David Lynch: The Art Life | La mente perversa del artista

Es imposible empezar esta crítica sin mencionar lo mucho que adoro a David Lynch y su obra audiovisual tras haberlo conocido —figuradamente— durante un trabajo en mis años de instituto. Twin Peaks es, sin lugar a dudas y pese a su irregularidad, una de mis series favoritas, mientras que Carretera perdida (Lost Highway, 1997) y Mulholland Drive (íd., 2001) estarían entre los cinco primeros puestos en un ranking sobre la mejores películas que he visto en mi vida. Y aunque no pienso en absoluto que todas sus películas sean redondas, sí creo que cada una de ellas tiene algo muy especial y digno de mención a nivel estilístico o de creación de universos que es inherente a la presencia de Lynch detrás de las cámaras. La visión que este tiene del arte cinematográfico, por decirlo de alguna forma. Pero Lynch no empezó con el cine como vocación, algo que se nos muestra en David Lynch: The Art Life (íd., 2016), un documental dirigido a seis manos por Jon Nguyen, Olivia Neergaard-Holm y Rick Barnes.

Antes de seguir tengo que avisar a aquellos navegantes que estén única y exclusivamente interesados en la faceta como cineasta de Lynch que se olviden de este documental, porque no va directamente sobre ella. Y digo directamente porque este documental se centra en descifrar la figura de Lynch como artista, un término que generaliza al poderse aplicar su forma de pensar y de actuar a todos medios artísticos de expresión que este utiliza, ya sean pintura, collage o cine.

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Este documental no es otra cosa que un repaso cronológico a la vida del señor David Lynch, desde su nacimiento hasta que se puso a dirigir su bizarra opera prima Cabeza borradora (Eraserhead, 1977). Para algunos este planteamiento puede parecerles tan pobre como leer la página de la Wikipedia del cineasta y dicho así no niego que puedan tener algo de razón. Es por eso que es imprescindible que semejante repaso lo haga nada más y nada menos que el propio David Lynch. Que uno mismo cuente la historia de su vida hace que ésta sea contada desde un prisma único que solo él nos puede proporcionar al dar énfasis en detalles importantes que de otro modo podrían pasar por alto al espectador y brindarnos información desconocida para todos excepto para él, algo que se convierte en el más importante aliciente de este filme. Lynch, con un tono muy cercano, íntimo y simpático, nos describe su evolución como persona y en este caso también como artista, nos cuenta anécdotas de su infancia y juventud —como cuando se fue de un concierto de Bob Dylan— y habla de los sentimientos que residían en su interior en cada etapa de su hasta ese momento corta vida. Vemos cómo su punto de vista con respecto al arte, aunque cambiante, es ciertamente único y se vislumbran influencias que este ha tenido y que años después se muestran en sus obras, como puede ser la dualidad representada en muchos de sus filmes y que él mismo ha sufrido entre su idílica vida en Missoula y el pesimismo de Filadelfia.

Si nos paramos a valorar los aspectos formales de David Lynch: The Art Life dentro del género documental la mejor palabra que se puede utilizar para describirlo es sencillo, al contrario que con el cine del sujeto en el que se centra. Durante alrededor de noventa minutos no encontramos otros testimonios que no sean los del mismísimo David Lynch, cuya voz en off se ve acompañada en todo momento por un extenso repertorio de videos e imágenes personales que se mezclan con las casi infinitas muestras de arte gráfico que este ha ido creando desde la adolescencia a la actualidad, además de piezas de metraje reciente que muestran al señor del pelazo en pleno proceso creativo de un cuadro mientras vive plácidamente con su hija pequeña Lula en su enorme hogar/taller. No es en absoluto revolucionario, pero la voz y la imagen se complementan de forma correcta a la hora de construir en nuestra mente una imagen mucho más nítida de este artista en otras facetas ligeramente alejadas de aquella por la que es mundialmente conocido. [★★★]

Para acabar este artículo me gustaría enseñaros una pequeña muestra de la obra pictórica de Lynch, tan macabra como sus filmes y que demuestra que su oscura imaginación le acompaña desde hace muchísimos años.

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