Viaje a Sils Maria | El inexorable paso del tiempo

Hacer una película que pueda servir como artefacto para criticar y cuestionar la industria del cine, a la vez que se explora los aspectos más complejos de las personas que componen dicha industria debe de ser, sin duda, un trabajo bastante arduo. Especialmente si esta película, además de servir como sátira, también nos cuenta una historia profunda sobre lo que significa aceptar la madurez y mirar hacia adelante.

Olivier Assayas, no obstante, se embarca en este difícil proyecto con Viaje a Sils Maria (Clouds of Sils Maria2014). En esta película nos cuenta la historia de Maria Enders (Juliette Binoche), una actriz de 40 años que recibe la oferta de interpretar a Helena -una mujer víctima de la seducción de una chica considerablemente más joven- en la reposición de la obra de teatro La serpiente de Maloja. Esto causará que Maria se enfrente a su pasado, ya que la misma producción teatral marcó el inicio de su carrera cuando ella, con tan solo 18 años, fue quien estuvo en la piel de la joven seductora Sigrid.

Viaje a Sils Maria es, en muchos aspectos, una película similar a Birdman (íd.,2014), de Alejandro González Iñárritu. Ambas, por ejemplo, parten de la premisa de actores maduros, preocupados por su propia obsolescencia, que canalizan el conflicto existente entre el arte y el entretenimiento. Sin embargo, la cinta de Assayas, a pesar de no ser un espectáculo visual o ejecutar un gran despliegue técnico, trata esta discusión con mayor profundidad y desde el punto de vista de una actriz. Esto último dota de dimensiones nuevas al discurso que se intenta transmitir, ya que son pocas las actrices que siguen teniendo roles protagonistas cuando pasan de los 30 años y en los que suele, con suerte, pasarse de roles de mujer joven directamente a roles de figura materna.

Juliette Bincoche en Clouds of Sils Maria

Aunque este sea un largometraje con una gran carga emocional, su guión se asienta más que todo en una base discursiva muy fuerte. En esta base se encuentra toda una tesis sobre cómo experimentamos el tiempo, cómo interpretamos los recuerdos y cómo aceptamos que el pasado es una cosa que está, inevitablemente, detrás de nosotros y a la que no podemos aferrarnos y, mucho menos, volver. Lo humano de la interpretación de Binoche proviene, quizás, no solamente de su gran experiencia y talento en la actuación, sino de sus propias experiencias personales fuera de pantalla, en situaciones muy parecidas a las de su personaje. Es aquí donde la película sabe tender muy bien, sin pretensiones o fanfarronerías, un puente entre el retrato de la industria y la industria en sí; un puente que se construye con pequeñas y efectivas referencias bastante sutiles a personajes, actores y películas reales. Es, además, curioso escuchar a Valentine (Kristen Stewart), asistente de Maria, defender el cine de entretenimiento y a los públicos de masas cuando ella ha sido la estrella de una de las sagas más rentables del cine de entretenimiento de los últimos diez años.

De todas, la sección argumental que me parece la más rica es aquella en la que se establece y desarrolla la relación entre Maria y Valentine. Tanto Binoche como Stewart dan la talla perfectamente y crecen ante nuestros ojos en cada escena que comparten. Aquí juega un papel fundamental el guión de La Serpiente de Majola, que hace de reflejo algo desdibujado de la relación entre estos dos personajes. Incluso cuando no están comunicándose con sus propias voces, uno puede ser testigo del conflicto por el que están pasando ambas: Valentine por no poder cumplir las expectativas de Maria (quien la acusa en más de una ocasión de simplista) y Maria por no poder desmontar sus prejuicios ni saber cómo acortar la distancia que la separa de Valentine.

Viaje a Sils Maria no es una película perfecta y su principal defecto sea quizás que adquiere un ritmo lento comparado con el de su primera mitad. Ese es su punto débil, pero es quizás el único que puedo encontrar claramente. Por lo demás, Assayas ha dejado en esta cinta el retrato humano de aquellos que pertenecen a la industria, incluso cuando es solo para recordar que el mundo del espectáculo es inclemente y así también lo es el paso del tiempo. [8]

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