Días repletos de cine (Vol. 20): El rey tuerto, American Honey…

Se acerca fin de año y con él las inevitables valoraciones de lo mejor que ha dado este 2016 en cuanto a obras cinematográficas —algo que tendréis en la web durante la última semana—. Sin embargo, en esta página nos hemos dado cuenta de una cosa que hay que remediar sí o sí: acaba el año, uno que ha sido bastante bueno en la gran pantalla, y hay películas muy destacables de las que aún no hemos hablado por estos lares. Es por eso que aprovechamos para resucitar nuestra sección de críticas compactas bautizada como Días repletos de cine para dedicarle un hueco a películas tan especiales —para quien escribe estas líneas— como son Marea negra (Deepwater Horizon, 2016), El rey tuerto (El rei borni, 2016), American Honey (íd., 2016), Tickled (íd., 2016) y Hardcore Henry (íd., 2016).

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Marea negra

Ya he mencionado alguna que otra vez que el cine de catástrofes me encanta, pese a que uno de los últimos ejemplos, San Andrés (San Andreas, 2015), me decepcionara bastante. En Marea negra (Deepwater Horizon, 2016) nos encontramos con un evento a mucha menos escala que la destrucción de toda la costa oeste de los EEUU. Un evento que, además, sucedió de verdad: un accidente en un oleoducto en el Golfo de México. La primera mitad del filme de Peter Berg puede que sea demasiado introductoria y con tanto personaje por ahí suelto es difícil que consigas conectar con alguien. Tampoco es necesario. Este alargado primer acto sí que sirve para mostrar la dinámica entre los trabajadores lo suficientemente bien como para que te importen en conjunto. Sin embargo, más importante es la presentación del personaje principal: la plataforma petrolífera. El funcionamiento de ésta se muestra con suficiente acierto, pero sobre todo se pretende dejar claro quiénes son los jugadores involucrados en el accidente que está por venir. Más o menos a la mitad es cuando empieza el efecto mariposa y una cadena de sucesos y errores desembocan en la espectacular explosión de la plataforma, una secuencia intensa y abrumadora que nos introduce de lleno en la lucha por la supervivencia que ocupa la segunda mitad del filme. Ahí el ritmo, ya de por sí rápido, sube aún más y no paran de sucederse tensas escenas llenas de destrucción y fuego que bien merecen ser vistas en la pantalla más grande posible. Marea negra no es una película que esté maravillosamente interpretada, pero tampoco lo necesita, ya que lo único a lo que debe aspirar es conseguir transmitir, ni que sea un poco, la angustia que sufrieron a bordo de la infernal Deepwater Horizon, algo que conmigo consiguió con creces. [★★★½]

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El rey tuerto

Hablando de sucesos, uno de los más polémicos y mediáticos de Cataluña en los últimos años es el de Ester Quintana, una mujer a quien, durante una manifestación, un antidisturbios disparó una pelota de goma que le destrozó un ojo. En este caso es en el que se inspira El rey tuerto (El rei borni, 2016) , la ópera prima de Marc Crehuet basada en la obra de teatro homónima escrita y dirigida por él mismo. Esto último es importante por dos motivos: por un lado, el origen teatral de esta película se nota constantemente por los escasos ambientes que se transitan durante la historia y por cómo están planteadas algunas escenas; y por el otro, el ahora cineasta se conoce el material al dedillo, de manera que consigue exprimir al máximo esta atractiva propuesta. La película —y la obra— tiene como punto de partida la incómoda cena entre un antisistema y el antidisturbios que le dejó tuerto. Una premisa potente que un servidor pensaba iba a ser el motor de todos los minutos que dura la cinta, pero nada más lejos de la realidad. La cena hace de primerísimo acto y los sucesos tras esa cena son los que verdaderamente importan. Así es como nos encontramos con los dos “anti” colaborando con una dinámica inesperada que desemboca en una buena cantidad de crítica social, especialmente de carácter político, al orden establecido. Ambos se convierten en los protagonistas por delante de sus contrapuntos femeninos aunque todos están estupendamente interpretados por Betsy Túrnez, Ruth Llopis, Miki Esparbé y Alain Hernández. No obstante, este último es el que verdaderamente brilla ya que se aprovecha el potencial de su personaje a nivel moral para convertir a David en el verdadero hilo conductor de la película y en el designado con la misión de mandar —literalmente— el importante mensaje de que debemos despertar, abrir la mente, cuestionar todo lo que nos rodea y buscar respuestas. En definitiva, una mensaje de alerta a la ciudadanía disfrazado de una divertidísima y muy inspirada comedia negra. Tan negra como la curiosamente oscura atmósfera que se imprime al filme gracias a los decorados y la fotografía. [★★★★]

