Creed: La leyenda de Rocky | Tenemos nuevo campeón

Era el momento perfecto. No se podía haber hecho antes. Creed ha llegado justo cuando debía. Ya han pasado diez años de Rocky Balboa (íd., 2006), la otrora despedida de uno de los personajes más reconocibles del cine americano desde hace cuarenta años. No creo que nadie se pudiera imaginar que el personaje podía dar más de sí—teniendo en cuenta incluso que ya de por sí es una saga excesivamente alargada— pero muy pocos podían prever la existencia de un proyecto como el que ha acabado siendo Creed. Veamos si la leyenda de Rocky sigue siendo tal.

Creed es muchas cosas, y lo es porque juega varios papeles. Su principal papel es el de ser un spin-off de la saga del Semental italiano, abriéndose camino para crear a partir de aquí una nueva franquicia independiente de aquella. A su vez, estamos ante una secuela de dicha saga, pues son el propio Rocky y su querida Filadelfia los nexos de unión entre esta nueva película y las seis anteriores —junto a un sinfín de referencias, claro—. Pero lo que hay que tener en cuenta es que Creed, a pesar de todo, no deja de ser un remake —con ciertas diferencias— de la primera Rocky (íd., 1976).  La estructura de la oscarizada se ha repetido hasta la saciedad a lo largo de la saga, pero es en esta donde tiene más sentido que nunca. Poco o nada tienen que ver este Adonis Johnson (o Adonis Creed, como quieras llamarlo) con el Rocky que pudimos ver en dicha cinta. Aún así, muchas situaciones se vuelven a repetir, algunas con menor acierto del que me gustaría. Solo hay que comparar el romance entre Adrian y Rocky y la trama amorosa que tiene Adonis. Se ve la relación de una forma bastante superficial y peca de ser demasiado convencional y previsible. Por otro lado, momentos clave como el entrenamiento del protagonista consiguen mantener levemente la esencia original pero con aroma nuevo, con un tono diferente.

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Esto, principalmente, viene dado a que por primera vez en la saga Sylvester Stallone se ha alejado del guión, e incluso de la dirección, dejando su “legado” en manos de Ryan Coogler, que también firma el libreto y dirige. De Coogler se podría decir que es un director con poca trayectoria, esta es —sorprendentemente— su segunda película. La primera fue una obra indie que alguno os puede sonar: Fruitvale Station (íd., 2013), con la que se ganó las miradas de la industria. Y parece que es un tipo que gusta, ya que no soló ha conseguido convencer a Syl para llevar adelante Creed, sino que se va a encargar también de Pantera Negra, uno de los próximos proyectos cinematográficos de Marvel. Y menos mal. Ryan Coogler sorprende con sus habilidades como realizador y es que, sin ningún tipo de duda, Creed es la película mejor dirigida de las siete de este ya “universo Rocky”. Nunca un combate de boxeo se ha rodado mejor en toda la saga que con el pulso que lo hace aquí Coogler, uno de los puntos fuertes del filme.

Hay otra estrella en ciernes en Creed, y ese es Michael B. Jordan, encarnando al mencionado Adonis. Lleva bastantes años en este mundillo —los seguidores de The Wire lo pueden recordar de niño— pero no ha sido hasta hace unos cuatro años cuando se le ha empezado a ver en papeles importantes en el cine como en Chronicle (íd., 2012) o la citada ópera prima de Coogler. En Creed creo que ha encontrado su actual cima como actor, se le ve cómodo en el papel, con ganas de dejarse la piel en él, y encima le aporta frescura y algo de humor a su personaje en contrapunto a la comedia involuntaria del propio Rocky. Por otro lado a Stallone nunca lo he visto mejor, ni encarnando a su personaje estrella ni en ninguna otra película. Este es el papel de su vida, eso lo sabemos todos. Pero la interpretación que hace en esta ocasión está por encima de lo que en nuestras mentes prejuiciosas cabría esperar. Logra conmover como nunca antes se había acercado siquiera y aparte supone su última gran oportunidad de redimirse contra todas las críticas negativas que ha recibido en las últimas décadas. Su nominación al Oscar ha dado mucho que hablar, y si bien no creo que me parezca el mejor de su categoría, anda que no nos emocionaríamos si consiguiera la estatuilla por el mismo personaje por la que estuvo nominado hace exactamente cuarenta años.

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Y hablando de emoción, es un sentimiento que veo muy ligado a la saga. Las combates del tercer acto siempre son trepidantes, me ponen muy nervioso y los vivo intensamente. Y aquí, a pesar de que nos han dado un combate en el segundo acto dotado de un portento técnico admirable, el combate final no llega a ser tan emocionante como lo han sido anteriores de la saga —en especial los dos de Rocky contra Apollo Creed—; sin embargo, es un combate que da gusto ver, que tiene decisiones bastantes correctas y que cumple con la propuesta visual que da toda la cinta. Para la banda sonora, se nota la ausencia de Bill Conti y se encuentra con un soundtrack plagado de canciones de rap mezclado con reminiscencias sonoras de las míticas piezas originales de la primera entrega de la saga.

No sé del todo si quiero que esto sea una nueva franquicia —por miedo a lo que les pueda pasar— pero de lo que estoy seguro es que como película individual funciona a las mil maravillas. Tenía bastantes ganas de ella y no me ha decepcionado. Suple de sobras lo que quería ver y a pesar de que le haya encontrado alguna que otra costura la considero la segunda mejor de la saga —imagino que sabéis cual es mi favorita, no he dejado de compararla—. Creed es otro round ganado por las nuevas películas que intentan hacerse un hueco evocando la nostalgia, y no tendré ningún problema por ello si todas salen tan bien. [★★★½]

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