Gringo | Se busca vivo, muerto o entretenido

La comedia es uno de esos géneros donde más he notado la evolución del panorama comercial de Hollywood. Hace una década fácilmente podías encontrar comedias siendo número 1 en taquilla y entrando en los rankings anuales. Sin entrar en cuestiones de calidad, películas como La proposición (The Proposal, 2009) con $163M, Resacón en Las Vegas (The Hangover, 2009) con $277M, Sexo en Nueva York (Sex and the City, 2008) con $152M o De boda en boda (Wedding Crashers, 2005) con $209M fueron taquillazos en su año. Y si nos vamos a los 90 y los 80, la lista es eterna. Sin embargo, ahora mismo difícilmente una comedia pura superará los $100M, como ha sucedido solamente con Plan de chicas (Girls Trip, 2017) y Malas madres (Bad Moms, 2016) en estos dos años. Un espía y medio (Central Intelligence, 2016) recaudó más que esas dos, pero casi que se puede considerar una peli de acción y una muestra de la tendencia reciente a dejar de un lado premisas cómicas y apostar por introducir elementos cómicos en otros géneros, con las más recientes películas de Marvel como otro claro exponente. Todo esto viene porque Gringo: Se busca vivo o muerto (Gringo, 2018) ha fracasado en taquilla con un proyecto que en otra época hubiese tenido resultados bastante positivos.

Dirigida por el hermanísimo Nash Edgerton, Gringo se centra en Harold Soyinka, un encargado en una farmacéutica —que fabrica una píldora de marihuana— cuya vida se vuelve patas arriba numerosas veces durante un viaje de negocios a México, donde también se verá involucrado con un mercenario, una pareja de turistas y el cartel de la droga. Mientras, al otro lado de la frontera, sus jefes Richard y Elaine intentarán por todos los medios posibles solucionar el problema de Harold. No he querido desvelar demasiado de la trama porque, bajo mi parecer, es mejor ir descubriendo los infinitos giros de guion que va tomando durante su desarrollo. Porque esta comedia, como personalmente me ha sucedido con otras como Fiesta de empresa (Office Christmas Party, 2016) o Take Me (íd., 2017), funciona mejor por lo entretenida que es la historia y lo fácil de ver que es antes que por los gags o toques cómicos. Esto incluye las incursiones que hace en el cine criminal de forma sorprendentemente violenta y las poco espectaculares pero vistosas escenas de acción.

El otro punto de Gringo es el reparto. La presencia de David Oyelowo como protagonista es un punto positivo a favor de la normalización de intérpretes negros haciendo papeles en los que la raza es indiferente, además que deja entrever en el actor una faceta cómica inesperadamente solvente. Charlize Theron disfruta y brilla en su papel de femme fatale autoconsciente de los puntos flojos del sexo masculino, a la vez que Joel Edgerton interpreta al típico hombre blanco estúpido mujeriego y sin escrúpulos, o lo que viene a ser un empresario estándar. Por su parte, Harry Treadaway y Amanda Seyfried sobran en la película al tener una subtrama prescindible que solo hace que ocupar minutos y apenas influye a la narrativa central, mientras que Sharlto Copley se mantiene en su típico registro con un personaje pasado de vueltas al que da vida de forma mucho menos inspirada que otras ocasiones, como por ejemplo en la descacharrante Free Fire (íd., 2016).

No voy a negar que Gringo es una comedia criminal excesivamente básica y de la que poco se puede destacar, como habéis podido leer en esta crítica. No provoca muchas risas, pero tiene un reparto atractivo, la historia toma unos rumbos que mantienen la atención y es lo suficientemente agradable durante su visionado como para salir del cine con la sensación de haber pasado un buen rato —si no le das demasiadas vueltas y buscas profundidad a lo que sucede en la pantalla—. Vamos, lo que viene a ser un producto de evasión de usar y tirar bastante decente. [★★½]

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