American Honey

Y pasamos de tierras catalanas a la América profunda que la británica Andrea Arnold ha escogido como ambientación de su cuarta obra, American Honey (íd., 2016), la cual pasó absoluta e injustamente desapercibida por salas debido a la pésima distribución y promoción de Universal. En ella seguimos la pista de Star, una chica sin familia ni futuro que se une a un grupo de jóvenes que van de ciudad en ciudad vendiendo tantas suscripciones de revistas como pueden para sobrevivir. La duración de este filme puede tirar un poco para atrás —160 minutos— pero bajo mi punto de vista no hay ni un minuto que sobre dentro del viaje de la joven a la que da vida con mucha naturalidad Sasha Lane. Un viaje físico y, sobre todo, emocional en el que le acompaña nuestro querido Shia LaBeouf como interés amoroso. A partir de esta historia de amor, el uso constante y muy bien aprovechado de temas musicales de múltiples géneros y las imágenes que se van sucediendo en nuestros ojos, visualmente deslumbrantes gracias a la fotografía con una cuadrada relación de aspecto —ejem, Instagram, ejem— de Robbie Ryan, American Honey consigue contagiar la vitalidad de este variopinto grupo de adolescentes que por un motivo u otro se han visto expulsados de la sociedad y han encontrado el amor —en este caso fraternal— en un lugar carente de esperanza. Un coming-of-age que rezuma veracidad por los cuatro costados y nos transporta a esa furgoneta como si fuésemos uno más del grupo. Una oda a la juventud, al desfase, a enamorarse y a vivir sin perder la sonrisa mientras se busca un futuro mejor. Y aunque el discurso vitalista es la mayor virtud de la cinta de Arnold, no solo funciona en esta faceta, ya que la estructura del relato, más allá de convertir las paradas de la furgoneta en meros escenarios, nos lleva por distintas capas de la sociedad de clases en la que siempre hemos vivido, radiografiando un gran espectro de situaciones socioeconómicas, desde ricachones tejanos a familias destrozadas por la drogadicción. [★★★★]

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Tickled

Con American Honey hemos estado hablando de una ficción que parece muy real, justamente lo opuesto a lo que ocurre con una de las joyitas del último festival de Sundance, llamada Tickled (íd., 2016), un documental dirigido y protagonizado por el periodista neozelandés David Farrier y su compañero Dylan Reeve. Todo empezó cuando el primero de ellos, en la búsqueda del próximo tema para la sección de curiosidades de un programa de televisión, se encuentró con un video de competiciones de cosquillas extremas. Ante semejante tema, Farrier no pudo evitar seguir investigando hasta que topó con Jane O’Brien Media. No contaré nada más porque la historia merece ser descubierta durante el visionado del documental, en el que vamos descubriendo junto a los dos jovenes directores uno de los entramados más surrealistas jamás vistos en una pantalla. Tanto que ellos mismos acaban viéndose afectados personalmente por todo este asunto. Esto mismo podría hacer que Tickled señalara muy negativamente este particular hobby o fetiche, pero mostrar las dos caras que existen juzgando solo la parte moralmente cuestionable es uno de los mayores aciertos del acercamiento de Farrier y Reeve al tema. Un sórdido y adictivo documental de investigación muy bien construido a través de pruebas materiales, entrevistas y trabajo de campo en el que se buscan las cosquillas de los responsables detrás de esta siniestra y misteriosa trama. [★★★½]

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Hardcore Henry

Para finalizar esta vigésima entrega de Días repletos de cine os voy a hablar de una de las experiencias cinematográficas más peculiares que he tenido durante el presente curso que en breve va a terminar. Esta es, ni más ni menos, que Hardcore Henry (íd., 2015). Para quienes no la conozcáis, cuenta la historia de un cyborg llamado Henry, quien emprende una misión de venganza contra aquellos que han secuestrado a su mujer, aunque eso conlleve atravesar todo Moscú y parte de sus alrededores. Todo muy mediocre excepto por el hecho de que está rodada en primerísima persona, algo que podría haber salido mal y acaba siendo la gran virtud de este filme. Técnicamente no se le puede reprochar nada, ya que Hardcore Henry es el video POV de parkour ruso —esos en los que se va por grúas y edificios altos sin protección— con más hostias, explosiones, disparos y gore de la historia. Si nos ponemos a valorar el desarrollo argumental vemos que, en efecto, es una fumada llena de tópicos, pero qué más da esto cuando se potencia la forma hasta hacer que la experiencia de su visionado sea adrenalínica. Además, la película de Ilya Naishuller tiene algunos toques cómicos y a un Sharlto Copley totalmente desatado, dos cosas que demuestran que el filme no se toma una pizca en serio y es una burrada hecha para disfrute propio y de cierto sector adicto a las propuestas cinematográficas más bizarras. Una cinta ideal para ver a través de gafas de VR y con unas cuantas biodraminas en el cuerpo. [★★★½]

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