El viaje de Arlo | Una sencilla y bella odisea

Este año es especial para el estudio de animación Pixar por dos motivos. El primero, han vuelto a fabricar un clásico instantaneo del cine de animación: Del revés (Inside Out, 2015). El segundo, por primera vez en sus dos décadas de existencia estrenan dos películas en un mismo año. Sin embargo, esta hazaña tiene truco, ya que la segunda película de Pixar este año estaba prevista para 2014 y por culpa de varios problemas se retrasó hasta este mes de noviembre. Os hablo de El viaje de Arlo (The Good Dinosaur, 2015).

Para hablar de El viaje de Arlo creo que es necesario empezar por todos los problemas que ha habido “detrás de las cámaras” (o detrás de los ordenadores). La primera versión del proyecto tenía el mismo punto de partida que la versión final, pero el desarollo de la trama era mucho más ambicioso y complejo y el primer director del proyecto, Bob Peterson, no supo como cerrar la historia. Lejos de abandonar el proyecto, Disney y Pixar siguieron confiando en esta premisa y retrasaron un año la fecha de estreno prevista. Para salvar el proyecto, los jefes decicieron que Peterson fuera sustituido por Peter Sohn en la silla del director y la película tomó un cambio de rumbo, modificando ligeramente los personajes —se pueden apreciar cambios en el diseño de los protagonistas—, el reparto de voces y simplificando la historia hasta llegar a un punto en que ésta pudiera funcionar.

El viaje de Arlo explica cómo hubiera sido la vida en el planeta Tierra si el meteorito que extinguió a los dinosaurios hubiese pasado de largo y éstos siguieran vivos. Especialmente se centra en uno de esos dinosaurios, llamado Arlo, un joven apatosaurio falto de valentía que vive en una granja con su familia. Tras un desafortunado accidente, Arlo acaba siendo arrastrado por el río lejos de casa y con la única e indeseada compañia de Spot, un niño humano que robaba comida a la familia del pequeño dinosaurio protagonista. Durante el viaje de retorno, Arlo deberá aprender a ser valiente y dejar a un lado sus diferencias con Spot para colaborar entre ellos si es que quieren sobrevivir al hostil mundo que les rodea.

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El proceso de simplificación parece haber sido muy efectivo, ya que si hay un adjetivo que describe perfectamente a la película ese es “sencilla”. La ambición que Pixar ha mostrado en otras de sus obras —y posiblemente quería introducir en la primera versión del film— deja paso a una historia algo más infantil de lo habitual y con elementos menos trascendentales que, además, peca de poco original al beber bastante de otros films de Disney como El rey león (The Lion King, 1994) o El libro de la selva (The Jungle Book, 1967). Sin embargo, todos estos contras argumentales no evitan que la película se pase volando, consiga ser divertida y que tenga tanto momentos con los que morir de amor como escenas que puedan llegar a sacar alguna que otra lagrimilla.

Pero donde de verdad destaca la película es en el apartado visual, confirmando a Pixar como el mejor estudio actual a nivel de calidad de animación. Son numerosos los paisajes por los que el dúo protagonista tiene que pasar en su viaje de vuelta a casa y gran cantidad de ellos contienen una gran belleza gracias al nivel de fotorrealismo que el estudio ha conseguido alcanzar a la hora de renderizarlos. La única pega que se puede encontrar —si somos algo tiquismiquis— es que el gran nivel de detalle que tienen estos ecosistemas naturales contrasta demasiado con el caricaturesco diseño de los seres vivos diseñados por ordenador.

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Y hablando de seres vivos, Arlo y Spot funcionan muy bien como protagonistas y son, con creces, los mejores personajes del film. La dinámica entre ambos es uno de los puntos fuertes y por suerte ocupa casi todo el metraje. Entre el dinosaurio y el humano se crea una relación simbiótica y emocional similar a la que suele haber actualmente entre humanos y perros —aunque con una asignación de papeles curiosa— que acaba resultando de lo más tierna. Por otro lado, poco se puede decir del abundante número de secundarios y villanos. Todos ellos tienen poco desarrollo, llegando algo simples en algunos casos, y su función es puramente auxiliar complementando a la extraña pareja.

Pese a no estar al nivel de los clásicos de Pixar, El viaje de Arlo sí que consigue ser una visualmente espléndida aventura con un adorable y tierno dúo protagonista que seguro hará las delicias de los más pequeños —y de algunos mayores— de la familia. Además, cuenta con las principales virtudes de las películas de animación de la compañía, ya que consigue ser entretenida, emotiva y divertida. Sin embargo, aquellos que busquen un punto extra como con otras pelis del estudio puede que no acaben totalmente satisfechos con la excesiva sencillez de la propuesta. Aún así, y perdonad que me repita, tan solo por el espectáculo visual ya merece la pena el visionado. [★★★]

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