El recuerdo de Marnie | La magia de Ghibli

No hace mucho —o al menos no lo parece— Studio Ghibli anunciaba que se iban a tomar un descanso indefinido. Si bien este descanso es merecido y es un estudio que nos ha dado muchas joyas de la animación a lo largo de los años, esta noticia fue un golpe algo duro para muchos (entre los que me incluyo). Sigo sin hacerme a la idea de no ver en, aparentemente, mucho tiempo un nuevo estreno de la mano de este equipo que siempre ha sabido como tocar mi fibra sensible. Además, han decidido ser buenos y, en lugar de despedirse y dejarnos simplemente esperando, nos dejan con una última película que, a más de uno, le llegará al corazón.

El recuerdo de Marnie (Omoide no Marnie, 2014) nos cuenta la historia de Anna, una chica adolescente que es la representación del estereotipo de joven sin amigos y con una gran dificultad a la hora de relacionarse. Ante este problema, su madre adoptiva decide que es buena idea que pase un tiempo en un pequeño pueblo donde, con el cambio de aires, espera que Anna sea más feliz (y de paso le ayude con el asma). Allí conocerá a Marnie, una extraña chica que le llamará la atención. Y con esta historia a priori tan sencilla y con un personaje protagonista típico de la animación japonesa se nos presenta una película que ofrece mucho más de lo que parece. El desarrollo psicológico de la propia Anna está bastante bien y sorprende, al menos para un filme de este tipo.

Al hablar de esta cinta solo se me viene a la cabeza una palabra: bonita. Sí, la película es bonita, preciosa en su totalidad, con unas escenas y una banda sonora (destacando la canción final) que comparten el mismo calificativo. Desde las escenas cotidianas en el pueblo hasta —y sobre todo— esas escenas que no llegas a saber plenamente hasta el final si son reales o son simples secuencias oníricas montadas por la propia Anna. Escenas con, además, una capacidad empática increíble que ayudan y consiguen que en todo momento conectes y entiendas al personaje. Esta obra del señor Hiromasa Yonebayashi logra emocionar con cada situación por la que su protagonista avanza: ya sean momentos tristes o felices, siempre son emotivos. Eres capaz de experimentar la alegría, la pérdida, la soledad… todo tal y como lo siente Anna; o al menos ese fue mi caso.

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La película es fácil de entender, es casi un paseo bastante tranquilo y guiado que tiene un comienzo y desarrollo embriagados por un tono triste y algo depresivo el cual acompaña a la película hasta prácticamente el final. Incluso hay un giro argumental por ahí que, si bien es bastante previsible, a mi parecer ayuda al conjunto a ser una historia mucho más entrañable y memorable y, de paso, este mismo giro cierra casi todos los interrogantes que se presentan a lo largo de la cinta. Supongo que esto es mérito de la novela (Cuando Marnie estuvo allí, de Joan G. Robinson) en la que se basa; me parece brillante este cierre para la historia.

Esta historia de Anna y Marnie, por otro lado, ha sido un caso extraño: aun siendo de Ghibli, no esperaba nada de la cinta y no me he llevado sino una muy grata sorpresa al encontrarme ante una película que me ha parecido tan completa, tan emotiva. Tan preciosa. Una película que, dentro de sus limitaciones, me parece genial y, sin llegar a ser de mis favoritas del estudio, sí que recomiendo altamente su visionado. Ya verán que no decepciona. Eso sí, aviso: es muy difícil verla sin que se escape alguna lagrimilla.  La misma que se me escapó al enterarme del adiós de Ghibli. Esperamos ansiosos vuestra vuelta. [★★★½]

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