Días repletos de cine (Vol. 21): Manchester frente al mar, T2 Trainspotting…

El caso es que no habíamos visitado nuestra querida sección Días repletos de cine en este 2017, así que me he propuesto a dar el pistoletazo de salida en un año en el que, espero, esta recopilación de opiniones sobre diversas películas esté bastante presente. Para ello voy a hablar, en primer lugar, de la que ha sido para mí la mejor película del año pasado, y que no tuvo crítica en esta página por visicitudes del destino, y después abarcaré otros filmes de diferentes décadas y géneros, además de uno de los estrenos más esperados del presente 2017 para cerrar el artículo. El objetivo es darle variedad, supongo, así que lo intentaré.

Era un delito que Manchester frente al mar (Manchester by the Sea, 2016) no tuviera un comentario más o menos extenso en esta web, así que un servidor ha decidido hacerle justicia. Y es que la película de Kenneth Lonergan es para mí lo mejor (o entre lo mejor, por si en un futuro la cosa cambia) que ha dejado el cine en 2016, una obra humana que se sostiene principalmente en uno de los guiones más complejos y brillantes de los últimos años. Su capacidad para tocar temas como el duelo, la responsabilidad o el pasado es increíble, nunca trivializando y siempre ahondando en esa tristeza que transmiten los personajes, sobre todo el protagonista, Lee, al que casi resulta insultante llamerle personaje y no persona: tales son sus aristas y su complejidad que lo sientes como alguien humano, que cometió algo terrible a través de su irresponsabilidad y no busca el perdón, sino poder seguir con su vida esperando no volver a cagarla y sin hacer daño a las pocas personas que le importan. Además, se ve sustentado en la magnífica interpretación de un Casey Affleck que pocas veces ha estado mejor, y arropado por un cast que funciona como un tiro. Es cierto que las habilidades de Lonergan como director no son portentosas, y que tiene algún tropiezo puntual en el montaje, pero sinceramente los aciertos de una película tan monumental como esta me hacen olvidar los pequeños puntos negros. Una maravilla. [★★★★]

Llevo un tiempo sumergido en un ciclo dedicado a Michael Mann, y una de las películas a las que más ganas tenía de llegar era Collateral (íd., 2004). A falta de unas pocas más para cerrar su filmografía actual, debo decir que el cine de Mann me está gustando mucho en general, aunque sin apasionarme como a otra tanta gente. De hecho, hasta antes de ver Collateral las únicas que de verdad me gustaban mucho eran Ladrón (Thief, 1981), El último mohicano (The Last of the Mohicans, 1992) y, claro, Heat (íd., 1995), siendo ésta última la que me parecía más redonda. Sin embargo, Collateral ha llegado para quitarle el primer puesto entre mis favoritas de Mann, y es que hace mucho que no disfruto de un thriller tan bien medido y desarrollado. Apoyado en un muy buen guion de Stuart Beattie, que triunfa especialmente en el desarrollo de personajes, el señor Mann da rienda suelta a su fuerza visual, con cámara en mano, zooms, desenfoques y otras famosas características de su cine que en otras ocasiones se le van de las manos, pero que aquí funcionan como un tiro (literalmente). Jamie Foxx está muy bien, algo que no se puede decir todos los días, y Tom Cruise está estupendo, como es de costumbre. Ya digo: quizá Collateral no sea el thriller más original de la década pasada, pero encontrarás pocos repletos de momentos tan memorables y que se completen de una manera tan redonda. [★★★½]

