El pregón | La p*ta de la cabra

Andreu Buenafuente y Berto Romero son uno de los dúos humorísticos más versátiles de la televisión. Desde que los dos hicieran equipo en el late night que presentara el primero en La Sexta, los dos juntos parecían ser (aunque cada vez con menos efectividad) sinónimo de éxito en la comedia. Hicieron del late night su formato por excelencia, hicieron de sus papeles (el presentador anticuado pero con experiencia y el colaborador joven y travieso) personajes que funcionaban. Y así cada vez que pasaban por la pantalla en aquella franja posterior a la medianoche, Berto se crecía y Buenafuente cumplía.

Es por eso que a Berto le dieron el programa cuando Andreu estuvo de vacaciones y es por eso que terminaron dándole un espacio para él solo (que desgraciadamente fracasó, pero gracias al que siempre nos quedarán canciones como ‘Dirección Prohibida’). El éxito los llevó a una fugaz —y acaso olvidable— participación en Spanish Movie (íd., 2009) y a que, poco a poco, Berto dejara de ser ese side kick carismático para emanciparse como un rostro que pisaba cada vez con más fuerza el escenario español de la comedia.

Y hay dos cosas de las que acabo de decir que son los principales problemas de El pregón (íd., 2016): Primero, Andreu y Berto (o Berto y Andreu a estas alturas) dominaban el formato televisivo del late night, donde sus personalidades humorísticas eran personajes que no dependían de un guión, sino de unos alter egos que episódicamente podían madurar, crecer, cambiar y sorprender. No estaban sujetos a una historia, ni necesitaban hacer exhibición de unas habilidades interpretativas sobresalientes. Y segundo, Berto Romero ha crecido tanto que su intervención en cine de humor reciente no es casualidad. De hecho, su dedicación por la comedia de sketches ya se podía ver plasmada en su destacable webserie Zombis. Mientras que Andreu, por más que lo intente, no es (un buen) actor.

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El pregón, dirigida por Dani de la Orden, cuenta la historia de los hermanos Osorio, otrora glorias de la música techno de los 90 gracias a su one hit wonder ‘Pool Party Time’, que ahora, muchos años después de haberse separado, deben reunirse para participar en el pregón de las fiestas del pueblo ficticio de Proverzo, en la que son tratados como auténticas celebridades, a pesar de que se enfrentan a tiempos aciagos. Interesados por el dinero (uno para financiar un nuevo disco y el otro para poder costear el aparato dental para su hijo), estos dos intentan limar sus diferencias con el fin de que ambos salgan beneficiados y finalmente tomar caminos opuestos una vez más.

Si esto fuera un sketch de una hora y media sobre Berto y Los Border Boys (aquella fantástica boyband que nos remite otra vez al late night) probablemente la ejecución habría sido más natural, se habría sabido qué parodiar y cómo hacerlo. Se habría tenido una idea sólida del tono que darle a la película y se habría dejado que Berto brillase en una interpretación que quizá habría sido más efectiva. Pero, claro, El pregón no es esto. El pregón es, en cambio, aburrida.

Lo es porque se toma en serio en momentos importantes (como la introducción del personaje de Buenafuente que pertenece más al drama social que a la comedia), porque Andreu no sabe actuar, porque cuántas veces nos vamos a reír del mismo chiste de veganos una y otra vez, porque el guión es irregular y predecible, porque hay que ver cuán poco elaboradas están ambas historias y lo poco que le interesa a la película si se resuelven o no los conflictos que ella misma plantea, porque Belén Cuesta sale poco, porque a Goyo Jiménez le pasa más de lo mismo, y especialmente porque no es consciente de que su humor dependía de la sorpresa, de la autoparodia y del carisma de sus protagonistas, por lo que no aprovecha ninguna de estas cosas y no arriesga por algo distinto. De esta película olvidable solo se salva la cabra. Y eso que ella no tenía late night. [★★]

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