Animales fantásticos y dónde encontrarlos | Buscando la magia

Se me hace raro ver cómo se van quedando atrás las sagas que definieron el cine comercial de principios de siglo y cómo los grandes estudios se van viendo necesitados de nuevas gallinas de oro a las que explotar. De esta necesidad podrían surgir proyectos originales con los que apostar, pero no vivimos en ese mundo. Hay mucho dinero en juego y no quieren arriesgarlo, al menos no del todo. Con esa mentalidad, y aludiendo a la nostalgia y a la cultura del fandom salvaje en la que estamos inmersos, los estudios están haciendo regresar aquellas franquicias que tanto valor tuvieron —y siguen teniendo, como se ha demostrado en taquilla— en la industria. Ya sean a modo de reboot, como en el caso de los superhéroes (Spiderman, o el propio Universo DC); a modo de secuelas tan celebradas como el episodio VII de Star Wars o tan innecesarias como las continuaciones de Piratas del Caribe; y a través de precuelas que funcionen también como un spin-off que enlace con la saga original como ya hizo Peter Jackson con la trilogía de El Hobbit y que ahora realizan David YatesJ.K. Rowling con Animales fantásticos y dónde encontrarlos (Fantastic Beasts and Where to Find Them, 2016).

Warner, poseedores de los derechos de los superhéroes de DC, la Tierra Media de Tolkien y el mundo mágico de Rowling, como véis, quieren tu dinero y lo quieren ya. No van a dejar morir a las marcas que más beneficios les generan, como es lógico (desde un punto de vista empresarial), y que, como buenos blockbusters, siempre han producido mucho merchandising y han sido de las películas más taquilleras de su año. Hace sólo cinco desde que presenciamos la batalla de Hogwarts en la gran pantalla, y ya tenemos un nuevo filme  del universo Harry Potter. Y sí, corren cierto riesgo: no se ambienta ni en la famosa escuela de magia, ni en la misma época, y para más inri todos los personajes son totalmente desconocidos para el público. Pero va a atraer a mucha gente, por el simple hecho de saber que todo sucede en el mismo mundo que las historias del famoso niño mago. Y van a por todas, pues ya han confirmado que esto será una saga de cinco películas. Sinceramente, no creo que una de las mujeres más ricas del planeta (Rowling) quiera hacer esto por dinero, sino porque siente la necesidad de volver a su mundo, de contar historias inexploradas hasta ahora. Y claro, Warner no le iba a decir que no.

FANTASTIC BEASTS AND WHERE TO FIND THEM

Animales fantásticos y dónde encontrarlos surge, al igual que El Hobbit, de un solo libro. Sin embargo, a diferencia del de Tolkien, que partía de una novela de algo menos de trescientas páginas, esta saga se sustenta sobre un facsímil ficticio de un libro de Hogwarts, que no llega a las cien paginas, sobre el estudio de las criaturas mágicas (De hecho es como una guía en el que se describen las diferentes especies). El autor de este libro, en la ficción, es el magizoólogo Newt Scamander; que a su vez es el protagonista de la nueva saga de Rowling, que escribe en esta película su primer guión de cine. Ambientada setenta años antes que las aventuras de Potter y sus amigos, Newt viaja a Nueva York con su característica maleta llena de algunos de los animales fantásticos que dan título a la cinta. Me da la impresión de que, sobre todo en su primera mitad, la película es algo así como una Brooklyn (íd., 2015) con criaturas extrañas y algo de magia, pero luego me doy cuenta de que realmente estamos ante algo más parecido a una entretenida aventura del estilo de Jumanji (íd., 1995) o Noche en el museo (Night at the Museum, 2006). Eso sí, con su toque de oscuridad en paralelo, llegando a molestar un poco los cambios bruscos de tono. Uno de los grandes problemas que tengo con Animales fantásticos y dónde encontrarlos es la constante sensación de estar viendo un extenso y caro piloto de televisión, uno en el que muestra sus cartas, conocemos a los personajes que vamos a acompañar a lo largo de la temporada (hasta hay personajes episódicos que sabemos que no van a salir en futuras entregas), y el contexto y las motivaciones para querer seguir viendo el resto de la serie. Esto quedaba muchísimo más natural en Harry Potter y la piedra filosofal (Harry Potter and the Philosopher’s Stone, 2001), que aunque ya se sabía que pertenecía a algo mucho más grande, la película funcionaba a las mil maravillas por sí sola.

Pero ese no es el mayor problema de la película. Quizás el más grave, al menos para mí, es un guión que no está a la altura. No sé si es por la inexperiencia de Rowling o porque echo demasiado en falta la astucia de Steve Kloves (el guionista que adaptó los siete libros de Potter a la gran pantalla), pero no encuentro la magia —valga la redundancia— que creía que iba a encontrarme aquí. Las motivaciones de los personajes son prácticamente nulas, la forma que tiene de crear situaciones es muy básica, hay diálogos lamentables (¡que en las primeras de Harry Potter había frases menos infantiles!), y a veces se centra excesivamente en personajes que no interesan a nadie. Por no hablar de cómo muestra visualmente al espectador según qué cosas, aunque eso parte más de David Yates, que realiza una dirección bastante planita y sin mucho que ofrecer. Aún con todo esto, es innegable la destreza que tiene la británica para construir mundos de la nada, con un contexto de fondo bastante potente en este caso. Aunque esta habilidad aquí incluso creo que le juega una mala pasada, ya que se guarda tantas cosas en el tintero que da rabia que nos las muestre o las explique más en profundidad. Eso sí, con esas pinceladas que se dan te haces una idea del potencial que puede tener esta saga, de que realmente sí que tengan material para hacer cuatro películas más y que solo hayan enseñado la punta del iceberg.

