Barbara | La reflexión difusa del artista

El cine bibliográfico —AKA biopic— es una de las modas cinematográficas actuales que más pereza me da, especialmente en temporada de premios, ya que por muy interesante que sea la vida de la persona en que se fijen, hay muchos que acaban siendo una recopilación momentos, de “grandes éxitos” rodados sin gracia alguna. Por suerte, hay veces que este tipo de propuestas rompen los moldes que suelen encorsetarlos y algunos biopics resultan muchísimo más interesantes. Steve Jobs (íd., 2014) y La red social (The Social Network, 2011) son dos ejemplos claros gracias a los juguetones guiones de Aaron Sorkin —aunque la dirección de David Fincher también suma en el segundo caso—. Dicho esto, al entrar a ver Barbara (íd., 2017) sabía que no iba a ser un biopic convencional gracias a la premisa de la que parte, pero aun así la sorpresa fue mayúscula al ver que la aproximación que Mathieu Amalric hace a la cantante francesa era bastante más radical de lo esperado en primera instancia.

El foco de la película se llama Monique Andrée Serf, la célebre cantante francesa conocida como Barbara, quien murió en 1997 y encandiló a todo un país con sus canciones. También es el foco de la película que Yves Zand (el propio Amalric) está rodando con la famosa Brigitte (Jeanne Balibar) interpretando a la mítica cantante. Prácticamente podrías decir que la película que están rodando es lo que Barbara teóricamente tendría que ser, pero Barbara no va de eso. Además, en Barbara también sale Barbara. O puede que sea Brigitte haciendo de Barbara. Quien sabe. Incluso podrías pensar también que Yves Zand es Mathieu Amalric, al fin y al cabo. Y que Brigitte no es otra que Jeanne Balibar. O puede que la misma Jeanne Balibar sea Barbara. Toda esta verborrea no es más de una muestra de la volátil narrativa de Barbara, la cual hace desaparecer por completo la fina línea que separa la realidad de la ficción, ya sea en nuestra realidad o en la ficticia realidad en la que se ambienta.

La figura de Barbara planea sobre ambas películas, la real y la ficticia, como si de un fantasma se tratase. Brigitte —y por extensión Balibar— adquiere poco a poco la fragilidad, los gestos, la sensibilidad y el halo de misterio propios de la cantante a la hora de ponerse en su piel durante el rodaje, hasta el punto de que la inmersión que hace en su personaje provoca que dejes de saber quién es quién. El gran parecido que la actriz y cantante tiene con Barbara beneficia fuertemente esta fusión de identidades que engaña a ambos lados de la pantalla. En una escena, Yves queda prendado de Brigitte interpretando a Barbara hasta el punto de confundirlas y eso mismo ocurre al espectador en más de una escena, ya que el metraje de Balibar se mezcla con imágenes de archivo de la propia cantante. La presencia de Amalric haciendo de un director obsesionado con la figura de Barbara también pone sobre la mesa la idea de que se trata indirectamente de una película con un fuerte componente autobiográfico a partir de la cual el explora la naturaleza de su propia obsesión y la de todos esos aficionados que quedaron prendados con la cantante.

La exploración que se hace del mito de la cantante es arriesgada y funciona mucho mejor sí conoces algo sobre la mujer que de alguna forma se homenajea en esta película, grupo en el que no estoy incluido ni mucho menos. Sin embargo, la película acepta una extrapolación y generalización de lo aquí expuesto para generar un mensaje sobre los sentimientos despertados por cualquier artista que inevitablemente hace que se pierdan parte de las intenciones originales. El principal problema que puede sufrir la obra es que, si no se logra ese nivel de conexión con el discurso y el onirismo de las imágenes, los cien minutos de metraje se convierten en una sucesión de escenas con un desarrollo narrativo algo más pobre de lo normal. Aun así, cuenta con un valor estético notable tanto a la hora de crear atmósferas como en la combinación que se hace de distintos formatos cinematográficos.

Nada más salir del cine me parecía que las ideas de Amalric funcionaban mejor en papel que en pantalla, como si no hubiese disfrutado del todo de aquello propone, pero a medida que han pasado los días me he visto absorbido por esta peculiar propuesta. Y es que Barbara es un ejercicio metacinematográfico muy estimulante que abandona por completo el carácter informativo habitual del cine biográfico y, aunque cueste reconocerlo, sale victoriosa. Se aborda la figura de la cantante francesa como si de una entidad abstracta se tratase, analizando su esencia y la extraña atracción que despierta la dupla que ella forma con su obra, algo que la magnética interpretación de Jeanne Balibar logra transmitir como si de la propia Barbara se tratase. [★★★½]

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