El mal que hacen los hombres | Moralidad en la inmoralidad

El cine español ha sido una industria algo menospreciada por el público local durante años. “El cine español es malo”, gritan algunos a los cuatro vientos. Es por eso que últimamente se ha intentado atraer a este público tan escéptico con propuestas atractivas de corte más internacional o “hollywoodiense”. Además, el cine es una industria que cada vez está más globalizada, de manera que algunos han decidido rodar en inglés para intentar maximizar las exportaciones a otros países. Dentro de este saco entraría El mal que hacen los hombres (The Evil That Men Do, 2016), un narcothriller rodado en inglés pese a contar en su mayoría con actores españoles.

En el cuarto filme de Ramon Térmens nos encontramos con un sicario y un médico, quienes se encargan de preparar paquetes (meter cabezas de gente en cajas y mandarlas por correo) para el patrón de un cartel de la droga. Los problemas empiezan cuando próximo paquete que reciben es una niña de 10 años, la hija secuestrada del jefe de una banda rival a la cual tendrán que custodiar hasta esperar órdenes, algo para lo que contarán con la supervisión de un familiar del mismísimo patrón.

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A partir de esta sencilla premisa, El mal que hacen los hombres inicia un intenso debate por boca de sus protagonistas sobre los límites del ser humano y la moralidad que puede llegar a existir dentro de un mundo lleno de muerte y crueldad como es el del narcotráfico en México. Este debate, que ocupa dos terceras partes de la película, sirve para ir desarrollando la psicología de los personajes y a su vez crea un interesante juego de trampas y dobles intenciones alrededor de la encrucijada a la que se ven sometidos todos estos jugadores: matar a la niña y vivir con la consciencia atormentada o traicionar al capo y dejarla marchar sabiendo que será lo último que hagan.

La tensión va aumentando durante toda la película hasta estallar en un clímax repleto de violencia explícita y sangre, algo que sumado a las limitadas localizaciones y el carácter cerrado de todo el filme no hace más que invitar al espectador a recordar la ópera prima de Tarantino, Reservoir dogs (íd, 1992), con la que comparte numerosos elementos. Por desgracia, Daniel Faraldo, autor del libreto y a su vez protagonista del filme, no tiene el talento en la escritura de Quentin y pese a tener estos puntos en común, el resultado es inferior en cuanto al argumento y las lineas de diálogo.

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Por suerte, Faraldo tiene, igual que Santiago, una especie de redención delante de las cámaras, ya que la interpretación de hace de este sicario es la que más destaca entre todas, aunque es cierto que todos cumplen. Sergio Peris-Mencheta convence dentro de la ambigüedad de su personaje y Andrew Tarbet está correcto como la consciencia del filme, mientras que la joven Priscilla Delgado (a la cual veremos en la próxima de Almodóvar) consigue transmitir el miedo de estar secuestrada además de ser adorable.

A nivel de dirección podríamos decir que también sale bien parada, ya que tanto el ritmo constante (sin irse por las ramas) que le imprime Térmens como la seca, agobiante y opresiva atmósfera creada con la ayuda del cinematógrafo Sergi Bartrolí ayudan mantener la incertidumbre del espectador durante los 94 minutos que dura este filme. A nivel técnico la película también cumple, con escenas sangrientas bastante logradas y una cuidada ambientación de la nave industrial acorde con las actividades realizadas en ella.

No es que sea ninguna maravilla, pero si lo que buscáis es un thriller ambientado en el narcotráfico mexicano que cuenta con un par de giros de guión correctos, mientras desparrama unos cuantos litros de sangre, mantiene la tensión gracias a una atmósfera bien construida y además se pasa volando entreteniéndote sin que tengas que mirar el reloj, seguramente El mal que hacen los hombres cumpla a la perfección con vuestras expectativas. [★★½]

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