Barcelona, noche de invierno | Ya vienen los reyes… y el amor

Hace un par de años, un recién graduado de la escuela ESCAC, Dani de la Orden, se inspiró en la canción Jo mai mai del cantautor y actor catalán Joan Dausà para escribir el guión de la comedia romántica que sería su ópera prima. Por desgracia, el primer borrador quedó algo escueto, así que añadió cinco historias de amor más que transcurren todas ellas en la misma noche veraniega y en la ciudad de Barcelona. Añade algunos actores conocidos —y otros no tanto— y una banda sonora del propio Dausà y ya tienes Barcelona, noche de verano (Barcelona, nit d’estiu, 2013), una de las pelis por las que siento más cariño. Ante el éxito de aquella, ahora nos llega su secuela Barcelona, noche de invierno (Barcelona, nit d’hivern, 2015), ambientada en la misma ciudad pero durante la noche de Reyes.

Durante esta movida noche repleta de regalos e ilusión presenciamos un total de seis historias románticas e independientes entre sí. El Rey Melchor saltará de la carroza al ver a su primer amor durante la cabalgata e irá en su búsqueda por toda la ciudad condal con la ayuda de Ses Illes, la mallorquina de Nit d’Estiu. También repiten los padres primerizos, Carles y Laura, quienes deberán afrontar los problemas que aparecen en su relación debido a la paternidad. Los inseparables Ángel y Adrián pondrán a prueba su amistad ante una tentadora oferta de una repartidora a domicilio. Por su parte, Óscar intentará comportarse como un “fucker” y dejar a un lado su cara romántica. También hay sitio para las grandes reuniones familiares, ocasión que las ancianas Carme y Júlia aprovecharán para confesar su relación a la familia. Por último, Jaume descubrirá que tiene una nieta y recordará su trágica historia de amor con Cécile durante la guerra.

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Esta secuela, más espiritual que directa, repite la estructura —que recuerda mucho a Love Actually (íd., 2004)— y algunos de los personajes de la primera, pero solo una —o dos, si nos ponemos muy tiquismiquis— de las historias es una continuación de lo visto anteriormente, de manera que, en general, puedes disfrutar de la noche navideña sin haber visto la veraniega. Los diferentes relatos cuentan con algo más de variedad respecto su predecesora, con protagonistas de todas las edades y orientaciones sexuales que componen un abanico de ricos matices alrededor del amor.

En cuanto al resultado como conjunto, la irregularidad habitual de este tipo de propuestas sigue presente, con algunas lineas argumentales más interesantes que otras. En general, los relatos no son tan tiernos como los de la predecesora, pero su componente cómico está mucho más inspirado, llegando a sacar algunas carcajadas. Curiosamente, si consideramos las doce historias, en esta Noche de invierno encontramos la mejor y la peor. Por un lado tenemos el relato más tierno, emotivo y divertido de la saga, que te puede hacer llorar tanto de risa como de tristeza o de amor. Por otro lado, una de las historias de esta secuela es bastante aburrida pero por suerte es la menos extensa y sirve, básicamente, como relleno para redondear el número de relatos, ampliar el metraje e intentar dar un giro de guión que no resulta muy efectivo tras lo poco que ha llegado a importar el desarrollo previo del personaje.

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La dirección de Dani de la Orden sigue en la línea de la primera, dando cierto protagonismo a la ciudad que da título al film e intercalando las historias con ritmo para intentar evitar el aburrimiento. También destaca la buena factura visual del film y la fotografía de Ricard Canyellas —chico de confianza en la ESCAC—, que recuerda a la última hornada de pelis independientes americanas y se aleja del tufo telefílmico de alguna que otra producción española de mayor presupuesto.

Joan Dausà, mi artista catalán favorito, también repite en la sección musical del film, y lo hace reciclando piezas utilizadas en la anterior entrega, componiendo algunas melodías nuevas y con varias canciones escritas en exclusiva para el film. Estas nuevas canciones encajan dentro del ambiente navideño en melodía y letra, pero no me han parecido muy memorables en comparación con el resto del repertorio del cantautor o con la propia BSO de Barcelona, noche de verano.

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El reparto aumenta el número de caras bastante conocidas dentro del panorama nacional, bastantes de ellos con un papel cercano al cameo, pero mantiene algunos huecos para jóvenes promesas y vuelve a estar integrado en su mayoría por actores catalanes. Entre todos ellos, el que más huella acaba dejando en la memoria tras el visionado es Berto Romero, gracias a un recital cómico que recuerda a su papel robaescenas en Anacleto: Agente secreto (íd., 2015). También me gustaría destacar la pareja de abuelitas interpretadas por Montserrat Carulla y Asunción Balaguer —a la que yo denomino la iaia de Cataluña—, la picardía de Aina Clotet, la adorabilidad de Laura de la Isla, el agradecido cambio de registro de Alex Maruny o el humor bruto de David Guapo —otro que, como Berto, confirma que puede ser solvente como actor además de humorista—.

Barcelona, noche de invierno utiliza la misma fórmula que la predecesora para mostrarnos diferentes ejemplos del amplio espectro de posibles relaciones amorosas dentro de una comedia romántica que funciona muy bien tanto en su vertiente cómica como en la romántica. Y aunque acabe siendo ligeramente menos tierna y fresca, el espíritu optimista y de celebración del amor en todas sus vertientes que caracterizaba la primera entrega se mantiene prácticamente intacto, de manera que si te encantó la primera, probablemente su secuela te vaya a conquistar también. [★★★½]

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