He de admitir que, aun sabiendo a lo que iba, me ha costado hacerme a la idea de que lo que estaba viendo sucedía dentro del universo Potter. Al principio no me encajaba del todo dentro de los esquemas propios de la saga original, pero poco a poco creo que me fui olvidando de ellos y me dejé llevar. Creo que recordando la película ya con una vista más general de ella, sí que puede que no quede tan distante. Es obvio que iban a ser otros personajes y que la sociedad estadounidense de los años veinte poco o nada tiene que ver con la británica de los noventa, pero me ha costado contextualizarla en su propio mundo. Hay principalmente (entre muchos otros) dos motivos por los que creo que me ha pasado esto. Uno de ellos son los efectos especiales, que aunque estén bastante bien hechos, me resultan demasiado cargantes, mucho CGI. Y eso le quita la magia, cuesta borrar de tu cabeza que lo que estás viendo está hecho por ordenador, cosa que apenas ocurría con la saga original, donde los efectos eran más sutiles y cuando no lo eran, no se abusaba de ellos. Aquí, parte de la idiosincrasia de la película es que tiene que tener muchas criaturas mágicas pululando a lo largo del metraje, así que lo que a priori parecía una propuesta interesante se vuelve un defecto. Y quizás lo que más tristeza me causa personalmente es que se haya prestado tan poca atención a la banda sonora, forzando muchas veces la música para insuflar magia mediante evocaciones a la saga madre a través de alusiones a sintonías que a todos nos suenan. Y es una pena, porque como sabréis, la importancia de la música en las ocho películas de Harry Potter era fundamental, y además, eran ocho composiciones de un nivel bastante bueno. Aquí, sin embargo, es una música muy poco memorable, más bien básica y sin demasiadas florituras.

FANTASTIC BEASTS AND WHERE TO FIND THEM

Jamás hubiera pensado encontrarme en un blockbuster tan presuntamente británico (aunque toda la historia suceda en Estados Unidos) y perteneciente al universo Potter un tercer acto donde la mayor amenaza que ha habido en la trama esté destruyendo la ciudad a diestro y siniestro, como si esto fuera una película de superhéroes o algo; y por momentos lo parece. Un caso de destrucción que sacude una Nueva York que no se siente en ningún momento del filme, parece una ciudad vacía, sin alma. Y eso que estamos hablando de Nueva York, no una ciudad cualquiera (aunque todo se haya rodado sin salir de las islas). Eso no quita que la película no encuentre la citada magia, esa alma, en algunas secuencias. Momentos como el de la primera vez que vemos lo que hay dentro del maletín de Scamander, o todas y cada una de las apariciones de Escarbato (la criatura cleptómana), del que me declaro muy fan, fácilmente el mejor personaje de la cinta. Los personajes se construyen alrededor de un background muy bien planteado (si queréis saber más de esto os recomiendo que paséis por los textos que tiene Rowling en Pottermore sobre ello), como ya he dicho, lo que siempre es un plus. Y los personajes, a pesar de no tener motivaciones muy claras dentro de esta historia, tienen personalidades claras, variadas y funcionan bien entre sí. El reparto en general acompaña estupendamente. Eddie Redmayne, en otro papel más de no mirar a los ojos a la gente, cumple el cometido y sin ser la gran cosa puedo llegar a imaginármelo sin mucho problema como el héroe de las próximas cuatro películas de la saga. Luego hay actores que no están mal como Ezra Miller, Colin Farrell, Dan Fogler o Katherine Waterston. No es un reparto horrible, pero no es que juegue en otra liga al del reparto de Harry Potter: juega en otro deporte.

Como siempre, el diseño de producción y el vestuario son una parte esencial de este universo mágico, y aquí no iba a ser menos. Poco más tengo que aportar que contar mis conclusiones. Animales fantásticos y dónde encontrarlos es una película con entidad propia, que tiene mil y un problemas, y que probablemente no quiera a volver a ver en mucho, mucho tiempo. Aún así, es un blockbuster decentillo en un año bastante falto de buenas grandes producciones; una aventura entretenida con la que pasar el rato y de paso, expandir un poco más la visión del mundo concebido por J.K. Rowling. El futuro de la saga es incierto; sí, se sabe que la segunda entrega sucederá en Francia y que Grindelwald pasará a tener un papel mucho más protagonista, pero nada más allá de eso. Como se vuelva a centrar en recuperar bestias que se le han escapado a Scamander (o a quien sea) yo me bajo aquí, paso de ver cinco películas de esto. Pero si optan por explorar aún más el basto universo Potter por todo el mundo (mi teoría personal es que cada película debería estar centrada en un continente distinto) y mostrarnos el ascenso de Grindelwald como villano y su relación con Dumbledore, pues contento de sobra. Esperemos que la magia no se agote, porque tengo mis dudas. [★★½]

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