¡Ave, César! | La fiesta de los Coen

Los hermanos Coen no han dejado de demostrar a lo largo de toda su carrera que son directores tremendamente polivalentes. Capaces de ir desde comedias casi incasificables como El gran Lebowski (The Big Lebowski, 1998) a dramas humanos como A propósito de Llewyn Davis (Inside Llewyn Davis, 2013), e incluso adaptar a Cormac McCarthy y su No es país para viejos (No Country for Old Men, 2007), los geniales hermanos vuelven a la pantalla con otra comedia que se ha ido calificando durante estos días como una obra menor, ¡Ave, César! (Hail,Caesar!, 2016).

Nos situamos en el sistema de estudios del Hollywood clásico, donde Eddie Mannix (Josh Brolin) intenta que la maquinaria del espectáculo no deje de funcionar, que los directores, actores y demás artistas se sientan a gusto en pos de conseguir buenos resultados económicos. Un mal día, Baird Whitlock (George Clooney), estrella de un péplum, es secuestrado por un misterioso grupo con intenciones en principio sin aclarar; y así empieza la búsqueda de la perdida estrella de cine, con el principal objetivo de que acabe la película que estaba rodando y no perder más dinero para el estudio.

Hail, Caesar!

¡Ave, César! es una comedia en la que la historia, siendo la espina dorsal que estructura e impulsa lo que vemos en pantalla, no tiene mucha importancia. La trama del secuestro, que a veces molesta más que aporta, es la excusa que utilizan los Coen para darse una vuelta por los rodajes del Hollywood clásico y sacar un buen puñado de bromas de ellos. Tanto es así que los mejores momentos de la cinta son escenas aisladas que aportan poco o nada a la historia principal pero que le dan mucha gracia al conjunto: desde la incapacidad de un actor de western (enorme Alden Ehrenreich) de hacer un drama, hasta un momento musical que homenajea a los de la época. Sketches con protagonistas individuales que consiguen que el visionado sea de todo menos aburrido.

A consecuencia de esto, y como he comentado, la historia principal se queda casi en una anécdota, funcionando en ocasiones pero en otras poniendo a la zancadilla a un ritmo que encuentra su ser en las balas que se nos disparan en forma de escenas autoconclusivas. Al final, para no sufrir en exceso la irregularidad de la propuesta, te acabas agarrando al buen hacer de los Coen en la realización, ayudados por la genial fotografía de Roger Deakins, y a un reparto de escándalo, en el que encontramos además de los ya mencionados a Scarlett Johansson, Channing Tatum, Ralph Fiennes, Tilda Swinton, Frances McDormand o Jonah Hill. Eso sí, la mayoría de estos actores cuentan apenas con una escena, algunas estelares (la de Tatum) y otras anecdóticas (la de Hill).

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¡Ave, César! es, efectivamente, una obra menor de los Coen, a un nivel muy lejano a la de sus grandes películas. Ahora bien, eso no le impide ser un viaje divertido y con un propósito claro: no el de contar una historia como tal, sino reflejar y parodiar el Hollwyood clásico, y como tal consigue ser una cinta efectiva y graciosa. Se nota, sobre todo, que los hermanos se lo han pasado bien haciéndola, y ese buen rollo se impregna en bastantes secuencias de la película. En definitiva, ¡Ave, César! no es un gran filme, ni uno especialmente memorable, pero sí otra muestra de que los Coen pueden hacer algo interesante sin importar en la dirección que vayan. [★★★]

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