El mundo sigue | El gran clásico español

Cuando los participantes del coloquio -actores, directores, productores y críticos- están sentados en el lugar que le corresponde a cada uno, es turno de Gemma Cuervo de tomar la palabra. Con los ojos ligeramente enrojecidos y una modesta sonrisa, la actriz agradece la presencia de los periodistas en la sala de proyecciones de la Academia de Cine, pero no puede evitar emocionarse y empezar a llorar. Es julio de 2015 y la película que acabamos de ver es El mundo sigue (íd.,1963), que ella misma protagonizó hace más de cincuenta años y cuya escena final también la incluye a ella llorando ante el trágico destino que le ha tocado vivir a su familia.

La historia de El mundo sigue es la historia de una joya perdida, de una película maldita y de un clásico de una enorme calidad. La película, una vez terminado el rodaje, nunca pudo tener el estreno que se merecía y terminó aislada, gracias a la censura de la época, las nulas ayudas y una promoción inexistente que más parecía sabotaje, a una doble sesión en los cines Buenos Aires de Bilbao, donde solamente algunos afortunados pudieron verla como se debía. Solo ahora, gracias a la iniciativa de Juan Estelrich -hijo de uno de los principales productores de la película-, y de la mano de la productora A Contracorriente, esta película podrá llegar a nuestros cines con un estreno digno y al que le seguirá una edición en blu-ray.

Con esta proyección y el posterior coloquio, la Academia de Cine ha dado un paso importante para rescatar a El mundo sigue. En esa mesa, además de Gemma Cuervo, se encontraban personajes y personalidades del cine nacional que, de una o de otra manera, estuvieron vinculados con la película o con el autor detrás de tan bello crimen: Fernando Fernán Gómez. Así, figuras como José Sacristán, Fernando Trueba y Antonio Resines (en calidad de presidente de la Academia), destacaron, emocionados, la gran voz moderna de un largometraje como El mundo sigue. Y yo, humildemente, mientras los escuchaba con atención no podía hacer otra cosa que aceptar, sentado en mi butaca, que, sin duda alguna, esta cinta de Fernán Gómez es la película española más importante que he visto y el clásico que el cine nacional se merece.

coloquio el mundo sigue

Pero hablemos de cosas concretas, empezando por admitir que, aunque no lo parezca, El mundo sigue es una película cruelmente moderna. Su historia se enmarca en los códigos de la crónica costumbrista para así dibujar un retrato de la vida familiar en el Madrid de los años sesenta, un retrato que desde el primer momento y en los primeros planos se compone de un hiperrealismo atronador y una miseria extremadamente dolorosa. En los primeros minutos de película conocemos a la madre abnegada, al padre autoritario, un hijo de grandes convicciones religiosas y dos hermanas que viven constantemente enfrentada la una con la otra, que, juntas, simbolizan los dos polos opuestos tan presentes en la España de la época, que aún recordaba, o mejor dicho aún vivía con las heridas de la guerra. Con esto, Fernán Gómez les pone rostro a los mayores dilemas morales de la época desde una perspectiva bastante avanzada para la época. Una época en la que la libertad, la dignidad y la igualdad eran principios que la dictadura había borrado del mapa.

Si bien esta es una película que discute, cuestiona y critica, el trasfondo moral y político de este largometraje (con la opresión de la mujer como un tema predominante, antes incluso de que se hable de feminismo en el espacio público, antes de que la palabra abandone quizá los círculos intelectuales de otros países europeos) no es lo único avanzado para sus tiempo. Fernán Gómez también supo utilizar de forma efectiva y con una sensibilidad enorme, los flashbacks, los monólogos internos y los puntos de vista múltiples. La calidad técnica de la película pasa por innovar con las técnicas narrativas, movimientos de cámara y un astuto uso del montaje; todo ello desemboca en el Madrid más palpable y realista del cine de ficción, en un Madrid que sufre, sale adelante, pero no deja de sangrar.

El mundo sigue es una película profundamente política y profundamente emotiva. El lugar que se merece, dice Trueba, es el de los clásicos más importantes de este país y no hay nada más cierto. Recuperar esta película es un acto de justicia, un acto de dignidad y hasta de reconstrucción de la memoria histórica. Fernando Fernán Gómez fue un cronista de visión única y atrevida, capaz de mirar a su realidad inmediata desde un lugar totalmente distinto para poder alzar su voz en contra de la España patética a la que le había tocado vivir en una total miseria moral. Y lo siento si solo sueno entusiasmado, pero esta es una película cuyo único error importante fue que no se estrenó cuando se debía ni como se  debía y eso está, al menos en parte, a punto de ser corregido. Y yo me alegro. [8,5]

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