DRC (Vol. 18): Dos buenos tipos, Sólo los amantes sobreviven…

Hace calorcete. Y no sé si realmente esa palabra está debidamente reconocida como parte del vocabulario castellano, pero sirve para definir el estado en el que nos encontramos, que parece derretir hasta la tinta virtual que leéis ahora mismo en vuestras pantallas. En cualquier caso, con un ordenador que parece rechistar agitando su ventilador con un sonido qué sé yo si normal, me dispongo a hablar de cinco películas en una nueva entrega de Días repletos de cine. Hemos decidido cambiar los titulares, que así podemos nombrar algunas de las cintas elegidas y todo salimos ganando. Y ardiendo, a este paso. Qué calorcete.

Se nos pasó hablar de uno de los estrenos más destacables del año (como todavía nos quedan algunas pendientes; Dory nadará tarde o temprano por estas aguas) y no se me ocurre mejor marco para recuperarla: hablo de Dos buenos tipos (The Nice Guys, 2016), la nueva película de Shane Black. Nos encontramos ante una historia de detectives que, bajo la pluma de Black, se centra en parodiar y homenajear a las típicas cintas del género, jugando continuamente con las casualidades y las situaciones de humor absurdo. Recuerda, cómo no, a El gran Lebowski de los hermanos Coen, y eso solo puede ser bueno: Dos buenos tipos funciona a la perfección como comedia exagerada, como película policíaca (el caso está lo suficientemente bien construido como para que te interese su resolución) e incluso como drama, con dos personajes principales con un trasfondo trabajado e interesante. Aunque bueno, gran parte de la culpa de que sean tan carismáticos reside en sus actores, un buen Russell Crowe y un Ryan Gosling que brinda uno de los mejores papeles de su carrera. Para no perdérsela. [★★★½]

Otro estreno del que no hablamos, este de hace ya unos meses, es la nueva obra de Joachim Trier, El amor es más fuerte que las bombas (Louder than Bombs, 2015). Tras visionar y disfrutar de sus dos anteriores películas, que demostraban la sensibilidad con la que Trier toca temas tan profundamente humanos como la soledad, me dispuse a visionar con notables ganas esta historia sobre una familia que, dos años después de la muerte de la madre, sigue afrontando lo sucedido de maneras diferentes. Lo que finalmente encontré superó mis expectativas: una película que trata de forma magistral la pérdida, el duelo y el dolor, y la incomunicación que deriva de ello. No puedo hacer otra cosa que admirar la capacidad de Trier para reflejar sentimientos y para hacer que su película, dentro de las idas y venidas que supone tener varios personajes en el punto de mira e incluso repetir escenas desde diferentes puntos de vista, funcione como un todo. Es simplemente brillante. [★★★★]

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Otra película brillante, y para mí la cima de otro cineasta, es Sólo los amantes sobreviven (Only Lovers Left Alive, 2013), firmada por Jim Jarmusch. El cine de Jarmusch, al que le tengo bastante aprecio, se caracteriza por su interés en el viaje entre dos puntos; los vértices A y B son importantes, pero lo realmente interesante se encuentra en la línea que los une. Uno de los mayores ejemplos y catalizadores de esta idea es la cinta protagonizada por unos geniales Tom Hiddleston y Tilda Swinton, que encarnan a dos vampiros muy diferentes pero que se complementan a la perfección: él es un emo que no le encuentra sabor al mundo después de tantos años habitándolo, y ella sí ha conseguido adaptarse a los nuevos tiempos y sigue, a pesar de los zombies (apodo para los seres humanos), queriendo disfrutar de los placeres de la vida. Es una película difusa en su composición narrativa, apostando por una estructura en la que no se atisba un conflicto que mueva a los personajes; en cierto momento aparece Mia Wasikowska para liarla, pero más allá de eso la narración se centra en los sentimientos y pensamientos de ellos dos, en su relación y su visión del mundo. Formalmente es deslumbrante, una de las cintas mejores dirigidas de Jarmusch, y personalmente la disfruté en todos y con todos los sentidos. Maravillosa. [★★★★]

Cambiando de tercio y de tono, me gustaría comentar la segunda película de Duncan Jones, Código Fuente (Source Code, 2011), que hizo después de la aclamada Moon y antes de la denostada Warcraft. Tenemos a Jake Gyllenhaal como protagonista de un thriller que consiste, básicamente, en un hombre que tiene que repetir la misma situación (un tren en el que va a explotar una bomba) una y otra vez hasta conseguir solucionarla. Esta especie de Día de la marmota intensita funciona cuando se centra en su planteamiento: resulta estimulante ver al personaje ir recolectando datos y solucionando, o no, la inminente tragedia. El problema está cuando la película se sale de ahí y quiere darle drama a lo que está sucediendo fuera de la propia misión, a veces siendo pesada, en las conversaciones con Vera Farmiga, y otras edulcorada e incoherente, como su horrible final. Sin embargo, y ayudada por una duración de hora y media, Código Fuente se defiende como un thriller competente e interesante en la mayor parte de su desarrollo. [★★★]

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No es que no hayamos hablado de Todos queremos algo (Everybody Wants Some!!, 2016), la nueva película de Richard Linklater, pues el compañero Daniblacksmoke le dedicó una crítica, pero encuentro este un buen lugar para, digamos, hacer una contra-crítica y dejar clara mi posición respecto a la juerga que se ha montado el director tejano. Lo primero es aclarar que no soy un gran entusiasta de Movida del 76; me gusta, pero con moderación. Por ello no estaba seguro de si Todos queremos algo iba a conectar conmigo, a sabiendas de que se vende, y se confirma, como una secuela espiritual de aquella, ahora con adolescente ochenteros que pertenecen a un equipo de béisbol y se disponen, birra en mano, a no malgastar ni un segundo del último fin de semana antes del inicio de las clases. Y bueno, ha creado un conflicto dentro de mí: por un lado me gusta, y bastante, y por el otro le encuentro tanto los mismos problemas que a Movida del 76 como otros nuevos. Empezando por lo bueno, es una película divertida, con algunos personajes memorables (el de Glen Powell, en parte por su interpretación, como uno de los máximos estandartes) y un buen uso de la música. Tiene escenas geniales, que, y aquí empiezo con lo malo, se encuentran en un mar en el que a veces se les lleva la marea de la irregularidad. Es una cinta que gana mi atención y la pierde en la siguiente secuencia, mareándome entre esos dos estados y haciéndome vomitar por la borda (figuradamente, no exageremos: es una buena película en su conjunto). Otra cosa que me ha descolocado es el regustillo machista que deja patente en algunos momentos; no tanto por la actitud de los chicos respecto a las mujeres, que es hasta “entendible” por la edad y por la época, sino porque la propia película las sitúa como apenas trofeos, sin desarrollar a ninguna de ellas; ¡qué demonios!, si ni siquiera la chica principal, que entra en la función terriblemente tarde, tiene un trasfondo en el que sumergirse. Problemas y malos vicios de una película que, eso sí, no me importaría volver a ver. [★★★]

Y con esto termino, que el ventilador de mi ordenador me está avisando de una más que posible explosión. A ver si al final voy a tener que llamar a Jake Gyllenhaal.

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