Elle | El macabro juego de Michèle

Tras observar la filmografía del bueno de Paul Verhoeven, de lo que no se le puede acusar es de no atreverse con cualquier tipo de cine. Tanta variedad hay entre sus obras que en sus más de cuarenta años de carrera nos ha brindado relatos tan dispares como el de un policía medio humano medio robot, una investigación policial con femme fatale incluída, una guerra entre la humanidad y bichos gigantes, un drama bélico ambientado en la Segunda Guerra Mundial, Schwartzenegger en Marte o una historia de ascenso profesional dentro de un club de striptease. Y lo mejor es que buena parte de ellas son bastante notables o han recibido un cariño especial del público y/o crítica. Tras una década alejado de la gran pantalla, el loco holandés ha vuelto (esperemos que para quedarse) para dirigir un guión de David Birke que adapta la novela Oh… de Philippe Dijan en Elle (íd., 2016), cinta que no dejó indiferente en Cannes. Y con razón.

La película en cuestión nos introduce a Michèle Leblanc (Isabelle Huppert), una exitosa y exigente jefa de una compañía de videojuegos que es violada en su propia casa por un misterioso asaltante y, lejos de asustarse, lidia con las consecuencias de este brutal acto hasta el punto de adentrarse en un juego del gato y el ratón con el asaltante en busca de venganza. Al mismo tiempo, ella deberá intentar que este evento no afecte a su ya de por si intensa pero ordenada vida profesional y personal, a la que hay que añadir un pasado difícil que no para de volver para atormentarla.

Michèle es el punto central del filme, sí, pero la cinta está construida de forma muy coral al presentarnos y darle importancia a todo su ambiente cercano, compuesto por amigos, vecinos y familiares, con personajes que tienen entidad propia, evolucionan y cuyas tramas avanzan en todo momento. Estos personajes, además, funcionan a la perfección a la hora de ayudarnos a definir la personalidad de la protagonista a través de la relación y las interacciones que ella tiene con cada uno de ellos. Una personalidad, incluida dentro de un personaje femenino fuerte y independiente, que se define como irónica, extrovertida, juguetona, sensual y despiadada (o muy jodida) y que se construyó a partir de sucesos que de pequeña obligaron a nuestra protagonista a crecer con más resistencia psicológica de lo normal, lo que acaba creando una combinación explosiva que hace de Michèle una de las “bitches” más memorables y placenteras del cine reciente y, desde luego, uno de los mejores personajes del año.

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Esta personalidad, a su vez, sirve como una especie de reflejo de la película en sí: un thriller que coquetea con lo erótico, territorio sobradamente conocido por Verhoeven, a la vez que se establece como una perversión del drama (o dramedia) familiar típicamente francés, pero que sorprende (y mucho) cuando todo se acaba machacando para su mejor digestión a base de momentos cómicos con los que duele reírse por lo retorcido de su comedia. Y es que difícilmente encontraremos forma más irreverente y poderosa de tratar un asunto tan importante en nuestra sociedad actual como son las violaciones. Existe un género del cine del terror llamado “rape-and-revenge” al que se le pueden achacar virtudes de este filme en cuanto a intenciones, pero generalmente estas películas no tienen, ni por asomo, la fuerza psicológica que muestra Elle durante sus más de dos horas de metraje.

Y no es por quitarle mérito a Verhoeven, quien realiza una gran labor detrás de las cámaras y consigue acertar con el tono enfermizo a la par que ligero de la cinta, o a Birke, que llena los diálogos de dardos envenenados, pero Elle no sería tan buena ni tan cautivadora si no fuese por la magnífica interpretación que Isabelle Huppert hace de este diabólico caramelo de personaje que es Michèle. La actriz gala controla a la perfección todas y cada una de las reacciones y respuestas del personaje dentro de las macabras maniobras de la protagonista, mostrando contención, histeria o picardía justo cuando se necesita. El resto de intérpretes también funcionan, pero no consiguen ni siquiera acercarse a lo demostrado por Huppert, de quien estoy deseando que consiga meterse en la temporada de premios por la puerta grande.

Elle se establece como un regreso triunfal de Paul Verhoeven a la gran pantalla en forma de cinta cuya crueldad se convierte en disfrutable mientras ejerce contundentes y valientes puñaladas a la deplorable cultura de la violación. Una diversión oscura en el que Isabelle Huppert brilla con fuerza propia y demuestra que es de las mejores actrices en activo, disfrutando del papel que le trae el director neerlandés y elevando la calidad este drama con premisa de thriller ejecutado dentro del género familiar y que tiene como gran acierto el estar pasado por un filtro de humor negro bruto y retorcido. Un must-see de este otoño y que seguramente consiga colarse en muchos tops de lo mejor del año. [★★★★]

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