Beast of No Nation | Una mirada sin inocencia

La guerra. La pérdida de la inocencia. La insegura búsqueda de una venganza que pasa por una pistola apuntando y una bala entrando dentro de un cuerpo que solo hace un segundo se movía. Beast of No Nation (íd., 2015) no mira debajo del felpudo para comprobar si hay una copia de la llave, sino que tira abajo la puerta de una patada y entra en la sala, metralleta en mano y con una cara que te invita a prepararte para un viaje movidito. Y no vas a decirle que no.

Netflix se mete en la industria cinematográfica de la mano de Cary Joji Fukunaga, conocido por su adaptación de Jane Eyre (íd., 2011), con Mia Wasikowska y Michael Fassbender, y principalmente por haber colaborado mano a mano con Nic Pizzolato en la primera temporada de True Detective, encargándose de dirigir los ocho capítulos que la formaban. En Beast of No Nation nos presenta la historia de un niño que se verá obligado a escapar de la zona de refugiados donde vivía con su familia por culpa de la guerra civil que se está desarrollando en su país -del llamado “tercer mundo”- para caer poco después en una milicia liderada por un comandante de los que te piden la sal y tú se la pasas con la mano temblorosa. Un viaje sin retorno en el que lo que se deja atrás no es solo lo vinculado al hogar, sino la inocencia y la infancia.

Beast of No Nation no quiere ser un retrato de la guerra en su conjunto, ni centrarse especialmente en el conflicto que se está desarrollando en el país en el que se sitúa, sino poner a los personajes en el punto de mira y que se nos vaya narrando su historia mediante las miradas y la acciones. Más allá de los tiros y las explosiones, que las hay, lo importante son las conversaciones, los silencios y las nuevas y brutales obligaciones a las que están sometidos los niños soldado. Tan importante es el viaje psicológico como el que realizan a pie, a través de selvas y ciudades en las que el sonido de los disparos es el pan de cada día.

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Apoyada en el guión que adapta la novela homónima de Uzodinma Iweala, el film consigue volar alto en numerosas ocasiones gracias a dos ingredientes: la realización de Fukunaga, que narra todo con gran elegancia y saber hacer, además de que también realiza las labores de fotografía con un gran resultado; y las interpretaciones tanto de un imponente Idris Elba -mejor al principio que al final- como de un genial Abraham Attah que carga sobre sus hombros con el peso de la película y que nos transmite todo su recorrido emocional mediante miradas, haciéndonos sufrir con él y entenderle a pesar de los actos a los que está obligado a responder.

Beast of No Nation es una película larga y dura, de esas a las que tienes que ir sabiendo a lo que te enfrentas y con predisposición a sumergirte de lleno en un viaje terrible. A pesar de algún que otro bajón de intensidad en el tramo medio-final, el resultado me parece muy destacable, y me alegro de que alguien como Fukunaga, que no lleva mucho tiempo en la industria, haya tenido libertad artística para desarrollar una pieza con momentos tan brutales, sin apartar la mirada y hacer como que nada ha ocurrido. He leído que algunos cines se han negado a proyectarla, no sé si por el contenido o por su inmediata disponibilidad en Netflix, pero el caso es que esta clase de historias necesitan grandes ventanas a las que la gente pueda asomarse con comodidad. Netflix es una buena ventana. Y si apuestan por este tipo de ficción, que lo siga siendo por mucho tiempo. [★★★½]

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