Otro director con el que tenía ganas de ponerme era Brian de Palma, y aunque no estoy haciendo un ciclo de todas sus películas sino seleccionando entre las que más me llaman, he de decir que tarde o temprano completaré su filmografía porque en general me está pareciendo un director fantástico. Películas como la que quiero comentar, Impacto (Blow Out, 1981), son buena prueba de ello. Podríamos decir que los filmes de De Palma se dividen en dos tipos: los que tienen la historia como un elemento principal (Los intocables de Eliot Ness, Scarface o Carrie), y lo que suponen más un ejercicio de estilo (Vestida para matar o esta Impacto). Y con ello no me refiero a que una película como Scarface no tenga un estilo marcado o que Vestida para matar descuide su historia, pero siento una diferencia en las prioridades de De Palma, y lo grande es que en ambos casos el resultado es estupendo. Impacto, contándonos cómo un editor de sonido de películas erótico-terroríficas (un convincente John Travolta) se ve envuelto en una conspiración que implica a gente muy peligrosa, destaca por la forma en la que De Palma lo cuenta, por cómo mueve la cámara o utiliza los planos subjetivos; de hecho, resulta especialmente memorable el prólogo de la cinta, no solo por la maravilla formal que es sino por el giro en su resolución. No llega a la altura de esa obra mastodóntica (y para mí la mejor de las que he visto firmadas por él) que es Vestida para matar, pero Impacto es otra muestra de la brillante capacidad narrativa de De Palma. [★★★½]

Sigamos con directores de los que estoy picoteando películas de su filmografía: David Cronenberg. Hace poco vi Promesas del este y Una historia de violencia, gustando muchísimo las dos (especialmente la segunda), y me fui un poco más para atrás en su historial para rescatar Videodrome y La mosca (The Fly, 1986). Videodrome me gustó, aunque se quedó lejos de levantar en mí las pasiones que produce en mucha gente. La que sí que me encandiló mucho fue La mosca, de la que esperaba poco (quizá por su argumento y el miedo que tenía de que Cronenberg se recreara demasiado en el aspecto escatológico del asunto) y me sorprendió en todos los sentidos. Por un lado me parece una historia muy bien contada, con los tiempos bien medidos y que sabe jugar con la tensión inicial; pero lo importante es lo que hace Cronenberg en cuando a la forma de narrarlo y mostrarlo. Solo hay que observar la escena en la que el protagonista (un Jeff Goldblum que dudo que alguna vez haya estado mejor) se mete en la máquina sin darse cuenta de que hay una mosca, y cómo la cámara gira hasta mostrarnos al pequeño animal apoyado en el cristal desde la parte interior. Tiene momentos de un cine maravilloso, y quizá sea la obra que más me apasione hasta el momento del mencionado director. También es cierto que su temática y ciertas secuencias concretas (con el marido de ella, por ejemplo, que no me llega a molestar pero tampoco aporta demasiado) provocan que no llegue a la completa excelencia y que tenga más ganas de volver a, por ejemplo, Una historia de violencia que revisionar esta, pero eso no quita que La mosca sea una estupenda película que bien merece el puesto que tiene en la memoria colectiva. [★★★½]

Para concluir hay que comentar uno de los estrenos destacados de estos tres primeros meses del año, que no es otro que T2 Trainspotting (íd., 2017), la secuela de la mítica película noventera que puso a Danny Boyle en el mapa. Tenía bastante ganas de verla, a la par que miedo, y en general diría que las expectativas se han cumplido para bien: es una película muy alejada del nivel de la original, de una carácter absolutamente nostálgico y que, aun con la dependencia que sufre (o disfruta) de la anterior, consigue algunos momentos propios y originales que justifican su existencia. Hablo de cierta escena en un bar, por ejemplo, que es cuando el filme vuela más alto como obra independiente y, a su vez, recuerda a las sensaciones provocadas por Trainspotting. El reparto vuelve a estar bien, Danny Boyle lleva el proyecto a buen puerto (con su clásica dirección eléctrica, llena de buenas decisiones y de otras bastante cutres) y, en general, podemos decir que la secuela ha valido la pena. ¿Es un complemento? Para mí sí. Un epílogo de aquella cinta del 96, un regalo para los seguidores que tenían ganas de reencontrarse con los personajes a los que llevaban tanto tiempo sin ver. [★★★]

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