habéis seguido el proyecto a lo largo de los años pero su camino ha sido difuso y cambiante. Ya en 2012, cuando se estrenó Prometheus (íd., 2012), se confirmó que Fox daba luz verde a Ridley Scott para realizar una secuela de la misma. Entonces Lindelof (guionista principal de aquella) decidió no seguir para embarcarse en otros proyectos, de entre los que imagino surgió The Leftovers. Dicha secuela se programó para 2014, y evidentemente como ya sabemos no llegaron a tiempo. Algo pasaría con el guion que no contentaba a Scott. El libreto original que encargaron a escribir a Jack Paglen (guionista de Trascendence) pasó medio año después por las manos de Michael Green (guionista de Logan y la futura Blade Runner 2049), cuya función fue reescribirlo por completo. Función que finalmente también acabo ejerciendo, ya en 2015, John Logan, el creador de Penny Dreadful (que ya había trabajado como guionista para Scott en Gladiator).

En un primer momento, esta cinta iba a acompañar a Alien 5, que iba a estar dirigida por Neill Blomkamp, en un movimiento por reactivar la saga y hacerla de nuevo una franquicia sólida. Pero Scott se lo tomó muy personal (para algo, al fin y al cabo, es su creación) y al no gustarle nada lo que quería hacer Blomkamp decidió volcarse al ciento por ciento con Alien: Covenant y trazar un plan futuro que presume convertirse en una nueva trilogía, si no más. Cancelando de por medio, por cierto, aquella quinta entrega de Alien. Y aunque ya existiera Prometheus se puede decir que esta es la primera película con el sobrenombre Alien desde 1997, hace veinte años ya. Por no hablar de que es tanto la primera secuela de una película propia que dirige Ridley Scott (al final la de Blade Runner se la cedió a nuestro amigo Villeneuve) como, por lo tanto, la segunda película con xenomorfos en casi cuarenta años que dirige el director británico. Los fans de la saga tenían motivos suficientes para estar emocionados.

Porque dejémoslo claro ya desde un principio, Alien: Covenant es bastante superior a Prometheus. Aquella tuvo y sigue teniendo bastantes detractores y aunque yo la disfrutara (años después de su estreno, y por lo tanto alejado de la ola de odio que sufrió en su momento), he de reconocer que Alien: Covenant mejora en todos los aspectos a su predecesora. Siendo la principal diferencia entre ambas que en esta sí que salen de verdad xenomorfos más o menos como los conocemos. Mientras que en la realidad la separan cinco años, en la ficción hay una brecha de diez entre una película y otra. Ahora estamos con una nueva tripulación protagonista que forma parte de la nave colonizadora Covenant, que va rumbo a un remoto planeta de condiciones óptimas para que los humanos se asienten allí. Pero en mitad de su viaje se topan sin quererlo con un planeta que había pasado desapercibido en su estudio y que parece tener mejores cualidades de aquel que perseguían. Deciden mandar una expedición para ver con sus propios ojos ese paraíso inexplorado y cuando se dan cuenta de que resulta ser un mundo hostil y peligroso ya es demasiado tarde. El enlace argumental con Prometheus que se desarrolla aquí me parece bien traído y sirve para ampliar la mitología de forma orgánica y dar algunas de las respuestas claves que configuran la base de todo el universo Alien. En ese sentido Alien: Covenant funciona a la perfección como ese eslabón perdido que había entre Prometheus y Alien, el octavo pasajero (Alien, 1979).

La película recoge el mejor terror de la original del 79 y el frenetismo y agresividad de Aliens: El regreso (Aliens, 1986) y los combina con una fuerza atronadora: escenas viscerales y sangrientas que lucen con orgullo esa R de la calificación por edades junto a escenas que acelerarán el corazón a más de uno entre persecuciones y momentos de incertidumbre de no saber por dónde puede salir el indeseado. Estos momentos que mezclan las dos películas más aplaudidas del universo Alien están reformulados de tal forma que en ellos se respira cierta nostalgia (sin caer en el autoplagio) a la vez que logra crear originales, entretenidas y solventes set pieces de acción y terror. Eso sí, tengo algunos problemas con su guion. Por ejemplo, el no haber empatizado nada con los personajes secundarios me molesta, quiero que me importe aunque sea un poco cada que vez que muere alguien, y no pasa, la película no se esfuerza en desarrollar eso. Lo de que todos los personajes siempre tomen decisiones estúpidas es algo casi necesario para que la trama fluya y una marca de la casa, pero es un peso que está ahí y se nota; igual que pesan esos predecibles (aunque potentes por otra parte) minutos finales del filme donde los guionistas se creen más listos que tú esperando que no hayamos visto venir ese giro final desde hace un buen rato.

Aún así, lo realmente interesante de esta nueva entrega de la franquicia es que en su interior no se centra en ser la enésima película de gente que mete la pata y los “bichos” en cuestión los van matando uno a uno. Sí, esto está presente aquí pero no es más que una envoltura que esconde el verdadero ser y tema central del filme que le interesa contar a Scott en esta ocasión. Alien: Covenant es una obra sobre el acto mismo de crear, y todo lo que eso conlleva. Ya te lo deja bien claro desde el principio con ese fascinante prólogo a modo de precuela con el que se abre la película, que no deja de ser una semilla para las posteriores secuencias que funcionan como disertaciones filosóficas y morales sobre el tema, algo que no se había contemplado de esa forma hasta ahora en toda la saga. Dicho lo cual, el tratamiento del asunto (por el punto de vista desde el que se trata) provoca un terror innato en el espectador que va más allá de los ya clásicos sustos y asesinatos a manos de los xenomorfos, y eso es lo que busca.

En lo técnico la película luce impecable, siendo la fotografía de Dariusz Wolski unos de sus puntos fuertes. El ya colaborador habitual de Scott desde Prometheus hace aquí quizás el mejor trabajo de su carrera, y espero que sigan contando con él para la futura secuela. Lo mismo puedo decir de Jed Kurzel, el compositor de la banda sonora de esta entrega, —y un recurrente últimamente a la hora de musicalizar películas en las que sale Fassbender (Macbeth, Slow West, Assassins Creed)—, que reúne lo mejor de las partituras originales de Goldsmith y Horner fusionándolo con su estilo personal, quedando algo bastante resultón y efectivo. Del reparto destacaría por un lado a Katherine Waterston, que logra calar con su personaje a pesar de ser un trasunto de Ripley, y especialmente a Michael Fassbender que gracias a su interpretación consigue ser lo mejor de la película y el corazón de la misma. El sintético que da vida el actor de Shame protagoniza algunas de las secuencias más vibrantes y magnéticas de toda la cinta. Hablo por ejemplo de la de la flauta, que diría que es mi momento favorito (me gustaría extenderme más en esto, pero no quiero ni rozar el spoiler). En definitiva 2017, por ahora, no está siendo muy provechoso para las superproducciones en lo que a calidad se refiere, quitando un par de obras medio decentes que hemos podido ver. Por lo tanto, he de decir que, con este panorama y a pesar de sus carencias pero sobre todo gracias a sus numerosas virtudes, Alien: Covenant me parece el mejor blockbuster de lo que llevamos de año. Espero que la disfrutéis igual o más que yo. [★★★½]

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