Fences | Teatro filmado

Todos los años aparecen posters que satirizan a las películas nominadas al mayor galardón de los Oscar, cambiando sus títulos por otros que, con humor, resumen (a veces mejor) la obra en cuestión. Son los honest trailers de los carteles, por decirlo de alguna manera. Saco esto a colación, además de por recomendar echarles un vistazo ya que hay algunos realmente ingeniosos, porque el de Fences (íd., 2016) la resume hasta unos niveles sonrojantes. Ese darse cuenta de que esta película está adaptando una obra de teatro es un arma de doble filo: por un lado tienes la parte positiva que implica el trabajar con un buen material original, pero por el otro se necesita a un director competente que haga algo más que coger las palabras primigéneas y grabarlo con una cámara. Por desgracia, Fences es esto último.

Enmarcado en el drama familiar y teniendo con figura central a un afriamericano de la clase trabajadora que sufrirá diferentes disputas con su mujer y sus descendientes, el principal problema de Fences es que tiene tanto respeto a la obra firmada por August Wilson que se olvida de que esto ya no es teatro, sino cine, y que hay que jugar con otros elementos en pos de no caer en la monotonía y la verborrea interminable en un mismo espacio. El propio dramaturgo Wilson, fallecido en 2005, es el que firma el guion, y de hecho resulta que es su única obra que él mismo adaptó a un formato cinematográfico, pero se nota a todas luces insuficiente en cuanto a la traslación a la pantalla. Tengo entendido que la obra teatral se desarrolla casi en su totalidad en el patio trasero de la casa, y aunque esta adaptación intenta cambiar más de escenario (utilizando las diferentes partes de la vivienda, e incluso transportándonos a espacios exteriores como un bar o un recorrido en la parte trasera de un camión de basura), nunca se consigue evitar la sensación de encorsamiento, ese tono teatral en el mal sentido de la palabra, esa sensación de que seguramente sería menos frustrante leerse directamente la obra de Wilson y no ver esta película.

Y no es el hecho de tener pocas localizaciones lo que hace que la cinta sea pesada de ver, pues existen cantidad de obras con escenarios escasos que poseen una calidad altísima, sino el poco aprovechamiento que el Denzel Washington director es capaz de darles. Aunque se intente mover más la acción, sigue habiendo buena parte de la obra que se sitúa en el patio trasero, y recuerdo un momento en el que, tras un buen rato de charla ininterrumpida (y muy dispersa, algo que imagino que funcionará mejor en el teatro, pero que en cine te da la sensación de que te están contando todo y narrando mediante la imagen más bien poco), el personaje de Washington agarraba, de nuevo, la silla donde repetidamente se sienta a lo largo de las excesivas y agónicas dos horas y veinte minutos que dura el filme. Me acuerdo de ese momento porque pensé: “¿En serio? ¿Otra vez se va a sentar?”. Era como una sensación de bucle, de que estaba viendo a actores haciendo de unos personajes y no convirtiéndose en ellos, de que el tono (muy) dramático se pasaba de intenso y llegaba a rozar el ridículo. El guion no funciona, y el realizador se limita a rodar todo de una manera plana y terriblemente sosa.

Con una puesta en escena tan vaga, con una traslacción de una obra que toca temas interesantes pero que se diluye en una narración pesada y en absoluto adaptada a los requirimientos y ritmos cinematográficos, con tantos elementos deficientes, al final lo que más se te queda en la memoria son las interpretaciones. Denzel Washington está bastante bien, es un actor con mucha presencia y se nota que venera esta obra y que adora la complejidad de un personaje que, sin embargo y sobre todo al final, te acaba pareciendo insoportable. La que más destaca es una Viola Davis que se podría calificar directamente como lo mejor del filme; tampoco me parece una intepretación extraordinaria y dentro de unos meses ni me acordaré de ella, pero es cierto que tiene un par de escenas (especialmente la que cuenta con gritos y mocos de por medio) en las que brilla de una forma absoluta y la encamina, de forma casi segura, a alzarse con el Oscar. En definitiva, creo que Fences se puede definir con una palabra que se ha venido repitiendo a medida que más gente la ha ido viendo, y esa es ladrillo. Difícil no acabar pidiendo la hora en esta interminable e indeseada visita al teatro filmado. [★★]

Comentarios